En algún momento de la vida, todos hemos dicho alguna que otra vez una mentira, incluso algunos hemos adornado un relato para hacerlo más atractivo y que nos presten una mayor atención al ser escuchados. Ahora bien, cuando de políticos se trata, todo cambia. En las mentiras que incurren algunos políticos. es algo fuera de serie.

La costumbre en la República Dominicana es ofrecer y regalar cosas para conseguir votos.

Los que hemos formado parte del equipo de estrategias de campañas electorales, sabemos que se presentan tres etapas relevantes para las misiones encomendadas.

a- Informar de su programa político en forma de promesas.

b- Lograr que los líderes de los partidos políticos persuadan a los votantes para que les den su voto.

c-Movilizar al electorado para que apoyen una opción política.

Cumplir con estas etapas en base a mentiras es el día a día de los malos políticos, sobre todo en un país como este donde se está en campaña política todo el tiempo, con o sin elecciones.

Una conocida psicóloga Celinés Madera dice: "muchos dominicanos tienen cerebro de pollo y memoria selectiva. Por ello se les dice una cosa en la mañana y otra en la tarde y siguen creyendo en la misma persona que les mintió”.

La mayoría de las personas tienen memoria inmediata, o a corto plazo, en especial, cuando se trata de promesas, y todo lo que tenga que ver con la urgencia de resolver sus necesidades primarias.

Hay políticos que hablan según su pensar y actúan de forma coherente y no son mentirosos. Estos son menos.

Estudios muestran un rasgo de la responsabilidad donde se identifica que las personas que son responsables, honestas, éticas y fiables, que puntúan alto en responsabilidad, son menos propensas a decir mentiras a la ligera.

Hay otros quienes, si bien no están propiamente diagnosticados por especialistas de la conducta humana, la forma en la que mienten es bastante acorde con la patología  psicológica llamada ¡Mitomanía!

La mitomanía es un trastorno del comportamiento humano y la persona que lo padece es adicta a mentir, buscando con el engaño la aceptación de los demás.

Desmond Morris plantea: «Si quieres entender realmente un político, apaga el volumen de la televisión. Sus palabras son predecibles, ¿alguna vez sorprende lo que dice un político en su discurso verbal?» Sin embargo, podemos conocerle mejor observando, sin escucharle.

Los políticos que tienen personalidad extrovertida, tienen más oportunidad para mentir porque pasan mucho tiempo relacionados con grandes grupos de personas. Y las pequeñas mentiras en las que todos incurrimos pasan a ser la gran verdad en ellos.

Es un secreto a voces que los políticos necesitan una buena imagen, algunos la crean y la practican con tanta frecuencia que es muy probable que no se den cuenta de la cantidad de veces que están mintiendo. El ser mitómanos, (no diagnosticado), se convierte en parte importante de su personalidad.

El mitómano se identifica por ocho claves:

Es narcisista.

Baja autoestima.

Grandilocuencia.

Recurrencia en mentir.

Falta de objetivo.

Fantasía.

Altamente seductores.

Defensivos ante la confrontación.

La diferencia entre las mentiras de los mitómanos y las mentiras en que incurren los políticos, consiste en que el político sabe que está mintiendo y tiene un propósito, el mitómano, solo miente. Lo que usted puede estar seguro es que la diferencia entre uno y otro es imperceptible.

La mentira disminuye la confianza entre las personas, tal y como ocurre con la traición y la trampa, las cuales, normalmente se apoyan en ella. Y la traición y la trampa son dos de las cosas que más odia el ser humano.

Cuidemos del síndrome de Pinocho.

Merliz Rocio Lizardo Guzmán. Aprendiz de la conducta humana.