Tras una semana de pesadilla, las cavernas están de fiesta, aquí y acullá. Y tienen mucho que celebrar, empezando por los procesos electorales de los últimos días: los triunfos arrolladores de la derecha en las elecciones parlamentarias de Grecia y en las municipales y autonómicas de España; y el triunfo en Turquía del fundamentalista religioso Erdogan, el tirano que occidente no se atreve a enfrentar.

 

La prensa del imperio, empezando por el New York Times, reportó las elecciones turcas como si fueran buenas y válidas, con unos que otros abusos cometidos por Erdogan. De esa manera se pasa por alto que el líder más popular de oposición ha estado preso desde el 2016 acusado de promover disturbios contra el gobierno; que durante el régimen de Erdogan centenares de periodistas han sido encarcelados en una campaña sistemática de censura y terror contra los medios; que el presidente controla y manipula a su antojo los poderes judicial y legislativo, utilizándolos para darle un barniz dizque democrático a sus abusos de poder; que su control sobre los medios de comunicación le permitió monopolizar el tiempo dedicado a la reciente campaña electoral, negando a la oposición el acceso a los medios, etc. Y encima muchos analistas occidentales se admiran de que este hombre, que viola impunemente los derechos de las mujeres, la diversidad sexual y las minorías étnicas, haya logrado prevalecer a pesar de la grave crisis económica que atraviesa su país y el pobrísimo desempeño de su gobierno tras el terremoto de febrero.

 

España, mientras tanto, le sigue los pasos a Italia, eligiendo abrumadoramente a candidatos de partidos neofranquistas, tal como los italianos hace poco llevaron al gobierno a una simpatizante de Mussolini y a su partido abiertamente neofascista. En América Latina corremos el riesgo de dormirnos en los laureles de las recientes victorias de Lula, Petro y Boric, a pesar de las señales de preocupación que se atisban en el horizonte, empezando por la ineptitud política de Boric, que ha terminado entregándole el poder de escribir la nueva constitución chilena a un ultraderechista apologista de Pinochet. Y por ahí vienen las elecciones argentinas, donde Javier Milei, a quien el actual presidente califica de energúmeno, ya está liderando las encuestas. De todos los políticos ultra, ninguno es más terrorífico que Milei, que se propone privatizarlo todo, desde la educación primaria hasta los hospitales, y que está a favor de la venta libre de armas y de órganos, entre otras barbaridades. En su opinión, cada cual es dueño de su propio cuerpo, por lo que puede disponer de sus órganos como desee, lógica que por supuesto no aplica al derecho de las mujeres a interrumpir sus embarazos.

 

La semana de pesadilla también trajo la promulgación en Uganda de una nueva ley que criminaliza aún más la homosexualidad -que ya era severamente penalizada en el país- imponiendo cadena perpetua a quienes sostengan relaciones sexuales con personas del mismo sexo, así como la pena de muerte en casos de homosexualidad “agravada”. La ley también penaliza “la promoción de la homosexualidad”, una entidad mal definida que -al igual que en Rusia- puede significar cualquier cosa pero que va dirigida fundamentalmente a los defensores de derechos humanos y sus organizaciones.

 

Esta es sin duda la noticia que más place a los trogloditas del patio, dado el rol protagónico de las iglesias evangélicas estadounidenses en la promoción de estas políticas desquiciadas en gran parte de África. Tras más de una década de trabajo sistemático y la inversión de cuantiosos recursos económicos en el continente, las iglesias evangélicas estadounidenses -sobre todo las pentecostales- han logrado que se adopten sanciones severísimas contra las personas LGBT en un número creciente de países africanos, incluyendo Kenia, Ghana, Zambia, Burundi y otros. La caverna local, cada vez más identificada con el proyecto político de Leonel (ver el anuncio de ayer del PQDC) comparte exactamente la misma agenda de sus mecenas gringos, incluyendo el home schooling (educación en casa) que ahora promueve Wessin y que, por supuesto, también apoya Milei en Argentina.

 

El espacio de un artículo no alcanza para enumerar todos los horrores de esta semana horribilis, que también nos trajo el bombardeo de Moscú por drones ucranianos -seguramente bajo las ordenes de sus amos estadounidenses-, sin que en ningún país de occidente se organizara tan siquiera una marchita para protestar esta peligrosa escalada bélica contra una Rusia cada vez más acorralada, cuyo psicópata-en-jefe debe estar en estos momentos calculando por enésima vez la conveniencia o no de usar armas nucleares tácticas en Ucrania. Pero todo se vale cuando de perpetuar la hegemonía geopolítica estadounidense se trata, desde la recesión inducida en Alemania hasta el riesgo de destrucción nuclear global.

 

A un año de las elecciones, los dominicanos que nos sigamos entreteniendo con las redes sociales, los influencers y las groserías de Alofoke y no le prestemos atención a la catástrofe del sistema educativo, a la destrucción del medio ambiente ni a los demás problemas nacionales. Mientras haya jóvenes más preocupados por las redes sociales, los teteos y la farándula que por la política (en el sentido aristotélico de la palabra), más fácil le será al 1% seguir lavando oro y a los políticos seguir hablando mentiras. Bienvenidos a nuestro annus horribilis.