El 10 de octubre ha sido destinado por la Organización Mundial de la Salud OMS) como “Día Mundial de la Salud Mental”, con la finalidad de llamar la atención internacional sobre esta importante y postergada dimensión de la salud de las poblaciones y las personas. Con el lema del 2022: “Nuestro planeta, nuestra salud”, la OMS destacó la vinculación de la salud mental, y de la salud colectiva en general, con el acelerado deterioro ecológico del planeta y el mundo en crisis en que vivimos.

 

Ciertamente, asistimos a una galopante crisis ecológica, vinculada a la depredación de recursos naturales y la calidad ambiental. Coincide con una crisis económica, iniciada en el 2008, vinculada a manipulaciones y actividades irregulares en algunos de los principales bancos y servicios bursátiles en USA, que se contagió y se extendió al sistema financiero y bursátil a nivel internacional y aun no se vislumbra solución. Al mismo tiempo, crisis políticas que desembocan en conflictos bélicos, crisis de valores y de inestabilidad cultural, crisis de la institucionalidad y del derecho internacional que permitió poner orden en el mundo de la pos guerra mundial y luce debilitado e incapaz de propiciar relaciones armoniosas y equilibradas entre los países miembros.

 

Esta crisis estructural generalizada (Meszaros), o crisis orgánica (Gramsci) manifiesta, además, carencia de liderazgos creíbles, con capacidad y sentido profético que vislumbren mejor futuro para la humanidad, apunten a la solución de tales problemas y orienten hacia la paz y el progreso con equidad, más allá de intereses particulares inmediatos. La incertidumbre y la desesperanza avanzan ocupando espacios crecientes en la cotidianidad de la humanidad. En ese mundo en crisis, aun vivimos los efectos de la pandemia de la COVID 19, el confinamiento, alteraciones forzosas de las economías y la vida cotidiana familiares, además de duelo y temor.

 

Un estudio multicéntrico, en 10 países de América Latina (2021), encontró que la prevalencia ponderada de demencia en personas de 60 años y más, fue de 15.6 % y asociada a diversas dinámicas, sociales, económicas, y económicas, aunque no directamente a la epidemia. Un estudio en Colombia mostró que el 29% de los estudiados presentó evidencia de ansiedad y 35% de depresión, durante la pandemia.  Otro estudio que incluyó personas entre 18 y 24 años de Colombia, Argentina y Perú reportó que el 46,9% de los hombres y el 56,3% de las mujeres presentaron niveles altos de ansiedad, el 17% a nivel severo, y el 22% trastornos moderados de depresión. Un estudio en México y 4 países de América Central, encontró evidencias de que, en personas adultas mayores, el confinamiento incrementó trastornos emocionales e incluso cognitivos; y que la frecuencia y severidad de estas manifestaciones estaba asociada a la duración del mismo.

 

Los sistemas de servicios de salud, en general, no obstante, sus importantes esfuerzos, muestran limitaciones estructurales para prevenir y atender esta dramática necesidad de las poblaciones. Tradicionalmente, en nuestro país, la oferta de servicios de salud mental ha sido muy deficitaria y concentrada en la atención clínica y farmacológica de patologías predominantemente crónicas. Los servicios orientados a la producción y reproducción de la salud mental en ambientes familiares y comunitarios, así como al apoyo psicológico por las alteraciones emocionales en dichos ambientes han sido limitados y de reciente data. Más aun, la cobertura de las intervenciones preventivas, de apoyo emocional y de atenciones psicológicas y psiquiátricas por el Seguro Familiar de Salud, hasta ahora son muy limitadas.

 

En consecuencia, la mayoría de las familias han tenido que sobrellevar esta crisis, sin mayor información ni orientación, y menos aun apoyo psicológico, para lidiar con estos desafíos. Muchas veces sin apenas comprender lo que acontece en sus emociones y sentimientos; reforzándose así la sensación de desamparo, cuando no arrastrando al consumo de psicotrópicos, prescritos o auto medicados, con los correspondientes riesgos de deterioro y adicción.

 

Tomemos conciencia de la importancia de un manejo más integral y más vinculado a la vida cotidiana de nuestra ciudadanía, sus familias y comunidades y fortalezcamos las coberturas del Sistema Dominicano de seguridad Social y del Sistema Nacional de Salud (público y privado).

 

El actual contexto, cuando dialogamos para identificar reformas y mejoras en el Sistema nacional de Salud y el Sistema Dominicano de Seguridad Social, y trabajamos  por un nuevo Plan Decenal de Salud hasta el 2030, parecería buena coyuntura para desarrollar mejores respuestas a las necesidades y problemas de salud mental de la población, más allá de la deficiente atención de la demanda espontánea.