I
¿Qué difícil se hace disfrutar de la vida si andamos tan de prisa? Tan de prisa que las cosas pasan como bultos sin darnos cuenta de qué se trata. Todo se hace sombras, reflejo apenas de un sueño confuso. Caminamos y caminamos sin rumbo pues el rumbo hace tiempo lo perdimos. Quizás hace falta girar en ciento ochenta y volver sobre los pasos andados, pero ¿ya es tarde? No sé. Ya pasaron muchos años, los suficientes como para que volver se haga no solo difícil como incluso posible. Seguir adelante parece mejor opción. Eso sí, aguzando los sentidos sabios para ver lo que antes se hizo imposible. Continuar senderos inconclusos tropezando con cosas nuevas que viejas se hacen pronto. Es tan efímera la vida como las cosas que apenas nacen y ya te están velando en capilla ardiente. ¿Por qué la prisa si la quietud es tan hermosa? Tan queda y amable que nos deja vivirla.
Pero, todo se repite. Los buenos no aparecen y los malos siguen siéndolos. Solo que las sonrisas cambian, pero siguen siendo los mismos. La ignorancia de todos es su mejor predilección, pues así nos quieren, ignorantes. Nos ofrecen tantos embustes que terminamos creyéndolas como verdades absolutas. Nos idiotizamos y de esa manera perdemos el sentido y la memoria de la vida y la historia, pues todo sigue siendo igual, no cambia, son los mismos, aunque siglas vienen y siglas van.
Quizás entonces habrá que buscar por otro lado, por otros horizontes que no se vislumbran aún.
II
Muy a pesar de tantas “redes sociales” hoy estamos más solos y sordos que nunca. Quizás sea solo eso, una época de redes para que cada día estemos más lejos uno del otro o la una de la otra para evitar exclusión. ¿De qué nos han servido tantas teorías científicas acerca de lo humano si cada vez nos entendemos menos? Es más, hasta preferimos asumir la diversidad lingüística y de esa manera fastidiarnos más los unos a los otros. Si en una solo lengua parecía que no se entendía, ¿cómo será ahora? ¿Alguien tendría alguna idea de cómo entender eso? Todo luce que estamos entrando en una época de sordera selectiva a fin de fastidiarnos más las cosas.
III
Los más entrados en edad recordarán aquella película de principios de los sesenta “El mundo está loco, loco, loco, loco” dirigida por Stanley Kramer en que el afán de alcanzar un supuesto botín los lleva a la pérdida progresiva de la cordura, haciéndose daños unos a otros con tal de ser el primero o el único. La hilaridad llega a ser patética. Quizás de eso se trata, de perder la cordura y así echar a un lado lo que nos permitió sobrevivir como especie por cientos y miles de años.
De la misma manera, cómo no recordar aquel tango de Enrique Santos Discépolo, conocido como el poeta del tango, “Cambalache, y que de alguna manera nos retrata casi de cuerpo entero. Fueron muchas las ocasiones en que escuché ese tango en la voz de Carlos Gardel, El Zorzal Criollo, como le llamaban. Mi padre era gardelista por opción.
Que el mundo fue y será una porquería Ya lo sé ¡En el quinientos diez Y en el dos mil también! Que siempre ha habido chorros Maquiavelos y estafaos Contentos y amargaos Valores y dublé Pero que el siglo veinte Es un despliegue De maldá insolente Ya, no hay quien lo niegue Vivimos revolcaos En un merengue. En el mismo lodo ¡Hoy resulta que es lo mismo |
¡Qué falta de respeto, qué atropello A la razón! ¡Cualquiera es un señor! ¡Cualquiera es un ladrón! Mezclao con Toscanini, va Scarface y Napoleón Yatasto y la Mignon Carnera y San Martín Igual que en la vidriera irrespetuosa De los cambalaches Se ha mezclao la vida Y herida por un sable sin remaches Ves llorar la Biblia Junto a un calefón ¡Siglo veinte, cambalache |
Siglo XX y XXI que con toda la IA vivimos inmerso en la sinrazón, en los egos inflados de tantos yos y ausencias de nos. En lo que sí todos estamos de acuerdo es que el otro está equivocado pues la verdad solo está en mí. Tal vez deberíamos llamarlo el Siglo de la Estupidez.
Quizás nos haga falta detenernos o por lo menos disminuir la marcha y mirarnos preguntándonos, ¿hacia donde vamos? ¿Qué es lo que buscamos? Y si somos capaces de dejar un tanto al lado a nuestros egos, quizás entonces encontraremos el mejor camino y la mejor manera de andarlo.