Quiero ir a Pedernales, dice la entrevistada. No será necesario tomar un vuelo para llegar al lugar en un día soleado. “Debo prepararme pero te cuento que mi viaje a Dubái fue misterioso”. “No creo que será lo mismo si voy al sur profundo”. “Para contarte tengo amigas en Santo Domingo que me pueden acompañar y ya tenemos fijado varios viajes a otras zonas del mundo: nos hemos dedicado a viajar, en cierto sentido”.

En los últimos diez años, los viajes a Pedernales están a la orden del día. Hay tours que se organizan como si fueran al final del mundo, y en cierto sentido lo es. Imaginamos que más allá, en la zona más al Sur, esta Haití con toda su retahíla de desventuras. “¿Por qué no cruzar a la vecina nación para darles una mano?”, me dice mi acompañante.

Como te muestran las fotos, es cierto que la playa es paradisíaca. Cualquiera pagaría por estar allí, aunque sean dos horas. Los hoteles que se van a construir están a todo dar: ya se han hecho los planes. Alguien dijo: construyan desde cero y metan grandes edificaciones. Otros dicen: lo que me interesa es la playa. Me dice: “¿tú te acuerdas el show que se armó con los papeles de una tierra hace años?”

Le digo: todo lo que necesitas es una noche en Pedernales, para seguir con la historia de Dubái, la canción “que se tira” cuando llegas y te animan a subir a un camello. La marina de Dubái, que tiene muchas luces, es apoteósica. Tenemos que tener nuestro Bhur Kalhifa, eso es cierto.

Me dice: “yo fui a Dubái”. “La ciudad es excelente”. “Espero que como tú dices, sea una ciudad en miniatura lo que se haga”. “Esperamos eso”.

“La foto mía con el camello es histórica”: “la mandé a colocar en un lugar de mi casa en Maine”. “Ir a Dubái fue toda una inversión”.

“Yo te digo que tantas expectativas, rompen el forro, me dice alguien”. “De lo que se trata es de conocerlo, por eso estoy anotado para una excursión a Pedernales, así lo veré todo con mis propios ojos”.

La canción es esencial: una noche exótica, repleta de jeques. La intención es que los dominicanos puedan ir a Pedernales, un nombre fácilmente mercadeable en playas extranjeras. Solo hay que poner en la televisión internacional el nombre y las playas, y tendremos un montón de turistas que vendrán de manera única en pocos meses.

“Más turistas para el país, unas excelentes noticias: el turismo es esencial a nuestra economía”. “El PBI, esa información mágica que usamos a diario, se disparará en pocos meses”. “Todo rosado”, me dice alguien. “Una historia idílica”, me dice otro. “Pero lo cierto es que la belleza de aquel lugar, lo vale”. “Lo sabe todo el mundo”, dice.

“Cuando fui a Dubái, continua ella, me pareció todo fenomenal, no solo los camellos”. “La cena en la Marina me hizo sentir en otra parte del mundo”.

Al cabo de unos años, Pedernales será nuestro lugar de encuentro. Cientos de dominicanos serán los primeros en hospedarse en los grandes hoteles.

Mi amiga que vende por Whatsapp estos hoteles, tiene claro lo que va a hacer: ahorrará, o tomará de sus ahorros para que nadie le cuente. Ella estará en las primeras que irán al lugar y se dejarán fotografiar para la posteridad.

“Pedernales, que nombre tan bonito”, me dice una española. El tema no se agota y puede estar repleto de números: turistas proyectados y locaciones construidas. La canción hace su efecto: all we need is a night in Pedernales.

“No te diré la friolera de lo que gastamos en Dubái…mi esposo no quiere que se diga”. “Así es el de metódico”. “Sin embargo, luego de tal gasto, a mí me interesa que muchos lo sepan, no sé por qué”. “No creo que Pedernales, ese Pedernales que me describes, sea tan chulo como ese lugar distante construido con miles de millones”. “Pero sí, iremos”.

“No nos detenemos en un sitio: queremos viajarlo todo”. “No nos hemos sacado la Loto, es cierto, pero ahora uno se planifica”. “Tengo una amiga que lo tiene claro: lo pide fiado todo”. La pregunta que cae es esta: ¿quién fía a un viaje de este tipo?

Le pregunto cuánto fue lo que costó el viaje a Dubái, y les agrego si irán este año a la copa del Mundo de Catar. Me dicen que no. Al cabo de un rato, destapan una bebida y dicen que Santo Domingo está precioso con este sol. Tienen razón: Santo Domingo, al menos en eso, puede parecerse a Punta Cana. Es cierto: solo tenemos que mirar los numeritos de los informes del Banco Central y de la Secretaría de Turismo para ver el valor de este sol intenso que parece quemar las calles de ésta, la isla que más amó Colón, según dicen.