La conmemoración de la Fundación de la República Dominicana de modo incuestionable es el 27 de Febrero, hace 179 años en 1844. Lo que se ha manejado de modo ambiguo es el lugar donde se dirigieron los febreristas (trinitarios y afrancesados), en la ciudad amurallada la histórica noche cuando partieron de la Puerta de la Misericordia o Puerta Grande. ¿Se encaminaron a la Puerta del Conde o al Baluarte del Conde? Aunque se trata de unidades contiguas son diferentes.

 

En el pasado el tema de la muralla de la ciudad y sus recintos concitó diversas polémicas, la principal entre dos magníficos historiadores, Leonidas García Lluberes, hijo de José Gabriel García el historiador nacional, y fray Cipriano de Utrera, español de nacimiento, dominicano de corazón.

 

El historiador Luis E. Alemar resaltó estaba comprobado el iniciador de la construcción de la muralla y los fuertes que cercaron la ciudad de Santo Domingo fue Alonso de Fuenmayor, presidente de la Real Audiencia de la colonia criolla, cuyo mandato se extendió en el lapso de 1533 a 1544. Fuenmayor no logró terminar las obras, estas se iniciaron en 1542, dejó concluidas las puertas Grande o de La Misericordia, San Diego y la Atarazana, estas dos últimas en el puerto de la ciudad. (Luis E. Alemar. La Puerta de El Conde.  Segunda edición. Editorial El Diario. Santiago, 1944. pp. 13-14).

 

Los demás ejecutivos hispanos continuaron la construcción. La Misericordia o Puerta Grande ubicada frente a la Sabana del Rey luego Ciudad Nueva, también le decían Puerta de la Sabana. Otro nombre era el Torreón de la Sabana o La Misericordia.   Hacia el norte de la muralla se construyó un bastión con fosos llamado de San Genaro, allí había una puerta que no estaba en uso y se conocía como la puerta cerrada.

 

Entretanto fray Cipriano de Utrera consideraba que para 1569  no se había acabado de cercar la ciudad, admitiendo que Fuenmayor  promovió el levantamiento de la muralla y tres puertas principales a cargo del maestro de obras Rodrigo de Liendo. (Fray Cipriano de Utrera. Santo Domingo: Dilucidaciones históricas I – II.  Secretaría de Estado de Educación. Santo Domingo, 1995. p. 145).

 

Todavía en el siglo siguiente se desarrollaban los ajetreos para terminar de amurallar la ciudad. El tristemente célebre gobernador Antonio de Osorio, le participaba al rey en comunicación del 10 de enero de 1608 que faltaba de todo, recomendaba derribar la muralla vieja para construir una desde donde podría defenderse la ciudad con menor cantidad de soldados. Planteaba aprovechar el material de la vieja muralla para la nueva. Recomendaba comprar 50 negros para producir cal en tres hornos (se hacía una argamasa o mezcla que servía de cemento con arena, cal y agua) como en Cuba y Puerto Rico, también se necesitaría un maestro con experiencia en fortificaciones y media docena de canteros o especialistas en construir con grandes piedras, además solicitaba recursos para esas labores. (Reales cédulas y correspondencia de gobernadores de Santo Domingo. De la regencia del cardenal Cisneros en adelante.  J. Marino Incháustegui, editor. Colección histórico-documental trujilloniana. Madrid, 1958. T. III pp. 869-870).

 

Se estima la construcción se extendió por 88 años solo para terminar las cortinas o murallas, aspecto que concluyó el 16 de febrero de 1631. Los fortines que la protegían no todos estaban listos. (José Ramón Báez López-Penha.  Por qué Santo Domingo es así.  Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Inc. Santo Domingo, 1992. p. 81)

 

Francisco Facundo y Carvajal, escribano de la provincia durante 1655 cuando se produjo el intento de asalto de la ciudad de Santo Domingo por las tropas inglesas de Penn y Venables, escribió un memorial informando la defensa de la localidad se realizó de manera primordial en el castillo de San Jerónimo (estaba ubicado en el Malecón próximo a la UASD) y los fuertes del matadero, puerta grande y de la muralla. Se confundía la Puerta Grande, con la Puerta del Conde, que en realidad se denominaba la puerta cerrada porque no estaba en uso. (Leonidas García Lluberes. Crítica Histórica.  Academia Dominicana de la Historia. Santo Domingo, 1995. pp. 44-45).

 

Leonidas García Lluberes acentuaba en la Puerta de la Misericordia desde sus dos parapetos o muros de piedra que servían de trincheras en su parte superior, la garita de tres ventanillas y las pequeñas puertas auxiliares al lado del portón, que le otorgaban el concepto de reducto para la defensa, fueron utilizados en los combates contra los ingleses, descartando que la puerta cerrada (luego del Conde) fuera de utilidad en esos instantes. (Leonidas García Lluberes. Ripios históricos. Clío.  Núm. 117.  Academia Dominicana de la Historia.  Santo Domingo, (C. T.), julio-diciembre 1960. pp. 184-186). Luis Alemar tras ponderar las diferentes versiones, estableció sobre el asunto:

“Para 1656, está probado pues, existía el fuerte de El Conde, así como la tan controvertida Puerta del Conde, que si es verdad estaba cerrada para 1655, fue abierta después y fortificada por el Conde de Peñalba, pues como tal (Baluarte), aparece citado en documento de 1656, como edificado” (Luis E. Alemar. Obra citada. pp. 16-17).

 

El llamado Bastión de San Genaro próximo a la puerta cerrada tenía fosos y rastrillos para la guarda de las armas. Alemar señaló la existencia de un plano remitido por el conde de Peñalba al rey el 3 de abril de 1655, diciendo: “Puerta que se llamaba cerrada y hoy se llama del Conde, mandada abrir por Sa. con un  lindo baluarte, para su defensa”. (Luis E. Alemar. Obra citada. p. 40). Emilio Rodríguez Demorizi, trece años después de las afirmaciones de Alemar, publicaba el plano que éste tomó como referencia, en el se describen la muralla y fortificaciones en el estado que la encontró Peñalba al llegar a la ciudad: “Puerta grande, puerta cerrada, puerta de Lemba, Punta de la muralla, barra río de S. Domingo”. (Emilio Rodríguez Demorizi. Invasión inglesa de 1655.  Editora Montalvo. Santo Domingo, (C. T.) 1957. p. 21).

 

Previo a la publicación del plano, Rodríguez Demorizi lo presentó en 1934 a fray Cipriano de Utrera y  este se convenció de la existencia de la puerta cerrada, como lo manifestó en artículo publicado originalmente en 1934:

“Comparados los planos entre sí, resulta de este cotejo que antes del Gobierno del Conde de Peñalba existía la puerta que llamamos Puerta del Conde, pero que estaba cerrada; y que durante el Gobierno del Conde, este mandó abrirla de nuevo, por lo que el pueblo denominó de allí adelante a dicha puerta del Conde”. Fray Cipriano de Utrera. La Puerta del Conde. Clío.  Núm. 117.  Academia Dominicana de la Historia.  Santo Domingo, (C. T.), julio-diciembre 1960. p. 215).

 

Lo real es que la puerta existía, pero carecía de importancia y estaba cerrada, tras la victoria contra Penn y Venables, el Conde de Peñalba (Bernardino de Meneses Bracamonte y Zapata) ordenó reconstruirla y abrirla en homenaje a la victoria contra los ingleses. A partir de entonces el pueblo empezó a denominarla Puerta del Conde, haciendo extensivo el nombre a la calle que salía desde la puerta y al baluarte, antiguo bastión de San Genaro, que tenía además un pequeño cuartel con dos caseta a los lados de la muralla. Alemar destacó sobre el particular:

“Las dos casetas que ahora la piqueta del progreso ha demolido, no eran obra del tiempo de la dominación haitiana, como la generalidad creía y se venía repitiendo. Esas piezas bajas, fueron edificadas antes del año 1785, según figura en algunos planos antiguos de la Ciudad y sus fortificaciones, como por ejemplo, en el Plano trazado por Tomás López, Geógrafo de los dominios de S. M. en 1785 y por el cual puede comprobarse la existencia para esa fecha de las mencionadas piezas”.  (Luis E. Alemar. Obra citada. p. 19).

En la foto se observan las casetas  a los lados del Baluarte y campesinos entrando a la ciudad amurallada por la Puerta del Conde a vender sus productos. Fuente: Antiguas tarjetas postales dominicanas de la colección de Miguel de Mena.  Bernardo Vega, editor.  Academia Dominicana de la Historia. Santo Domingo, 2014.

 

En las diferentes remodelaciones por problemas de “estética” se ha obviado retomar las casetas, que en realidad son parte de la historia del Baluarte. Durante el mandato del general Abelardo Nanita, como presidente del Ayuntamiento de la ciudad en 1891, se remodeló el área. Fue colocada en el frontispicio o frente la inscripción en latín «Dulce et decorum est pro patria mori» (Dulce y decoroso es morir por la patria). Las letras estaban pintadas en color negro y en 1910 fueron reemplazadas por letras de bronce fabricadas en Alemania.  También se ordenó el desalojo de las casetas que estaban a ambos lados del baluarte, ocupadas por personas que las tenían abandonadas, fueron reparadas y de acuerdo a la versión de Alemar:

[…] estableciéndose en una de ellas la Escuela  “TRINITARIA”, de enseñanza primaria, bajo la dirección del Profesor Federico Velásquez y Hernández, quien después llegó en la política alcanzar la Vice-presidencia de la República, y en la otra, una Estación de la Policía Municipal. Ambas cosas fueron inauguradas, con festejos el 26 de Febrero de 1891, a las 3 de la tarde”.  (Luis E. Alemar. Obra citada. pp. 20-21).

 

Federico Velázquez llegó a ser uno de los más importantes líderes políticos de la época, murió en el exilio durante la tiranía de Trujillo.

 

En 1883 la edificación pasó a denominarse Baluarte 27 de Febrero, mediante decreto del Poder Ejecutivo, la población continuó llamándolo Baluarte del Conde, y para el Centenario de la República en 1944, el lugar fue convertido en Altar de la Patria, recuperando su antiguo nombre de Baluarte del Conde, de igual modo la calle Del Conde, que había sido reemplazada con el nombre de Separación.

 

El Congreso ordenó en 1891 prohibir el paso de los vehículos (carretas, coches, etc.) por la Puerta del Conde. Con la campana se avisaban las horas del día. Las puertas de caoba fueron guardadas en principio en el Palacio Municipal, luego trasladadas al Museo Nacional. En el Gobierno de Juan Bautista Vicini, se le hicieron mejoras al Baluarte.

 

Pese a las modificaciones que ha recibido el Baluarte del Conde, debe quedar claro que en la noche del 27 de Febrero de 1844, los febrerista reunidos en la Puerta de la Misericordia o Puerta Grande, tras un disparo con un fusil corto (trabuco) realizado por Mella, ascendieron por la calle Palo Hincado, para llegar al Baluarte del Conde, pequeño cuartel custodiado por soldados dominicanos.

 

El sargento de servicio Juan Gross al ver el  grupo de separatistas que llegó de sorpresa intentó enfrentarlos, el teniente Martin Girón, jefe de servicio, lo impidió, estaba comprometido con el movimiento y procedió a entregarle el Baluarte a los insurgentes. Se abrió la Puerta del Conde y llegaron los primeros refuerzos provenientes de San Carlos al mando de Eduardo Abreu, también arribaron rebeldes desde Pajarito (Villa Duarte), los dominicanos se atrincheraron en el Baluarte del Conde y el fuerte de La Concepción (próximo al actual cuartel de Bomberos).  Se presentó al lugar una patrulla de las tropas haitianas destacadas en la fortaleza de La Fuerza (Ozama), al mando del teniente Deo Hérard a averiguar que ocurría y le hicieron tiros de advertencia, informándole que al día siguiente le informarían lo que estaba ocurriendo. (Ramón Alonso Ravelo. Apuntes para la historia. Boletín del Archivo General de la Nación.  Santo Domingo (C. T.), 1949. Núm. 62. p. 252.  Casimiro N. de Moya. Bosquejo histórico del descubrimiento y conquista de la isla de Santo Domingo y narración de los principales sucesos ocurridos en la Parte Española de ella desde la sumisión de su último cacique hasta nuestros días.  Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Inc. Santo Domingo, 1987. T. II pp. 149-151. José Gabriel García. Compendio de Historia de Santo Domingo.  Publicaciones Ahora. Santo Domingo, 1968. p. 220).

 

De este modo audaz y heroico nacía la República Dominicana, ocupando como comando central no solo la Puerta  del Conde, sino el Baluarte del mismo nombre.