Precisiones

Por la Extinción de Dominio de la privatización de la salud

Han conformado grandes corporaciones empresariales denominadas ARS. Estas entidades han devastado a los pacientes, que han perdido hasta sus derechos sociales, pasando a llamarse usuarios o clientes, y sus enfermedades se clasifican como productos comerciales económicos o catastróficos.

Por Santiago Castro Ventura

La mentada Extinción de Dominio es una expresión jurídico-política muy en boga que ojalá no se convierta en «buchipluma no más». En el sector salud, las autoridades, siguiendo una tradicional usanza, reiteran su interés de resolver los problemas de salud de la población dominicana. Esperamos que esto no sea como siempre sucede con todos los gobiernos: lo repiten y vuelven y lo machacan y todo queda en un círculo vicioso. Aquí se impone una verdadera Extinción de Dominio del comercio de la salud que se ha impuesto a través de la seudo seguridad social, cuyo propósito esencial es desarrollar el aspecto comercial de la medicina, que ha devenido en un inmenso tesoro para los que han conformado grandes corporaciones empresariales denominadas ARS.

Estas entidades han devastado a los pacientes, que han perdido hasta sus derechos sociales pasando a llamarse usuarios o clientes, y sus enfermedades se clasifican como productos comerciales económicos o catastróficos. La embestida se ha extendido a los médicos pretendiendo convertirlos en siervos de la gleba empresarial y a las clínicas sometidas a un vasallaje intermedio estratégicamente condenadas a desaparecer en su condición de instituciones sanitarias independientes, como recién acaba de ocurrir con el emblemático Centro Médico Dominicano.

Las ARS imponen al personal sanitario y las clínicas todo el poder económico que han acumulado bajo la malhadada ley de seguridad social, que les ha permitido establecer las principales reglas de terreno en el área. Aspecto que ha devenido en un ente poderoso para este sector, que de un día para otro se han convertido en multimillonarios. Tanto el Colegio Médico como la Andeclip deben mantenerse en estado de alerta ante el efecto depredador contra el sector salud de estas entidades puramente comerciales.

Bajo el eufemismo de alianza público privada se inserta otra fase que persigue privatizar de manera definitiva los hospitales públicos.

El otrora hospital Salvador B. Gautier, calificado antes de la malhadada seguridad social como el mejor hospital criollo dotado de los más modernos equipos, con especialidades y residencias en todas las áreas de la medicina, ha pasado a ser la cenicienta del sector sanitario, prácticamente abandonado con un exiguo presupuesto. Todo con el propósito de sepultarlo de manera definitiva.

A este hospital no le perdonan que, bajo la tutela del desaparecido Instituto Dominicano de Seguro Social (IDSS), todo obrero y sus familiares que llegaban al centro, y no tenían que pasar por el cedazo de enfermedad económica o catastrófica, de inmediato recibía la atención necesaria, sin facturaciones como si fuera un cliente.

Al suscrito le consta este concepto; nos desempeñamos por muchos años como médico del IDSS en el hospital de Batey Verde en Sabana Grande de Boya (hoy cerrado) y recordamos cómo se facilitaba el proceso de recuperación de pacientes graves referidos al Gautier por la complejidad de sus cuadros clínicos.

Hoy lo que prevalece es la facturación de la enfermedad, para ver lo que cubre el seguro y lo que debe pagar el paciente, si por suerte su enfermedad no es catastrófica. Como si los pacientes eligieran sus enfermedades.

Dentro de la línea privatizadora, el histórico hospital Padre Billini -con una pérfida prolongación por muchos años de su reparación-, hoy que han finalizado los trabajos con fondos del Estado se planteaba su privatización a través de un patronato desvinculado del sector salud, pero ubicados como expertos en gerencia.

Este es el único hospital que ofrece servicio a la población pobre y de clase media de la zona intramuros, en barrios tradicionales como San Carlos, Villa Francisca, Borojol, La Ciénaga, La Fuente, San Lázaro, San Miguel, San Antón, Santa Bárbara, Ciudad Nueva y Zona Colonial.

Los habitantes de estas áreas tienen derecho a la asistencia pública que han recibido en el hospital Padre Billini (el suscrito residente en esta zona, hijo de obreros -nací en la antigua maternidad de ese centro-). Con razón moradores del área junto al Colegio Médico Dominicano y con el liderazgo local de Alma Bobadilla, neumóloga del hospital, han desarrollado una jornada de lucha contra la privatización del único centro de salud estatal de la Zona Intramuros.

Por suerte las autoridades se han sensibilizado y el patronato ha sido modificado con la inclusión de ciudadanos vinculados a la Zona Intramuros y el hospital, como el héroe nacional Fafa Taveras a quien los jóvenes de la zona durante la Guerra de Abril lo observamos defendiendo la soberanía nacional y siempre ha mantenido una actitud de defensa de los intereses del pueblo. De igual modo han sido integrados el cirujano Darío de los Santos y el anestesiólogo Miguel Coste, hechura del hospital al que han dedicado más de tres décadas de su sano ejercicio profesional. Enhorabuena.

Otro aspecto capital es el reclamo fundamental que ha asumido el Colegio Médico en torno a llamar a concursos centenares de plazas médicas congeladas, desde las oleadas de retiro de miles de médicos por antigüedad. Hasta este momento, el Colegio Médico se había entretenido con aumenticos salariales esporádicos, obviando la alta cantidad de plazas congeladas, que hoy por fin se reclama se llame a concurso y con ello se descongestionen los hospitales porque el exiguo personal no puede atender la cada vez más abundante asistencia de pacientes a los servicios sociales hospitalarios también regidos por la comercialización de la salud, pero que tienen mayor flexibilidad para los pacientes desamparados.

A propósito, no es fortuita la denuncia recién formulada por la seccional del Colegio Médico en Santiago indicando que las ARS conminan a los usuarios (pacientes) de planes contributivos a realizar pruebas de laboratorios y radiológicas en los hospitales para agotar los exiguos presupuestos de estos centros, en detrimento de los subsidiados que son los pacientes que más necesitan esos servicios.

No debemos dejar de reiterar el tormento de los médicos pensionados; de manera tradicional para las autoridades centrales, esta condición es una dádiva que desde la asignación inicial debe permanecer congelada hasta que los usufructuarios pasen a mejor vida. Se ha convertido en un axioma.

No pocos médicos pensionados han fallecido en la pobreza absoluta, porque las pensiones cada día se devalúan y los médicos en retiro no somos santos de la devoción de las autoridades pasadas ni presentes. Soslayan que la mayoría de esos médicos laboramos de modo exclusivo en los hospitales del Estado y por eso teníamos dos tandas en horarios diferentes dependiendo de esos recursos. Olvidan que con esa actitud de desprecio hacia los pensionados llevan un ejemplo totalmente negativo hacia los médicos activos, quienes viéndose en este espejo se imaginan cuál será su destino cuando entren en esta aciaga fase y cómo debe consignarse el nombre de médico pensionado en la República Dominicana. Sin dudas el detritus del modelo sanitario local.

Refrendamos la actitud de combate asumida por el Colegio Médico Dominicano a través de su dirección, que es la única autorizada estatutariamente a asumir posiciones públicas a nombre de la entidad; con esto no se lesiona el derecho a la expresión de nadie. Adelante con los reclamos en el sector salud, nada de usuarios, sino pacientes. Salud para todos los sectores sociales, derechos para los trabajadores de la salud

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