Aunque podría pensarse que los dos términos hacen alusión a lo mismo, hay una diferencia que resulta muy conveniente reconocer. La percepción nos permite percatarnos de la realidad que nos rodea, lo que se produce por la actividad de nuestros sentidos. Pero tenemos otra facultad que conocemos como apercepción, mediante la cual podemos incrementar nuestro nivel de percepción, tomando especial consciencia de lo que estamos percibiendo, es decir que procesamos o interpretamos la información de acuerdo con nuestra forma de pensar. La Real Academia de la Lengua Española, define apercepción como: Acto de tomar consciencia, reflexivamente, del objeto percibido.

Algún sonido que se produzca dentro de nuestro alcance auditivo, otras personas podrían oírlo, sin embargo, podrían no escucharlo o interpretarlo de forma muy diferente. Si el corazón está lleno de basura, la forma en que se percibirá la existencia no será nada grata, sin importar las experiencias que se tenga en la vida.

En el atardecer, varios vehículos podrían estar detenidos por el tráfico pesado. En uno de ellos alguien podría estar admirando lo bella que está la puesta del sol, posiblemente la mayoría no lo estará percibiendo en absoluto, quizás estarán lamentando amargamente el retraso, concentrados en malas experiencias del día o en compromisos que tendrán que atender. Es el mismo sol, el mismo atardecer, la misma belleza…pero no todos están capacitados para disfrutarla. Para algunas personas, la música es una experiencia muy agradable y hasta terapéutica, otros no han aprendido a escucharla.

En el libro de El Principito, en el diálogo con el zorro, éste le dice que: “es importante ver con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”. Podemos mirar algo, pero no todos captaremos lo mismo. Es muy triste perder nuestros ojos y con ellos nuestra capacidad de ver, pero es mucho más triste, no poder ver con el corazón. Los lugares más maravillosos, los momentos más valiosos y las experiencias más gratificantes, aunque resulte difícil creerlo, algunas personas no han podido desarrollar la habilidad de percibirlos; o todavía peor, la perdieron al sacrificar sus valores por algo que creyeron que tenía valor, no siendo extraño que presenten depresiones y pierdan interés de vivir. No poder disfrutar de algo que tienes es mucho peor que si nunca llegaras a tenerlo, porque es mejor tener una motivación que una decepción.

Cuenta una anécdota que un anciano y su nieto se encontraban a la entrada de un pueblo. Una familia que llegaba les preguntó que cómo eran los habitantes del lugar. El anciano le pregunta que cómo eran las personas del pueblo de donde provenían, les comentaron que eran personas desagradables, corruptas, falsas y egoístas, a lo que el anciano les responde: lo lamento mucho es lo mismo que encontrarán aquí. Posteriormente, llega otra familia y se repite el mismo diálogo, pero éstos le dicen que del lugar que venían las personas eran muy unidas, sinceras, colaboradoras y verdaderos amigos, a lo que el anciano les responde con una sonrisa: Los felicito, eso mismo encontrarán en este pueblo. El niño se queda pensativo y después de unos minutos dice: abuelo, a los dos le dijiste algo muy diferente sobre nuestro pueblo ¿por qué lo hiciste? ¿le mentiste a alguno de ellos? A lo que el anciano respondió: no pequeño, no les mentí. Le dije a cada cual lo que encontrará en el pueblo, porque en realidad van a encontrar lo mismo que llevan en el corazón. Puedes mudarte de pueblo, pero si tu corazón no cambia, a donde vayas encontrarás lo mismo.

No siempre que hablamos estamos conversando, a veces nuestras palabras no transmiten ningún mensaje y esto sucede con cada vez más frecuencia debido a nuestra forma vacía de expresarnos. De igual forma, hay personas que pueden oírte, pero no son capaces de escucharte. Sin embargo, hablamos con los ojos, más de lo que solemos estar conscientes y realmente al mirar los ojos del que te habla, conoces mucho más de lo que expresa, siempre que realmente te interese escuchar. Lamentablemente cuando escribimos mensajes de texto no utilizamos todas las facultades que tenemos para comunicarnos.

No critiques a la persona vacía y superficial, nadie puede dar lo que no tiene. En cambio, procura captar más allá de sus palabras huecas y de su máscara aprendida, para así responderle, no a lo que diga, sino a lo que sienta.

Hay muchos más sonidos en el mundo de los que normalmente somos conscientes, a manera de ejercicio, puedes cerrar tus ojos, relajarte e intentar escuchar la mayor cantidad de sonidos posibles de tu entorno. Toda la realidad nos habla, nos halaga, nos suplica, nos advierte, nos cuestiona, pero nuestro nivel de distracción y automatismo existencial nos impide tomar consciencia de nuestras vidas. Oyes mucho en tu vida diaria, pero estás escuchando cada vez menos y para vivir con mayor plenitud tu vida, debes escuchar lo que se te está diciendo.