En el mundo tenemos una tendencia, una actitud a premiar lo malo, lo indeseable, lo injusto. ¿Por qué no se premia, al contrario, lo justo, la valentía, la honradez.? ¿Por qué la prensa es sensacionalista en actos violentos, en hechos irrelevantes que dan fuerza a los indeseables que no deberían tener nunca una primera columna en un periódico? Hay que tener una nueva meta en el siglo XXI, es cambiar lo indeseable por lo admirable.

Las páginas de la historia relatan acciones, actos de justicia, de valentía incondicional y uno se pregunta: ¿por qué no nos empeñamos a relatar, en los periódicos, episodios de esas personas admirables?.

En la Segunda Guerra Mundial, que es un periodo más cercano de uno, hubo el nazismo, lo inconcebible para un ser humano normal, pero del otro lado hubo lo admirable: La resistencia francesa. Los “Justos” franceses fueron premiados por Israel, por sus actuaciones valientes, contra el barbarismo de los nazis, escondiendo niños judíos en familia francesa. Por suerte, el cine sí ha aportado películas de esos actos maravillosos, pero la prensa todavía no ha dado prioridad en ese sentido.

¿Por qué se debe condenar a un juez serio, de carrera, cuando sus acciones son para dar justicia a las personas que fueron víctimas de las atrocidades, de las debacles?. Me refiero al juez Garzón, principalmente. Será dar fuerza a lo que no debe prevalecer, entonces si la justicia fue impartida por un “juez condenada honrado”, es una burla a la vida, a la moralidad. Qué felices deben estar los condenados viendo al propio juez sentado en el banquillo de los acusados…. ¿Cómo es posible que los jueces que lo juzgan no se hayan detenido a considerar si aplica tal actuación?. Por suerte reciben un repudio mundial. ¡Cómo debe sentirse el juez Garzón al final de su carrera! Gracias a Dios sabe que está en lo justo y que nada puede quebrantar su ideal, su pensamiento, sus ansias de devolver la justicia a los que, por manos de otros, no tuvieron justicia, perdieron sus seres queridos, recibieron torturas.

Asimismo, el trujillismo; se debe publicar los actos de valentía, los hechos remarcables y no lo que empañó un país durante treinta años, fruto de tragedias para muchas familias. Vamos en el buen sentido, gracias al museo de la Resistencia, que nadie puede borrar el pasado, los hechos hablan.

Se ha querido desacreditar a la iglesia. Donde quiera hay actuaciones malas, pero cuántos obispos, sacerdotes, monjas fueron admirables, abnegadas. ¿Dónde se publican estos escritos en la primera página de un periódico?

Debemos mejorar el mundo, debemos hacer conocer a nuestros hijos, nuestros nietos, biznietos lo justo y no dar un sitial número uno al narcotráfico, a la violencia, al mal, a los indeseables, a la política destructiva que aporta vergüenza, pero sí a la educación, a la honradez, a la dignidad de la persona.

Cambiar el mundo por episodio de la historia que debe borrarse debe ser la prioridad de nuestro siglo; estamos en el mismo barco y no debemos naufragar.