A crónica da semana

Nadie hace las cuentas cuando se le está ayudando

No murmuró la palabra milagro una única vez. Nieve y pan, eran las dos únicas palabras que parecían haberle quedado de un largo vocabulario y de una experiencia decisiva.

Por Gonçalo M. Tavares

1.

Enero de 2022, una historia sencilla.

La noticia de una tormenta en Virginia, en la costa este de Estados Unidos; muchas personas paradas en la nieve, muchos coches con las ruedas paralizadas en la autopista I-95. Siete de enero de 2022.

Los coches pierden velocidad, primero, luego pierden el simple movimiento lento. Ni siquiera son lentos los coches en medio de la tormenta de nieve; se quedan atascados; están parados y se hunden ligeramente.

El coche de Casey Holigan, y de su marido, se quedó atascado en la nieve y sí, los coches en medio de la tormenta de nieve se convierten en oficinas imprevistas para un máximo de cinco personas sentadas. Unos habitantes del coche llaman, otros se vuelven vigilantes: a través de los cristales intentan entender si animales salvajes se acercan. Casey Holihan llamó; el marido vigiló el blanco horizonte quizá con un arma preparada.

Eres habitante de un coche cuando el coche hecho para moverse está parado (no sólo en la nieve, también en el simple tráfico de Lisboa, por ejemplo).

2.

Enero de 2022, una historia sencilla. La historia de Casey Holihan y de su marido.

Me gustaría al menos ser lento, podría decir un coche, en medio de la tormenta de nieve, si además de motor tuviera una cierta lucidez apta para la síntesis.

Pero el cuerpo humano, sin ruedas ni motor, no tiene la misma inmovilidad paciente de las máquinas. Una máquina parada se vuelve inútil; un humano parado se vuelve hambriento – es muy diferente.

Incluso parado el humano sigue vivo y vivo exige lo que normalmente exige: comida.

Casey Holihan y su marido contaron su historia al periódico.

Ellos quedaron, pues, atascados en la autopista I-95. Iban a visitar a la familia de John, el marido de Casey. Detrás de ellos, y de su coche, muchos otros coches, con ancianos y niños- hace casi dos días sin comer. No se trata de vida y muerte, pero entre comodidad e incomodidad normalmente el bicho humano no duda. Los humanos no son máquinas ni osos en hibernación capaces de prescindir de la comida durante meses. Incluso quietos tienen estómago.

Los derechos humanos de los sedentarios y de los nómadas son los mismos. Y también las necesidades son casi idénticas. Y, en este caso, el de la tormenta de nieve, los humanos eran puros sedentarios forzosos. Me quedo parado porque no puedo moverme; no por decisión propia, podría decir Casey Holihan, la señora de quien se habla en la noticia.

No es una gran historia, claro; no es la invasión de un país, ni la manifestación de miles que intentan decir en voz medio-alta algunas palabras que el aire militarizado de su territorio no permite. Hay muchas noticias en el mundo.

La historia, pues, es muy sencilla: una furgoneta de una panadería también estaba por allí, inmovilizado en medio de la tormenta de nieve. Casey Holihan llamó al número que estaba expuesto en la parte trasera de la furgoneta y habló con el jefe de la empresa, y ese estuvo de acuerdo enseguida.

Fue una “decisión muy fácil”, dijo el propietario de la panadería, H&S Bakery, Chuck Paterakis. Los conductores de la furgoneta se adentraron por la nieve para repartir gratuitamente pan por los coches. El pan que estaba en la furgoneta también inmovilizada. El jefe de la panadería, Chuck Paterakis, no lo dijo, pero podría haber dicho: ¿está bueno el pan, a que sí?

Fue un hombre generoso, habrán pensado Casey Holihan y su marido cuando recibieron de mano de los trabajadores varios panes por persona.

De cerca, claro, el episodio es sencillo: una tormenta de nieve y hombres repartiendo pan por los coches inmovilizados a lo largo de kilómetros – parece una mera cuestión de logística y compasión.

Sin embargo, desde arriba, el reparto de pan a lo largo de una autopista, quizá parezca una especie de milagro moderno.

No sale en el periódico, pero supongo que Casey Holihan se habrá sorprendido por la enorme cantidad de pan que los hombres repartieron por los varios coches a lo largo de la autopista. No pararon durante horas.

Nadie hace las cuentas cuando les están ayudando, pero era imposible que tanto pan cupiera dentro de la furgoneta.

Casey Holihan, no obstante, cuando habló a los periódicos, no murmuró la palabra milagro una única vez. Nieve y pan, eran las dos únicas palabras que parecían haberle quedado de un largo vocabulario y de una experiencia decisiva.

En medio de un violento ataque informático, sin acceso a contenidos digitales, una verdadera hazaña: que los periodistas del Expresso hayan conseguido hacer y poner en circulación la edición de la semana pasada. Es sin humanos cuando nada se hace.

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Traducción de Leonor López de Carrión

Originalmente publicado no Jornal Expresso

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