Toda una semiótica económica, contable, administrativa, ideológica y política puede observarse en el manejo de los repertorios especializados de imágenes, vocabularios y escenarios muchas veces de desprovistos de verdades en el uso de los diversos discursos políticos, pero más aún, forjados en la retórica del discurso de la simulación estatal y su respectiva administración de poder y estrategias sugeridas por acciones decididas por  cinismo burocrático del actual “Estado canalla”. Y esto ocurre en todos los Estados-gobiernos del mundo actual, tal como lo sugieren Noam Chomsky (2005, 2010),  y Terry Cochran (1996)

Los fragmentos discursivos a los que nos referimos son los propios discursos presidenciales construidos desde una organización subjetivizada de una “verdad” que explota en una audiencia sometida por enunciados vaciados y viciados de significación real. Democracia, dictadura y autoritarismo coinciden en la mayoría de las tramas de opresión, autoridad y determinación de poder contra el sujeto social activo.

 

Los fraseos gubernamentales se destacan, en nuestro caso, en el texto de la prensa cotidiana (periódicos matutinos y vespertinos, TV, Publicidad política, Propaganda y otras mediaciones), con cierta arbitrariedad en el uso y sin las debidas sanciones de una semántica política existente en el dominio teórico y pragmático del análisis político.

 

Los repertorios precitados en los artículos adquieren su importancia  de elección en las dos últimas décadas (últimas décadas Siglo XX y  las dos primeras  del siglo XXI), cuando el discurso de Estado ha recurrido a nuevas pantallas de representación por tipos de manipulación y  la avalancha del discurso oprimido en estructura y coyuntura,  como  en los límites de la política impuesta por los diversos mecanismos estales, creando de esta manera una ambiguación direccional  en la enunciación y comprensión de los elementos discursivos señalados en el repertorio anterior.

 

Pero es también en los proyectos políticos de las tendencias neoliberales donde encontramos una gran cantidad de términos jurídico-económicos, pues los proyectos electorales, así como los proyectos de partidos y organizaciones sindicales, que concentran en sus discursos gran parte de esta terminología de Estado para así desinhibir el campo de la crísis político-ideológica.

 

Los usos economicistas de la política neoliberal y del Estado dominante permiten una organización sectorial validada en la comprensión muchas veces metafórica del discurso político clientelista, populista y mercantil, permitiendo que la significación de los términos y actos en cuestión adquieran un fondo arbitrario o ambiguo registrable textualmente en el contexto particular de la lectura.

 

La monosemia aparente de las expresiones económicas, políticas y jurídicas que aparecen en el repertorio antes citado, incluyen una determinación formal más que substancial en el orden constructivo del Discurso de Estado y sus categorizaciones. Las extensiones que se reproducen en dicho repertorio obligan a un análisis segmental y regional del significado como pronunciamiento estricto de los usos económicos pertinentes en el marco de la ideología de Estado.

 

Indudablemente que, desde el punto de vista de una semántica extendida de lo político, estas expresiones se producen como la ecuación o generación de un discurso no solamente especializado, sino, y además, burocrático representativo de la autoridad-poder y por lo mismo de la manipulación proveniente del poder político dominante, tal y como se explica en la biopolítica y la microfísica estudiada por Michel Foucault. El registro lingüístico y discursivo, en este caso, integra al sujeto de la producción, pero también entiende su proceso de alienación en el cuadro de la productividad de conocimientos y bienes materiales.

Archivos de saberes, lenguajes de alienación, y arqueologías jurídicas  concurren en la actividad-productividad y en los pronunciamientos de  acciones y fuerzas políticas de los sujetos subalternos y críticos de la sociedad civil.

 

Tanto el discurso que interroga al Estado como las redes estatales mismas mantienen una conflictualidad tratando de enderezar la movilidad interna y externa de sus enunciados específicos. Filósofos y teóricos del lenguaje y de la violencia (Frantz Fanon, Michel Foucault, Eric Weil, Jean Marie Muller, Gloria Comesaña, Hannah Arendt y otros que advierten determinadas rupturas y urdimbres estratégicas, entre la acción social comunitaria y la imagen creada por el Estado-gobierno para desunificar las diversas actitudes, así como cualquier posibilidad y realidad de presión política y económica direccional.

 

Pero estas explicaciones han crecido aún más, a partir de otras explicaciones teóricas monolíticas sobre la lógica del discurso y la actuación consensual.

 

Conforme a la lógica de dominación del discurso de Estado el cl consenso   puede llevarse a cabo mediante coerción a través de intereses que sean comunes a los implicados en la tensión y visión de los afectados e implicados en una secuencia accional crítica.  Lo que sería objeto de estudio y conocimiento, para elaborar una pragmática política fundamentada en la relación Estado-Sujeto-Política dominante. Pues el Estado-gobierno habrá de poner en marco el carácter autoritario y despótico. Además, de los informadores sociales el sujeto  civil refuerza la actitud ejemplar contra la voluntad de poder.

 

Estas motivaciones del pensamiento político contemporáneo se producen, además, en un proceso de desconstrucción de las imágenes del mundo social, sugerida en la disputa entre el Derecho constitucional moderno y el contemporáneo; dicha disputa se inscribe en la tensión tradición vs. Acción-recepción cuyo soporte es la disputa entre las diferencias y las identidades. Este proyecto “inacabado” según la pertinente intuición habermasiana (la modernidad como proyecto inacabado), no impide la presencia de categorías, lógicas y discursos de la época moderna, diferenciadores de las distintas visiones del mundo y ciencias de la cultura, con vigencia en la estructura de la representación neoconservadora.

 

La coerción intraburocrática promueve desde las funciones autoritarias del Estado una economía de vínculos con carácter fundamentalmente neocapitalista, tendente a ofrecer soluciones híbridas en el marco de la crisis y sus cadenas sistemáticas. Esta economía de mercado reproduce y promueve la rentabilidad económico-empresarial, asegurando una no “evitación” de los complejos críticos del aparente desarrollo y la tendencia expansionista e intervencionista del Estado.

 

Pero la explicación de la instancia burocrática es ejecutable, como muy bien puede observarse, a través de la experiencia de manejo del discurso estatal con extensiones en la interioridad misma de la comunidad social, sus instituciones e ideologías. El proceso mismo de penetración no tiene una explicación estrictamente coherente, pues sus macro y microestructuras jurídico-políticas centralizan los usos y las funciones creando, de esta manera la emergencia de las soluciones estatales.

 

Sin embargo, aquí, el concepto de legitimación aparece como un mecanismo quebradizo y anclado en la subjetividad ideológica. Habermas puntualiza:

 

“Históricamente, la crítica se unifica contra el fundamento de legitimación quebradizo cuando se han alcanzado umbrales en la evaluación social, siempre con referencia al nivel siguiente de justificación, hecho accesible en la evolución de las imágenes del mundo”. (Op. cit. p. 34), y agrega: “La crítica a las legitimaciones existentes, tiene una validez siempre relativizada por referencia a los sistemas conceptual y lingüístico adoptados en la argumentación (o si se prefiere por el lenguaje teórico). Pero los postulados a los que asiste una bien fundamentada carga crítica de la legitimación no pierde su validez por el hecho de que el lenguaje teórico en el que recibieron formulación haya sido superado históricamente por uno nuevo…” (Ibídem.)

 

Puesto que el lenguaje teórico produce la referenciación a través de la carga crítica, es posible que la validación de las lógicas políticas se produzca por el concepto mismo de legitimación.

 

“…El concepto de legitimación, de referencia discursiva, resulta un instrumento adecuado para el estudio de los procesos críticos que afectan a la legitimación y de las transformaciones desatadas por ellos en el seno de los sistemas de dominación”. (Op. cit.)

 

La crítica abierta al concepto de legitimidad no evita la subversión producida por la misma crítica política, pues esta invade el pronunciamiento pragmático de los aparatos represivos que se ejecutan en representación del Estado-gobierno y su propia lógica dominante. Toda una visión neocapotalista del Estado y sus instituciones engendra la subjetividad en el marco de la economía y la ideología para, de esta suerte activar la disparidad en las valorizaciones político-económica:

“La teoría ortodoxa del Estado sostiene que las actividades del Estado intervencionista obedecen –en no menor medida que los procesos de intercambio en el capitalismo liberal- a leyes económicas de actuación espontánea. Las mutadas formas externas (la crisis de la hacienda pública y la inflación permanente, la creciente disparidad entre la miseria publica encuentran su explicación en el terreno de que la autorregulación del proceso de valorización discurre más bien a través del medio de gobierno… (Op. cit. p. 282).

 

Una máquina-conceptual y su fundamento, así como toda una estructura posicionada de conceptos, categorías y signos revelan su opacidad transparencia para no solamente romper con el sentido de la historia, sino también subvertir la representación pública y las esferas del discurso civil en contexto de respuesta y acción.