Una entrevista reciente. Michael Owen, ex futbolista del Liverpool y de la selección inglesa, una estrella que marcó decenas de goles decisivos en competiciones europeas, habló por primera vez, con cierto detalle, sobre la enfermedad de su hijo, James, de 17 años, que “a los 8 años fue diagnosticado con la enfermedad de Stargardt, una condición genética rara, incurable, que afecta la zona central de la retina”, enfermedad que “lo conduce progresivamente hacia la ceguera”.

Michael Owen en la entrevista dice: “Si pudiera, le daba mis ojos”. Frase terrible, potente, frase que casi instala una mitología contemporánea.

1.
El hijo, James, también habló en esa entrevista y recordó que al inicio la escuela fue un sufrimiento ya que “no podía ver las cosas como los demás niños” y algunos se metían con él.

Padre e hijo inicialmente se sublevaron contra Dios, contra el destino, contra los genes, pero luego lo aceptaron. El hijo cuenta cómo su padre le ayudó a afrontarlo de forma positiva. “Aprendí a reírme de la situación”, afirma.

2.
James tenía un sueño cuando era pequeño: ser futbolista como su padre, Michael. En su infancia se llegó a pensar que podría repetir las proezas del padre, porque era muy habilidoso, pero, en 2019, el padre dijo, en una entrevista: él nunca será futbolista, tiene una enfermedad rara en los ojos. Y ser futbolista o dejar de serlo se volvió algo secundario.

Al inicio, cuando era pequeño, James era un as en el fútbol y muchos decían que iba a ser como su padre y llegar a la selección inglesa. Pero, poco a poco, las cosas fueron cambiando. En algunas situaciones, parecía que se colocaba mal en el campo y el padre, cuando iba a verle jugar, lo criticaba. Al mismo tiempo, los espectadores empezaron a murmurar, con la crueltad habitual: “no es tan bueno como su padre”.

Michael Owen recuerda también otros detalles, entre risas y una mirada triste, de casi arrepentimiento. Recuerda que solía criticar a su hijo, cuando era un niño, por no girarse hacia la cámara cuando le tomaban fotos. Luego, más tarde, con el diagnóstico médico, entendieron que James no lograba enfocar las cosas y solo veía el balón cuando estaba a pocos metros de él.

James no se giraba hacia la cámara porque no la veía; James se colocaba mal en el campo porque se estaba quedando ciego.

3.
La mitología. Edipo se arranca los ojos cuando entiende, finalmente, que mató a su padre y se acostó con su madre. Él, Edipo, que parecía ver perfectamente, con dos ojos funcionales no vio nada, ni percibió nada.

Y sí, podemos imaginar un nuevo mito, un padre que se arranca los ojos para que su hijo ciego vea, para darle esos ojos funcionales al hijo. Quedarse ciego para que el hijo vea. Y podemos imaginar, o pensar, que en el fondo, hay lazos familiares entre padre e hijo que atraviesan generaciones y que son los propios ojos, suponiendo que Edipo se los arrancara, que serían los mismos ojos arrancados de Edipo que pasan al padre contemporáneo, que quiere arrancárselos para dárselos a su hijo ciego. Los mismos ojos circulan por el mundo, entre hijos y padres,
entre padres e hijos.

4.
Los ojos, su importancia. Se cuenta una historia sobre un hombre malvado. Una historia que voy a modificar con la máxima libertad. Voy a contarla así: había un hombre cruel que le dijo a una mujer que, en una situación extrema, le pidió ayuda:
-Yo te ayudo, si superas una prueba.
-¿Cuál? Pregunta esa persona en una situación límite, la mujer que necesita la ayuda de ese hombre cruel.
-Mira atentamente mi rostro – dice el hombre cruel – Si percibes lo que hay de especial en él, te ayudo.
-Tienes un ojo de cristal.
-¿Cómo lo has sabido? Está hecho por el mejor cirujano y por la mejor tecnología. Es perfectamente igual que el otro. Son absolutamente idénticos y se mueven de la misma manera. ¿Cómo lo has visto tan rápido?
-Es que en el ojo izquierdo veo un poco de compasión. Solo en ese.

5.
La falta de compasión, y la compasión. Hay imágenes de padre e hijo, Michael y James, posando para una foto en la Torre Eiffel. El hijo muy guapo, parecido a su padre, el mismo pelo rubio, el mismo aspecto físico, entre lo delgado y
elegante, los mismos ojos.

La enfermedad de Stargardt es una enfermedad genética, una herencia dura que se recibe. Los ojos del hijo son bonitos e iguales que los del padre, podrá decir alguien cuando ve esas imágenes. Pero los ojos del hijo no ven.

“Si pudiera le daba mis ojos”, dijo, entonces, Michael en esa entrevista. Y sí, a veces las frases más poderosas, las frases míticas, aparecen en el lugar más inesperado.

Traducción de Leonor López de Carrión. Originalmente publicado no Jornal Expresso