Las islas de las Azores, en general, como lugares sorprendentes de donde nacen, constantemente, fuerzas naturales y humanas muy por encima de la media.

1.

El centenario del nacimiento de Natália Correia.

Nació en Fajã de Baixo, San Miguel, el 13 de septiembre de 1923.

Se cuenta de ella esta historia, que era una fuerza al cuadrado de esa naturaleza de las fuertes islas. Y que tantas historias tiene.

Natália Correia estaba viendo, sentadísima y atenta, una obra de teatro cuando, de pronto, esta fue interrumpida por un grupo surrealista que provocadoramente invadió el teatro silbando y, según algunas versiones, saltando al escenario y, a modo de performance, provocando a actores y espectadores.

Se cuenta, pues, que Natália Correia se levantó en ese momento y, con su voz que hacía temblar velas, cristales, paredes y humanos, gritó hacia los demás espectadores: “No hagan caso, es el grupo surrealista. Esto solo es su excusa para no ducharse”.

Probablemente una de las más destructoras frases sobre cualquier grupo.

2.

Leer con atención, por ejercicio, una ley reciente, con toda la atención del lector obsesivo, y se percibe en la ley; intencionalmente, tanta ambigüedad, tantas puertas traseras entreabiertas, tantas posibilidades de que los abogados entren por la ley exigiendo sus justísimos honorarios para justificar la salida por una puerta medio escondida en una pared postiza, en el suelo, en el techo –cuánto desvío, curva, ambigüedad y laberinto en lo que debería ser una línea recta y pura como imaginamos que debería ser una ley-. ¿Cómo no quedarse perplejo ante esto? Leyes hechas como enigmas, como oráculos contemporáneos que los ciudadanos tienen que interpretar, eligiendo una de las mil posibilidades.

Me acordé de dos versos

“yo dije soltad un ratón en el poema

y observad cómo intenta encontrar la salida”.

de Billy Collins, traducido por Luís Filipe Parrado.

Soltad un ratón en una ley y observad cómo intenta encontrar la salida.

Los ciudadanos convertidos en ratones intentando hallar la salida de un laberinto. La claridad es una delicadeza que se le debe exigir a las leyes y al Estado.

3.

Asta Gröting (nacida en Herford, Alemania en 1961) es una artista contemporánea que, al inicio de su carrera, trabajaba con silicona como material de escultura. Luego avanzó hacia la imagen y el video.

En las esculturas con silicona lo que pretendía, muchas veces, era “traer a flote lo invisible” o “permitir que la ausencia hable”.

Una de las obras con más repercusión fue una escultura del espacio de intervalo que existía entre dos personas que hacían el amor. En esa obra, precisamente titulada “Espacio entre amantes”, la artista “materializó un momento físico íntimo” de una manera naturalista, sin pudor. Dos actores “estaban cubiertos de silicona mientras tenían sexo. De esta manera, el espacio intermedio que quedó alrededor de los cuerpos “fue visualizado esculturalmente” por medio de la forma, en silicona, que quedó en el final del proceso amoroso.

Una especie de investigación cínica hecha mediante la escultura. La atención dada a ese espacio mínimo que, pese a todo, todavía existe, incluso en la situación más íntima. Ese intervalo entre dos cuerpos, ese vacío, quedó como escultura en silicona y allí se quedó materializado y expuesto, mostrando cómo dos cuerpos siempre serán dos–dos, y no uno.

En lugar de esculpir cuerpos, en modo de estatua, esculpir el espacio entre ellos. El terrible espacio vacío que siempre perdura entre dos amantes, entre dos hermanos, entre dos amigos, entre padres y hijos, madres e hijos, un terrible espacio vacío del que quizá solo la madre, cuando lleva el feto, sea la excepción: dos, madre y feto, sin espacio vacío o de intervalo entre ambos. Pero luego nacemos y allí estamos, rodeados de vacío por todas partes.

Estamos vivos y la ansiedad que viene de la nostalgia: ¿cómo lograr de nuevo una relación sin espacio vacío? Sin ese intervalo cínico, espacio vacío o invisible, aunque mínimo, que susurra: vosotros dos, vosotros dos que tanto os queréis, no sois uno, no tengáis esa ilusión.

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Traducción de Leonor López de Carrión. Originalmente publicado no Jornal Expresso