1.

El tema de la semana es, sin duda, la lluvia.

“Ni que lluevan piolets[1]”, ha dicho el presidente de un país extranjero – como lo son todos los países menos el nuestro.

(El extranjero, espacialmente, es mucho más amplio que nuestro país, eso está claro – cualquier cosa que sea nuestro país–, pero el extranjero es mucho más pequeño emocionalmente –esta es una frase que habrá sido pronunciada alguna vez, por alguien, de un modo xenófobo, pero con una voz clarísima y dulce).

La idea de que se avanzará, independientemente del clima y de la naturaleza, del milagro o del susto, de la tragedia o de la adversidad en estado puro. Esto es lo que dice este refrán. Ni que lluevan piolets, avanzaremos.

En realidad, la lluvia no es sencilla. A veces lo que viene de arriba no es propiamente agua en diferentes estados.

Ni agua, ni granizo, ni la bella nieve que tantos problemas causa (sería interesante hacer una contabilización de los problemas traídos por la belleza, natural o humana, y por la fealdad).

Qué causa más problemas en el mundo, esta sería la pregunta ¿la belleza o la fealdad?

Pero, en efecto, estas frases que se escuchan, como la célebre it’s raining cats and dogs  (llueven gatos y perros) que, según afirma una enciclopedia rápida, fue una expresión inventada por Swift, escritor satírico, están por todas partes. Aquí, esta expresión, claro, tira más hacia una lluvia brutal, una lluvia animalesca; una lluvia que exige refugio y, quién sabe, oraciones. No hay que avanzar cuando caen perros y gatos, hay que buscar abrigo.

Y muchos, muchos relatos existen (históricos y ficcionales) de personas que, mirando hacia arriba, ven caer lo que no debería caer.

Está claro que en las ciudades de edificios altísimos, cuando un sujeto avanza tranquilamente por la acera, cuántas cosas pueden venir del cielo, desde macetas a ordenadores o incluso, terriblemente, de allí arriba pueden caer mascotas torpes o personas que, desde arriba, como si no fueran humanas sino cosas con peso y atracción mortal por el suelo, muestran, en esa caída, que violentamente han renunciado a lo esencial.

Cuánta cosa viene desde allí arriba en las grandes ciudades de los grandes rascacielos, cuánta.

Pero la Historia está llena también de lluvias de objetos o de animales insólitos en llanuras que por encima de ellas solo tienen naturaleza pura, cielo y nubes.

En la Biblia, por ejemplo, se habla de una lluvia de piedras que desde arriba aniquiló a un ejército. Un ejército derrotado a pedradas con rocas certeras venidas de las nubes que toman posición en una contienda humana – esta es una narrativa en la que el cielo se vuelve certero y guerrero.

En las diez plagas de Egipto, entre otros problemas que vienen de lo Alto, había ranas que, venidas precisamente desde arriba, se agarraban a todo lo que vivía – y pegajosas se volvían una plaga visual y táctil. Imaginar nubes oscuras que puedan por dentro esconder rocas o ranas parece del mundo de los mitos, claro, pero todavía hay casos relatados de caídas de peces, y más o menos confirmados, y no solo en la película de Paul Thomas Anderson.

Y luego hay también artículos que tienen títulos esenciales como: «Descubra qué es y cómo se forma la lluvia de animales».

Hay teorías y gráficos; animales que son absorbidos de abajo hacia arriba, como en un ascensor de vacío raro, y otras tesis que hablan de obtusos fenómenos de viento que se lleva a los pequeños animales – como ligeras plumas – hacia arriba, y luego, como es evidente, en algún momento, los sueltan.

En fin, la ciencia ha entrado ya en el estudio profundo de las expresiones populares. Lo que se dice siempre puede ser estudiado por la ciencia ortodoxa y las demás.

Sin pensar siquiera en la trampa de los aviones que todo pueden lanzar desde arriba (y muchas veces, lo que de ellos viene, viene para matar, ya se sabe), pero incluso sin pensar en esa tecnología aérea reciente, cualquier humano sensato debe tener en cuenta que del cielo puede venir lo imprevisible. No siempre solamente llueve.

Imagino esto, un libro o una película de ficción en la que, del cielo, lluevan Biblias y otros libros de otras religiones.

Algunos creyentes, ya se sabe, dicen que no solo han visto ya esa lluvia sino que están leyendo diaria y devotamente lo que de ella ha venido.

Traducción de Leonor López de Carrión

Originalmente publicado no Jornal Expresso

[1] Refrán portugués que enfatiza una negación