Thomas Hobbes, en el siglo XVII publicó una novela distópica en la que describe, sin los conocimientos de economía de Adam Smith ni del judío Mordeshai Marx, la participación, como un monstruo marino enrollable y cruel, la construcción y manifestación de un Estado-gobierno,  aspiradora de bienes y capitales, un monstruo político y financiero omnipresente y omniparticipante en todas las actividades económicas, financieras y hasta privadas,  de la sociedad del futuro que, en su obra que además es un tratado de economía, pretende describir.

Alineado a Hobbes, sobresale primero el escocés Adam Smith con su obra, La riqueza de las naciones, de 1776, el mismo año de la proclamación de la independencia de los Estados Unidos, le siguió, 91 años después, el judío de Tréveris, que por más señas nunca fue obrero ni mucho menos proletario, Karl Marx, con la publicación de El capital, en 1867.

Ambas visiones de la sociedad – cliente y la sociedad de consumo y el ciudadano mercado, están acorde y al mismo tiempo contrapuestas entre sí, en la obra y pensamiento de Georg Frederich Hegel, con su libro Fenomenología del espíritu, publicada en 1807, como si fuese un paso obligatorio, o una encrucijada para mejorar la posibilidad de comprensión y acceso al pensamiento de una de las mentes más preclaras del ideario alemán del siglo XIX.

La propuesta hegeliana del absoluto es aplicable a todos los procesos de la historia, banales o trascendentales, a todas las personas, trascendentes o no, a lo largo de todas las civilizaciones y, por ende y necesidad, a la sociedad contemporánea, en franco crespúsculo, declive y decadencia. Aunque sea tan tremenda y maravillosa, es completamente comprensible para los no filósofos y para cualquier persona, consiste en dos propuestas negadoras una de la otra, o que pretenden anularse recíprocamente, sin embargo, me parece, que una propuesta y la consecuente negación de la otra, ayuda a la comprensión de ambas, y a la construcción de lo que Hegel llama, Síntesis. Hegel propone el absoluto del absoluto, como una forma de profundizar sus tesis.

A toda tesis, se opone una antítesis, y, de la lucha entre ambas propuestas, se llega a decantar una síntesis, concluyente del choque de ambas posturas contrapuestas. Me parece, reitero, que la filosofía de Hegel pretende tal vez sin querer, explicar toda la filosofía anterior a él, Incluida la griega, y también toda la filosofía que habría de surgir después de su muerte, aunque, ya casi no quedan filósofos ni pensadores, o muy pocos, o tal vez la filosofía sobra en el mundo, o el arte del pensamiento y la conversación erudita, están mandados a guardar en esta era de la posverdad.

La exégesis hegeliana puede ser aplicada, tanto a los dogmas y la ortodoxia religiosa, de todas las religiones de la civilización humana, pero también al materialismo histórico. Se puede aplicar válidamente en los análisis de un agnóstico, y su idea muerta de la fe negacionista, así como también puede penetrar en el pensamiento pietista, fortaleciendo la idea de un Ser supremo creador, y por supuesto ayuda a la discusión de la eterna diatriba entre creacionistas y evolucionistas.

La misma noción del bien y del mal, es puramente hegeliana, aunque lo antecede en siglos en la historia. Las narrativas del Genesis y de todo el pentateuco, y de toda la Biblia, artífices de la tradición judeo cristiana, se fundamenta en esa lucha entre dos posiciones o enunciados contrapuestos, que terminan irremediablemente en una síntesis. El Génesis comienza con la manifestación o comisión del pecado, tesis opuesta a la tesis de la santidad divina, Caín mata a Abel que es su antítesis, su contrario. Los hijos de Sem son enemigos a perpetuidad. Los israelitas, ocupan territorios, cometen genocidio y eliminan y discriminan y persiguen a todas las demás naciones que no adoraban a YHWH, que ellos mismos les prohibían adorar, ni tampoco hacen proselitismo para atraerlos a la práctica de la fe judaica.

Los políticos no salen en una foto juntos, ni siquiera dándose la paz los 21 de enero en Higüey. Está prohibido, en un mundo sin ideologías y con una caterva de partidos, todos de derechas, darse algún abrazo o cruzar las líneas rojas prudenciales y mediáticas que ellos mismos han trazado, para darnos a entender que son OPOSICIÓN, que son distintos a los demás, al resto del bestiario político, cuando en realidad, son más de lo mismo, son iguales, letras y colores, en un mismo estercolero político, que ha asaltado la democracia como régimen político y al mismo sistema de partidos.

En una sociedad que se le pregunta al que se está riendo, que que tiene, y cada vez se deshumaniza más, se sectariza en minorías tiránicas o tiranizadas, en la negación del pensamiento y el sonambulismo mediático, habrá de llegar un momento del absoluto, en el que nadie piense o se establezca un pensamiento único, digital, robotizado y negador de la inteligencia natural del ser humano, para suplantarlo por la inteligencia artificial, desprovista de fe y de humanismo.