En varias ocasiones me he referido al trabajo que desarrolla la Escuela Nacional de Gestión de Riesgos de Desastres (ESNAGERI), brazo formativo que funciona a lo interno de la Defensa Civil, efectuando programas de formación en el campo de la gestión del riesgo y las emergencias beneficiosos para la sociedad.

“Utilizar el conocimiento, la innovación y la educación para crear una cultura de seguridad y resiliencia a todo nivel”, es una de las prioridades que desde el Marco de Acción de Hyogo, hoy Sendai, se promueven desde la ESNAGERI.

Cientos de personas son capacitadas cada año en temáticas relacionadas con la gestión del riesgo de desastres y emergencias. El programa contiene lecciones con tópicos que evitan y reducen lesiones que durante situaciones de emergencias puedan ocurrir.

Por ejemplo: “búsqueda y rescate, qué hacer ante un incendio, huracán o terremoto; cómo dar primeros auxilios básicos y socorrer a personas heridas”, en fin, contenidos de utilidad dirigidos a la población, instituciones públicas y privadas que deseen estar preparadas para esos momentos de emergencias inesperados.

Lecciones didácticas que contribuyen a salvar vidas en momentos de dificultad, especialmente, cuando se sufren lesiones como consecuencias de eventos peligrosos que amenacen a personas, familias o poblaciones.

Los planes de gestión de riesgos, contingencias y emergencias son algunas de las tantas herramientas que la escuela también acompaña en el diseño e implementación; sobre todo para los sectores que presentan ciertos niveles de riesgos y muestran un particular interés por el área.

Cuando se observa la destrucción que ha dejado el huracán Otis en México, una tragedia de 46 muertos, 58 desaparecidos y 250 hoteles arruinados parcialmente. Y que podría incrementarse el número de fallecidos, se valora el papel que juegan las instituciones de educación como la ESNAGERI.

Cada sociedad tiene su manera de gestionar los riesgos con sus múltiples limitaciones; en el caso de República Dominicana, llama la atención las lecciones de enseñanzas que ayudan a salvaguardar las vidas, especialmente, en estos momentos de tranquilidad. Por eso se debe insistir en la formación de la población constantemente en estos temas.

Aunque se percibe que la educación en materia de riesgos de desastres y emergencias va en aumento, sin embargo, nos encontramos con limitaciones sociales y económicas que disminuyan el ritmo de amplificación del riesgo de desastres.

Por ejemplo, las edificaciones particulares levantadas en los barrios, desde hace tiempo, no cumplen con los códigos de construcción sismorresistente. En las comunidades, los maestros constructores son “arquitectos e ingenieros civiles” y erigen edificios en zonas de peligro violando las normas establecidas.

Es por esa razón, entre otras, que educar y formar para fortalecer la institucionalidad, velar por el cumplimiento de las leyes actuales de ordenamiento territorial, construir de forma adecuada y gestionar los riesgos es una tarea inaplazable.

A mayor conocimiento de los peligros existentes y cumplimiento de los marcos legales actuales, se alcanzan mejores oportunidades de desarrollo y cuidado de los medios de vida de la población.

Y para llegar a ese nivel hay que invertir en la educación y en la formación de la población en gestión del riesgo de desastres y emergencias.

Mejorar las iniciativas que aporten a la sensibilización de la comprensión del riesgo es solidifica el sistema nacional de gestión de riesgo de desastres y el país. Es aprovechar las lecciones de instrucciones que eviten las lesiones que impactan a todos.