El fin de semana pasado asistí con mi hija a ver el musical Mariposas de acero, inspirado en la historia de las hermanas Mirabal. ¡Simplemente espectacular! Admiré el enorme talento que tenemos en nuestro país, el trabajo de equipo, los detalles, la decoración, cada composición musical, la coordinación, logística, a la vez que imaginaba las largas horas invertidas de ensayo para entregarnos una obra de teatro de tan alto nivel. Felicito a todo el equipo de producción por tan excelente obra, pues lograron su objetivo: transportarnos en el tiempo y rememorar nuestra historia de una forma profesional, diferente, jocosa, sin perder su esencia, importancia e impacto.

La historia de las hermanas Mirabal es un legado que no tiene fin. Me emocionaba explicarle a mi hija el significado de cada actuación, cada lucha, cada riesgo, cada dolor y afirmarle la importancia de defender por encima de cualquier cosa sus convicciones, principios e ideales, siempre apuntando a que sean por el bien común.

A medida que le explicaba, también reflexionaba: este era un pequeño grupo conformado por los mismos intereses, los mismos ideales y la misma convicción de hacer oposición al régimen trujillista; es decir, al presidente de la República Dominicana, el hombre con más poder del país en ese momento, el auto nominado benefactor de la patria, a quien todo el mundo obedecía por respeto o por temor, y a quien nadie era capaz de llevarle la contraria pues ante tanta autoridad, la respuesta del pueblo era permanecer callado.

Ese grupo se levantó convencido de sus ideales, hicieron frente al régimen de Trujillo sin importar las consecuencias que esto les podría ocasionar. Fueron perseguidos, amenazados, encarcelados, alejados de sus familias, torturados y aun así celebraban con orgullo y gozo el no dejar doblegar sus principios ante tales agresiones. ¡Cuánta valentía, cuánta valentía!

Es válido reconocer que hemos logrado mucho como país, si pensamos en esa época a la que tristemente se vio sujeta nuestra nación. Y son precisamente estas marcas de nuestra historia la que nos mueven a cuidar ese legado que nos han dejado nuestros valiente héroes para ir por más. La defensa de un ideal no es el camino más fácil; al contrario, lo fácil no cuesta, lo difícil si, y es ahí donde entra la valentía a jugar su mejor rol.

Minerva, Patria y María Teresa tuvieron la opción de ser una más del pueblo que permanecía callado y llevar una vida común y corriente; podían haber elegido quedarse en sus hogares con sus familias, disfrutar la crianza de sus hijos, tener una vida social, vacacionar, lo cual sin duda alguna representaba el camino fácil en medio de una dictadura, ¿no? Sin embargo, decidieron luchar por sus ideales de un país libre de la dictadura trujillista, un camino difícil que, para lograrlo, conllevaba mucho sacrificio para sus vidas y principalmente, la de sus hijos y su familia.

La valentía ha sido definida como la determinación para enfrentarse a situaciones arriesgadas o difíciles; está asociada al heroísmo, la gallardía y el valor ya que implica una elección deliberada frente a circunstancias dolorosas o aterradoras, en aras de un objetivo digno.1

Cuando una persona es valiente, logra vencer sus temores o dudas y actúa con decisión y firmeza. La valentía se demuestra en los grandes actos, pero también en las pequeñas acciones cotidianas, como decir una verdad dolorosa a un ser querido o tomar una decisión objetivamente correcta, aunque duela. La valentía es pues, una acción esforzada que parece superar a las fuerzas naturales; el valiente saca fuerzas de donde la gente común no tiene y termina haciendo, por ende, cosas extraordinarias.

Contrario a la valentía se encuentra la cobardía. El cobarde no tiene valor o ánimo para superar las dificultades: siente miedo ante situaciones difíciles o carece de valor para enfrentar acciones peligrosas que conlleven cierto riesgo. Al final de cuentas, la cobardía nunca ha alcanzado logros significativos ni ha sido protagonista en la historia de las grandes decisiones o las batallas ganadas.

Por favor piensa, ¿en qué momento has sido valiente? Reconócete valiente. ¿Qué acción o decisión has tomado que te ha costado o causado dolor, pero sabes que es la mejor, no para ti, pero para el bien común? Reconócete nuevamente. Finalmente piensa, ¿cuáles cosas objetivamente correctas no has tenido la valentía de hacer por miedo o cobardía? Suelta el miedo y actúa.

No demos espacio a la cobardía, mostremos aquellos valores que algún día tuvimos y que hoy posiblemente se encuentran engavetados en un mundo donde lo fácil, lo que no tiene valor o lo que poco importa, vale más que los ideales y los principios.

Seamos valientes. Nuestro país ha tenido ciudadanos ejemplares que han levantado una lucha firme por una sociedad democrática, independiente, con un Estado de Derecho que opere en función al desarrollo y respeto de la dignidad humana, la libertad y la protección de todos sus ciudadanos.

No perdamos la valentía de seguir luchando por el país que queremos, hasta lograrlo. Si no sentimos ánimo, entonces recordemos la valentía de nuestras eternas mariposas e inspirémonos en su historia de acero, sacrificio y amor a la patria. Bien dice la escritura que Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio2, a la vez que nos ordena a que nos esforcemos y seamos valientes porque Él nos acompañará donde quiera que vayamos3. ¡Sé valiente!

 

Sonia Hernández es abogada penalista, exprocuradora fiscal de la Provincia Santo Domingo. Tiene una maestría en Derechos Fundamentales por la Universidad Carlos III de Madrid y una especialidad en Derecho Procesal Penal por la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Actualmente se desempeña como Directora asociada del fortalecimiento del Sistema Público de Justicia para Misión Internacional de Justicia (IJM).

Referencias: