Sobre la radiestesia

La radiestesia o rabdomancia como también es conocido es un método críptico y antiguo por medio del cual un Zahorí o rabdomante a través del uso de instrumentos simples como pueden ser varillas metálicas o ramas, intenta localizar agua, petróleo o minerales en el subsuelo. La idea básica de la radiestesia es que es posible percibir a través de los sentidos y del movimiento de los dispositivos simples los cambios electromagnéticos que se derivan de los cuerpos y las sustancias. Detectar estos cambios sutiles requiere un elevado nivel de concentración y en esencia alcanzar una especie de estado transcendente de la mente, que le permita percibir las sutiles fluctuaciones electromagnéticas que dimanan de las sustancias e interactúan con los sentidos.  He dedicado estas líneas para describir de la forma más directa posible la búsqueda del agua mediante técnicas y métodos pseudocientíficos, que quizá sean necesarios para encontrar los acuíferos de los cuales bombear el agua que pueda alimentar el propuesto despegue del turismo en la provincia de Pedernales.  ¿De dónde vendrá el agua para los miles de habitaciones que pretenden construirse en Cabo Rojo? Con ello se plantea también la cuestión de la energía que requerirá la gestión de una infraestructura que sin dudas mermará los escasos recursos como el agua y la energía eléctrica para la población del Municipio de Pedernales. Más aún el Municipio de Oviedo, el segundo de la provincia nunca ha tenido resuelto una cuestión tan básica como el abastecimiento para agua con fines de uso domiciliario.  La provincia de Pedernales es en sentido general una zona de alto estrés hídrico con una precipitación media inferior a los 600 milímetros de lluvia al año.  Esto quiere decir que la provincia de Pedernales llueve en promedio menos de 80 días al año.  Los acuíferos de la zona del Olivar en el municipio cabecera provén agua para la agricultura y el consumo local ya que el agua en Pedernales es esencialmente escasa, salobre y subterránea.

 

De repente los promotores del turismo en Pedernales han encontrado la forma de resolver estos problemas, lo que no pudo hacer la Alcoa en décadas de exploraciones hidro-geológicas, y que por el carácter innovador de los métodos y de las soluciones se trate de un secreto de Estado.  En términos más prácticos, en el caso de utilización de pozos posiblemente encuentren agua a una profundidad mucho mayor de la esperada con lo cual el bombeo de agua a profundidad tendrá un alto coste económico y también social generado un problema típico de la economía de recursos naturales conocido como “tragedia de los comunes”, en el que un recurso natural con atributos de bien público tiene libre acceso, pero rivalidad en su uso.  Pensar el desarrollo turístico de Pedernales bajo una perspectiva de enclave, como ha ocurrido en zonas del país como Puerto Plata, Juan Dolio, Samaná, Bayahibe o en el eje Punta Cana-Bávaro, enfrenta restricciones ambientales de una escala mayor debido a las características de los ecosistemas localizados en el procurrente de Barahona y que forman parte de las áreas protegidas que integran la Reserva de Biosfera Jaragua-Bahoruco-Enriquillo. ¿Significa esto que no es posible el turismo en Pedernales? Claro que no, sino todo lo contrario. De hecho, Pedernales junto con toda la región suroeste ofrecen la oportunidad para un nuevo enfoque sobre turismo sostenible (ecoturismo, agroturismo, turismo cultural y un largo etcétera), que se centre en el desarrollo regional, en la provisión de servicios para las comunidades locales, en el emprendimiento, en el desarrollo productivo y sobre todo en la inclusión social, pero sobre esto volveremos al final.

 

Sobre el método Pedernales

 

El método Pedernales es harto conocido y para los que no lo conozcan lo resumo apretadamente.  El método sigue un guion bien estructurado que consta de dos partes. La primera parte es la que llamamos la acción y la segunda parte la reacción. La acción se deriva del muy conocido y sempiterno potencial turístico de Pedernales y del atractivo de las playas de zonas como Cabo Rojo o Bahía de las Aguilas y del argumento de la lucha contra la pobreza, con lo que se promueven iniciativas turísticas ya sea por el lado del gobierno mediante planes sectoriales o como parte de una muy dispersa e incrédula iniciativa privada.  El efecto inmediato es la ocupación ilegal de tierras públicas (de las que siempre aparecen una o dos familias que tiene la propiedad original), luego los ocupantes (motivados por supuesto por algunos agentes locales y foráneos), venden los predios a terceros que luego intentan obtener títulos de propiedad.  La segunda parte, la reacción, consiste en la descalificación sistemática de todo aquel que se oponga a la barbarie ambiental acusándolo de oponerse al desarrollo de Pedernales, con un énfasis particular en organizaciones ambientalistas y conservacionistas. En el grupo que se suma a la reacción, se encuentran personas bienintencionadas que se dejan encantar por la promesa de un futuro incierto.  La máxima “el que no está con nosotros, está contra nosotros” es el leitmotiv del método Pedernales, que resurge de vez en cuando pero que su epítome sin sudas fue el caso de Bahía de las Aguilas, cuya síntesis la presento a continuación para la memoria de las presentes generaciones.

 

La cronología de Bahía de las Águilas como objeto de deseo para el desarrollo turístico en Pedernales se remonta a la segunda mitad de los años 90 del pasado siglo XX. Todo comenzó en abril de 1997 con el escándalo por el registro de títulos de la parcela catastral 215-A por parte del Instituto Agrario Dominicano (IAD). En un oscuro proceso de cambio de administración determinados funcionarios actuaron fraudulentamente, asignando lotes inmobiliarios a un grupo de beneficiarios de un supuesto asentamiento agrícola en tierras no cultivables, incluyendo la zona de playa de Bahía de las Águilas equivalente a unos 362 millones de metros cuadrados de superficie.  El escándalo no tardó en trascender a nivel nacional, ante la evidencia de acciones fraudulentas en la asignación de los lotes que violaban la ley dominicana y el estatus de un área protegida, el Parque Nacional Jaragua, del cual Bahía de las Águilas formaba parte.  El fraude contra el Estado dominicano pretendía transferir lotes inmobiliarios en la playa a manos privadas e inversionistas nacionales e internacionales con fines de desarrollo turístico. El proceso legal en defensa de Bahía de las Águilas concluyó 20 años después con el fallo del Tribunal Constitucional dominicano, que a través de la sentencia No. 918 del 28 de diciembre de 2018, reconoció la propiedad del Estado dominicano sobre Bahía de las Águilas y la nulidad de las acciones ilegales denunciadas en 1997.   El trabajo enconado e incansable de figuras insignes como la muy recordada Carmen “Piky” Lora y continuado por su hija la abogada Laura Acosta, quien fungió como representante del Estado Dominicano desde 2013 hasta 2018, recuerdan uno de los grandes hitos en la lucha no sólo contra la corrupción y la apropiación ilegal del patrimonio público, sino a favor de la conservación de los recursos naturales y la biodiversidad de nuestro país.

 

Sobre el turismo en Pedernales

 

Aprovechando la supervisión de campo que tenía pendiente de uno mis alumnos de doctorado en ciencias ambientales que desarrolla su tesis en la zona norte de la provincia, concretamente a la zona de Aguas Negras, Mencía y La Altagracia, me desplacé muy recientemente a Pedernales.  Así como el método radiestésico requerirá que los promotores de la nueva oleada de desarrollo turístico de Pedernales tengan que contratar un gran número de zahories para encontrar agua, el Estado dominicano tendrá que dar una justificación muy creíble y transparente para justificar la enajenación del patrimonio del estado Dominicano en una empresa en la que tendrá que poner todo el dinero en el desarrollo de las infraestructuras, ya que ningún empresario turístico o inversor nacional o internacional aportará un solo centavo para el desarrollo de infraestructuras cuya sostenibilidad ambiental y económica está en tela de juicio. Un ejemplo de esta situación un tanto nebulosa es el caso del muelle turístico en construcción en Cabo Rojo con financiamiento de Fiduciaria Reservas prácticamente sobre un arrecife sin una evaluación profunda conocida de su estado de conservación. El estado dominicano y la comunidad científica sabe muy bien de la situación alarmante en la que se encuentran los arrecifes en la región del caribe, saben de su responsabilidad con estos ecosistemas altamente productivos y necesarios para actividades económicas como la pesca y de su importancia transfronteriza y me pregunto ¿dónde está la evaluación de su estado de conservación? En todo caso siempre es posible construir en un emplazamiento más cercano y propicio para minimizar el impacto ambiental sobre la salud del arrecife potencialmente afectado.  ¿Quién y cómo se toman decisiones tan importantes? Una vez más quizá todo está controlado y simplemente no lo sabemos o en nuestra vetusta ignorancia no llegamos a entender la magnitud de estos propósitos desarrollistas.

 

Otro ejemplo es el caso del Aeropuerto de Cabo Rojo. ¿En dónde se construirá?  El aeródromo de Cabo Rojo tiene décadas de construido y durante los años de operaciones de la Alcoa Exploration Company era parte de la infraestructura de servicios de la explotación minera.   Más aún en días recientes con el apoyo de la Dirección General de Alianzas Público-Privadas se acaba de anunciar la realización de vuelos domésticos desde el Aeropuerto Joaquín Balaguer (el Higüero) hasta el aeródromo de Cabo Rojo. Simplemente me gustaría saber cuáles son los planes concretos con respecto al aeropuerto que movilizará las decenas de miles de turistas que llegarán a Pedernales. ¿Se ampliará el aeródromo de Pedernales que por lo visto está en tan buen estado que comenzará a recibir vuelos regulares desde Santo Domingo? ¿Se construirá en Sabana Sansón en medio de las comunidades de Tres Charcos y Manuel Goya en el Municipio de Oviedo?  ¿No tendría más sentido maximizar las operaciones del Aeropuerto Internacional María Montés localizado a menos de dos horas de Pedernales y construido como parte el desarrollo del Polo Turístico de Barahona? ¿No tiene más sentido pensar en enfoque de desarrollo regional en donde las comunidades y municipios de la región Enriquillo (con todos sus atractivos) primero mejoren sus condiciones de vida e infraestructuras de servicios públicos básicos (carreteras, caminos, acueductos, alcantarillado) y que luego o en paralelo sean objeto de un turismo distinto, acorde con su riqueza cultural y patrimonio natural? ¿Cómo es posible que el corto tramo de carretera que comunica la comunidad de Mencía con La Altagracia en Pedernales sea insufrible para los cientos de familias dominicanas que viven de la producción de café y de otros rubros agrícolas cuando se pretenden inversiones multimillonarias a poca distancia?

 

En términos sociales, económicos y ambientales por simple inspección, los números no cuadran a no ser que se cuente con ellos y que no sean de público conocimiento.  Particularmente estoy interesado en ver los análisis de sensibilidad en los que basa todo el esfuerzo financiero actual para promover el turismo en Pedernales a través del Fideicomiso creado para tal fin. ¿Quién está asumiendo los riesgos? ¿Quién está pagando primero? ¿Se han considerado las externalidades negativas y los trade-off (compensaciones) en materia económica, ambiental, social y urbana? ¿Se imaginan un Pedernales sobrepoblado sin los servicios e infraestructuras que sostengan un acelerado crecimiento urbano en una zona en la que ni con una horda de zahoríes buscando agua será posible satisfacer las demandas de todos?  Una de las cuestiones que más me ha impactado es que en el Decreto 724-20 que creó el Fideicomiso Pro-Pedernales en ningún momento se hace referencia a la existencia de la Reserva de Biosfera Jaragua-Bahoruco-Enriquillo creada en 2002 por el estado dominicano con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura (UNESCO), a través de su Programa MAB (Hombre y la Biosfera).  Esta reserva alberga importantes áreas protegidas como el Parque Nacional Lago Enriquillo e Isla Cabrito, el Parque Nacional Sierra de Bahoruco y el Parque Nacional Jaragua (que ocupa la porción Sur del procurrente de Barahona incluyendo la Laguna de Oviedo, Bahía de las Aguilas y las Islas Beata y Alto Velo).

 

Una figura como la reserva de Biosfera no es una barrera al desarrollo, más bien promueve un enfoque que hace compatible la conservación con el desarrollo económico, lo que pudo ser un gran argumento a favor del indicado fideicomiso. Quiero pensar que la omisión de la reserva de Biosfera en todo el andamiaje del Fideicomiso Pro-Pedernales fue más por ignorancia de la figura que por una decisión deliberada, porque esto último sí que sería grave.  A finales de 2021 en colaboración con colegas de las universidades de Wagenigen y Maastricht (Países Bajos) escribimos un artículo científico titulado “At a Conservation Crossroad: The Bahoruco-Jaragua-Enriquillo Biosphere Reserve in the Dominican Republic” cuya lectura recomiendo a quienes estén interesados en una perspectiva más económica sobre la Reserva de Biosfera Jaragua-Bahoruco-Enriquillo y Pedernales.

 

 

 

 

 

Sobre el turismo como parte de un modelo regional de desarrollo

 

Para concluir no creo que nadie con sentido común se oponga al desarrollo de Pedernales. Más bien una provincia como Pedernales, así como toda la región suroeste, lo que requiere precisamente es de un amplio y mayor estímulo al desarrollo económico y la inclusión social. La brecha con otras regiones del país en materia de desarrollo humano y provisión de servicios públicos e infraestructuras muestra los problemas de cohesión social asociados con las desigualdades territoriales en nuestro país. Más inversión en carreteras, acueductos, alcantarillados, escuelas, hospitales, universidades, incentivos a la producción agrícola y a la transformación productiva de los sectores tradicionales es lo que requiere el suroeste y Pedernales para desarrollarse. El turismo sostenible debe ser parte una combinación de políticas públicas (policy mix) orientado profundamente al desarrollo sostenible y la cohesión social del territorio. En ese sentido espero que la ampliación de la carretera Barahona-Pedernales se termine antes del 2024 y que se completen otras infraestructuras de apoyo al desarrollo comunitario.   He visto noticias recientes en las que el presidente de la República Luis Abinader, anunció un conjunto de obras de desarrollo comunitario para la región así como la creación de un centro de formación turística en Barahona, ese es el camino.  Un modelo de desarrollo turístico sostenible, que alcance a toda la región y que potencie las infraestructuras existentes como el Aeropuerto María Montes o el puerto de Barahona y que construya el capital humano necesario para la región, es hacia donde debe moverse un Sur que clama por existir. En Cabo Rojo es posible un desarrollo hotelero de baja a moderada densidad, que más bien no alcance todo el potencial de la capacidad de carga del entorno (la física, la de manejo y la efectiva), sino que la modere para generar una demanda de servicios menos densos, de mayor calidad turística y ambiental y con una oferta más exclusiva. Piensen muy bien sus números.  No saturen Cabo Rojo, esa sería una mala decisión que sólo creará elefantes blancos y en donde sólo habrá perdedores ya que el turismo en Pedernales no puede ser un juego de suma cero con la naturaleza, sino de tipo cooperativo con ella. El que sepa entender que entienda.

 

Ni radiestesia ni el método Pedernales

 

Particularmente creo que los que están en contra del desarrollo de Pedernales, son aquellos que venden el sueño del turismo de enclave sin pensar en las consecuencias sociales, económicas y ambientales de un desarrollo irresponsable y mezquino con la naturaleza.  Ni la radiestesia ni la reedición del método Pedernales son las vías para que la provincia y la región despeguen en materia de desarrollo.