Porque: “Los únicos que te dicen la verdad se llaman tiempo y festino”.

La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad. Mann.-

 

Supuestamente, todas las agencias de inteligencia tienen una unidad de contrainteligencia que trabaja en conjunto con la primera, cuya tarea consiste en investigar a todo el mundo, comenzando por los propios integrantes de la agencia, asegurándose de que los miembros propios, sean los primeros en cumplir debidamente con sus obligaciones. Esto, por ejemplo, aquí, es prácticamente inoperante, a menos que no sea para producir daños a propios y externos con chismes que, normalmente, se producen por envidias, celos o malas pretensiones para producir daños, tal y como acontecía durante la tiranía del Perínclito.

Esbirros, les decían, y con mucha razón, ya que no hay peor cosa dentro de un ser humano que tener la condición de chismoso, y si este es empedernido o enfermizo en este tipo de comportamiento y llega a ocupar un cargo dentro del Estado, más temprano que tarde se convierte en un complotador, aún sea en contra del mismo a quien le hacía llegar sus chismes, porque a quien le gusta recibir este tipo de mensaje, por igual debe preparase para la traición, debido a que este tipo de acción, lleva implícita la semilla de su propia destrucción.

Fijémonos por ejemplo en la Policía Nacional, donde a sotto voce se asegura que esa entidad conoce a todos y cada uno de los delincuentes, principalmente, en los barrios y en el interior del país, pero, sin la existencia de una contrainteligencia que asegure que esos agentes del área, no se conviertan en cómplices de quienes deben de perseguir y todo, por la famosa borona de los viernes, conocida por todos, pero, atacada por nadie. Quizás ya esto se haya convertido en una costumbre que con el paso del tiempo la vista se hace corta o quizás por conveniencia, ya que, el que era raso hoy es el teniente y el supervisor era compañero de este. Pero, lo que nadie podrá, ahora ni nunca, es obviar o minimizar esta realidad y la confabulación existente desde abajo hasta arriba, sin importar las teorías o justificaciones que enarbolen quienes están llamados a ponerle fin a este contubernio entre la autoridad y el bandidaje. Claro, que la conveniencia inclina a distorsionar los hechos y hasta justificar por teóricos disfuncionales creadores de falsas soluciones, buenas en papeles y en el gasto de papeletas, pero, de pocos efectos y soluciones.

Quizás y reconozco, que este sea un ejercicio fútil, el insistir ordenar las distorsiones que desde otrora se lleva a cabo dentro de los servicios de inteligencia del Estado, pero existe una negación acérrima a admitir este hecho. Si se preguntase la cantidad de información con alguna validez que producen los miembros “naturales” de estos organismos, a cualquiera le da un patatús y de la contrainteligencia siquiera hablar. Pero, a pesar de esto, aún no he escuchado a alguien hablar o referirse a los grandes escándalos que hoy están en los tribunales y el cómo pudieron producirse los mismos, sin que saltaran las alarmas en los servicios de inteligencia, tanto de las FF. AA; la P.N. como del mismo Estado. ¿O si se escucharon y alguien las acalló?

Y es que cada teórico se desvive por dejar su impronta como sello de su ego, sin hablar del costo que esto conlleve, y, sin importar si tiene o no importancia. Se van a lo grande y olvidan los detalles, aquellas pequeñas cosas que puedan dar el triunfo o provocar el fracaso, y, que la filosofía la define como, la esencia de las cosas. Solo deberíamos ver como inventando organismos, hemos fabricado una burocracia esclerótica, donde los engranajes se atascan y por eso las creaciones de cosas como una unidad especializada antirruidos de la P.N. en vez de globalizar la instrucción y el adiestramiento de esta, de acuerdo con las circunstancias, como era antes un policía, conocedor de sus deberes y sus derechos, lo que conlleva a la eficiencia y al respeto. ¡Sí señor!