Opinión

La farsa del juicio de Trujillo contra los directivos de Radio Caribe

En la bien orquestada farsa, el fiscal del Distrito Teodoro Tejeda Díaz dictó mandamiento de prisión, enviándoles por un día a la cárcel de la Victoria, pero en cuestión de horas el Dr. Ramón Pina Acevedo interpuso un recurso de Hábeas Corpus a favor de los acusados.

Por Reynaldo R. Espinal

Hacia febrero de 1960, Trujillo, junto a Jhonny Abbes, acogiendo la recomendación del senador demócrata norteamericano George Smathers, decide fundar una emisora que, bajo la fachada de ser una estación radial privada, liderara la propaganda del régimen hacia el exterior, dada la poca credibilidad que, a decir del Senador Smathers, estaban teniendo las emisiones de “La Voz Dominicana”, propiedad del hermano del dictador, José Arismendi Trujillo, mejor conocido como “Petán”(1).

De este modo nació Radio Caribe, en junio de 1960, figurando como su propietario, para fines legales, un mediano empresario de la hípica y la publicidad, José Martí Otero.

La misma se convirtió en el más poderoso frente de ataque, prohijado por el tirano, contra los obispos, el clero y el pueblo creyente  al tiempo que denostaba sin tregua al liderazgo democrático latinoamericano y al régimen de Cuba.

Su campaña feroz de envenenados dicterios; su agresivo lenguaje, rayano casi siempre en lo soez y rastrero, contribuyeron a ensanchar aún más el abismo del desencuentro abierto entre la Iglesia y el régimen, tras la publicación de la Carta Pastoral de enero de 1960.

En actitud abiertamente satírica, se creó en Radio Caribe la sección “Il Nostro Osservatore, pero no romano, sino dominicano”, responsabilidad de Santiago Lamela Geler, columna que, a su vez, era reproducida en el periódico La Nación, al igual que sus editoriales y comentarios.

La sátira procuraba imitar  el título del periódico oficial de la Santa Sede, “L’observatore romano”. Los títulos de los editoriales contra la Iglesia católica manifestaban abiertamente la virulenta animadversión del régimen: “Predican humildad, pero no la practican”; “Reilly, Obispo al servicio del crimen”; “El Clero detracta derechos del pueblo”; “Hechos y andanzas del curato en la Vega”; “Amenaza de invasión de sotanas”; “Contra la inmigración de más curas”, por solo citar algunos ejemplos.

El 12 de octubre de 1960, al celebrarse un tedeum en la Catedral de Santiago, con motivo de conmemorarse un nuevo aniversario del descubrimiento de América, monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, hizo público su rechazo a los furibundos editoriales que contra sacerdotes y obispos emitía Radio Caribe, y que habían alcanzado un tono inaceptable.

Especialmente uno, titulado “Movimiento Clero-Cultural”, hería sensiblemente la dignidad del Clero.

En sus palabras, Polanco se pronunció con firmeza:

Aquellos que escriben y leen tales editoriales están haciendo, con intención o sin ella, no lo sé, una labor que hace daño al gobierno nacional. Ante la provocativa actitud de sus editoriales el pueblo dominicano está alarmado…cada día se nota más la angustia de muchas almas, que sienten en lo vivo todo ultraje a su religión que es la religión del pueblo dominicano... Es bueno que sepa dicha emisora que la Pastoral de enero se firmó responsablemente, como deber ineludible de conciencia de Pastores del rebaño de Cristo”. (2).

Al tiempo que Monseñor Polanco protestaba por los desconsiderados editoriales de Radio Caribe hacia la Iglesia, la Nunciatura Apostólica elevaba también su protesta diplomática ante la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores, delicado asunto que recayó bajo la responsabilidad del Embajador Carlos Federico Pérez, quien a la sazón ocupaba interinamente su titularidad.

Ante la referida protesta, Pérez se vio precisado a llamar a su despacho al comentarista y supervisor general de la emisora, Santiago Lamela Geler para informarle de la petición de la Santa Sede para que se evitara la acritud y el tono ofensivo de sus comentarios contra la iglesia, los obispos y los sacerdotes.

La reacción del virulento comentarista no se hizo esperar:

Queremos decirle al Señor Canciller interino, que nuestro editorial con respecto a la actuación de los curas traidores y conspiradores que intentaron perturbar la paz pública, estaba demasiado dulcificado.

Lo que en la ocasión se dijo, no es ni la centésima parte de lo que debió decirse y, los términos empleados para calificar a ese grupo de bandidos, encabezados por el Nuncio Lino Zanini, fueron excesivamente conservadores. Ellos merecen más de lo que se le dijo.

Si el Canciller interino, copia fiel del verdadero, tiene tiempo, le invitamos a que lea la Carta Pastoral, asquerosa y mal intencionada que lanzaron los señores Obispos contra el Gobierno, que es como decir contra el pueblo dominicano, porque aquí pueblo y gobierno eran una misma cosa. Que la lea, para que vea cómo los señores Curas, dentro de los fines conspirativos de la mencionada Pastoral, exigen que haya libertades.

Esas libertades las estamos ejerciendo nosotros y quien, como el Canciller interino pretenda coartarlas, está dando margen a que esos curas tengan motivos para seguir conspirando en la misma forma. El que coarta esas libertades, puede ser incluido, dentro del llamado “Movimiento Clero-Cultural” que equivale a decir, dentro de la conspiración contra el pueblo dominicano”. (3).

El 14 de octubre de 1960,  el periódico El Caribe editorializaba en torno al conflicto, lo que motivó, en la misma fecha, una carta respuesta del Canciller Pérez en los siguientes términos:

Me refiero a su editorial de esta fecha acerca de la entrevista sostenida por el suscrito con el Señor Lamela Geler, funcionario de esa emisora, en relación con el editorial Movimiento Clero Cultural radiodifundido el 8 de octubre en curso.

Cité, en efecto, al mencionado Señor por considerar, como sigo creyéndolo, que en vista de la representación originada a causa de dicha nota por parte de la Nunciatura Apostólica, incumbía a la Cancillería limar cualquier aspereza capaz de producir la falsa impresión de un alejamiento en nuestro país entre la potestad política y la potestad espiritual, circunstancia que no se compadece con nuestra realidad social y política, como lo puso de manifiesto el Generalísimo Dr. Rafael Leonidas Trujillo, quien afirmó magistralmente la armonía y el acuerdo que deben existir entre ambas en un trascendental discurso pronunciado en la Catedral de Santiago de Los Caballeros.

Me movió a ello, además de la conciencia de los deberes de mis funciones, mi condición de católico, que es la misma de la universalidad del pueblo dominicano y de los componentes de su Gobierno, y muy especialmente de su inspirador y guía, el Benefactor de la Patria, cuyo catolicismo se pone ejemplarmente de manifiesto precisamente en estos días cuando él apadrina el derramamiento de las aguas del bautismo sobre una multitud de futuros ciudadanos dominicanos.

Considero que la calidad que pueda acreditarme como funcionario es tributaria de mi fe política, vinculada al Generalísimo Trujillo, cuyo liderato como cabe a su esencia democrática y representativa, obedece invariablemente al mandato ineludible de los imperativos históricos que han dado base a nuestra formación nacional.

Ni remotamente presumía, al llevar a cabo esta gestión, dentro de términos amistosos y persuasivos, que por virtud de mi llamamiento iba a descubrir que Radio Caribe repudia la fe católica con la misma animosidad y destemplanza de un fanático protestante o musulmán”. (4).

La política maquiavélica de Trujillo, al tiempo que ordenaba los ataques a los obispo y el clero, a través de su atalaya propagandística, procuraba dar demostraciones de estar en desacuerdo con los mismos; pero más aún, propició meses después  la farsa de un juicio a los entonces directivos de radio caribe, forma aviesa de intentar demostrar que los mismos actuaban al margen de sus designios.

Fue así, como el director de Radio Caribe, Mario Álvarez Dugan, el comentarista Santiago Lamela Geler, el administrador Manuel Jiménez Herrera y el jefe administrativo de la misma Porfirio Berroa Carbuccia (Billy), fueron conducidos ante el procurador general de la República Federico Cabral Noboa acusados de violar el artículo 8, acápite 7 de la Constitución vigente referido a la libertad de expresión y los artículos 367 y siguientes del Código Penal que castigaba la injuria y la difamación contra particulares.

En la bien orquestada farsa, el fiscal del Distrito Teodoro Tejeda Díaz dictó mandamiento de prisión, enviándoles por un día a la cárcel de la Victoria, pero en cuestión de horas el Dr. Ramón Pina Acevedo interpuso un recurso de Hábeas Corpus a favor de los acusados, por ante la Segunda Cámara de lo penal del juzgado de Primera Instancia sobre quien recaía la atribución en lo referente al indicado recurso.

Preguntado Lamela Geler en torno a sus convicciones religiosas manifestó: “fui católico en una ocasión, pero ahora soy panteísta”. Álvarez Dugan y Berroa, ante la misma cuestionante respondieron: “somos libres pensadores”.

Pina Acevedo aprovecharía la ocasión de la defensa de los acusados para enrostrar a Tejeda Díaz su condición de católico: “los exponentes han sido reducidos a prisión arbitrariamente por orden del católico magistrado procurador fiscal del Distrito Nacional”.

Al propio tiempo, se referiría a la supuesta inconstitucionalidad del Concordato:

A nuestro juicio, y es una cuestión de fondo que analizaremos oportunamente, para demostrar la inconstitucionalidad del Concordato vigente entre la República Dominicana y la Santa Sede, la actual situación jurídica de los miembros del clero, los coloca, sin distinción posible, en la silla del funcionario público, y por ende, sujetos a las previsiones de nuestro código penal, en lo que a difamación o injuria se refiere y en la aplicación, en todas sus consecuencias, del sabio Decreto-Ley del Dr. Báez”. (5).

Acogiendo el referido recurso, como era de esperarse, los acusados fueron puestos en libertad, pero la ocasión fue aprovechada con más intensidad por Radio Caribe para endurecer sus ataques contra la Iglesia.

“Il nostro  observatore”,  del 2 de marzo enfilaría sus ataques contra Monseñor Beras:

Parecía como si se quisiese volver a los tiempos de la inquisición pero de una cosa pueden estar seguros, y es que va a dar mucho, pero mucho trabajo, sumir este país en el oscurantismo y la ignorancia que conlleva el predominio de la fe católica.

¿Y qué dice a todo esto el reverendísimo Monseñor Beras? Porque él es el único ensotanado que falta por meter la cuchara. Ni huele ni hiede. Sería bueno que dijera por lo menos unas palabritas por la famosa emisora de Santo Cerro, porque el titular de la estación Santa María ya está patinando y continúa diciendo babosadas.”. (5).

Al día siguiente continuaron los ataques:

Se rumorea que Monseñor Beras está igual que los pequeños barcos de cabotaje: esperando el aviso meteorológico sobre el estado del tiempo antes de salir a mar abierto. Es decir, mirando a ver de qué lado sopla el viento antes de sacar la cara.

Esto no es más que un rumor. Pero la verdad del caso es que el ilustre purpurado, que tanto le gusta salir en fotografías junto a Papá, no se ha dejado ver el pelo desde que comenzaron a repartir verdades”. (6).

Así se sucederían los meses finales de aquella infernal maquinaria propagandística, expresión viva de un  clímax angustioso, signado por la violencia y la desmesura, del régimen que a pasos agigantados caminaba sin punto de  retorno hacia su irreversible colapso.

Referencias.

1.- Collado, Lipe. Radio Caribe en la era de Trujillo. Editora Collado, Santo Domingo, República Dominicana, 2008. Págs. 101 y 101.

2.- “Obispo de Santiago censura a la emisora Radio Caribe”. El Caribe, 14 de octubre de 1960, pág. 1.

3.- Denuncia a Canciller Interino. Un Editorial de Radio Caribe. Periódico La Nación. 12 de octubre de 1960. Pág. 5.

4.- “Canciller interino explica cuestión de Radio Caribe”. El Caribe. 14 de octubre de 1960, pág. 1.

5.-“Il nostro obsservatore”. La nación. 2 de marzo 1961.

6.- Idem

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