La apelación a la democracia formal para ocultar las dictaduras fue común durante el siglo XX en el continente latinoamericano y el Caribe. Hubo coyunturas, como el final de la Segunda Guerra Mundial, en que varios pueblos latinoamericanos pudieron retornar a la democracia, aunque en muchos casos de manera efímera. “Hacia 1944, como fruto lógico de las contradicciones económicas y políticas originadas por la guerra mundial (…) los pueblos barrieron con casi todos los dictadores o con los residuos de tiranías, con la excepción de Trujillo y de Somoza y con la pérdida lamentable de la democracia colombiana, único lugar donde el pueblo perdió francamente la batalla. Entre 1944 y 1948 Trujillo y Somoza se vieron muy asediados, ya por movimientos domésticos, ya por la presión externa.  (Bosch, 2009, v. XIV, p. 207) En el caso de Trujillo fingió una apertura hacia 1946 invitando a opositores a regresar y participar en política y algunos cayeron en ese gancho, pero Bosch siempre tuvo claro que era una patraña que el dictador utilizó para capturar a exiliados opositores y alinearse con sus amos norteamericanos. Esa breve primavera con el respaldo de los Estados Unidos finalizó en pocos meses cuando se inició la Guerra Fría y el imperialismo norteamericano volvió a respaldar a dictadores aliados de sus intereses económicos y políticos. Trujillo sobrevivió a esos cambios de dirección de sus aliados en Washington y no fue hasta el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 que objetivamente su poder comenzó a estar en cuestionamiento.

Gráfico elaborado por Thelma Vanahí Álvarez Bello

El caso del 1946 implicó a Bosch en un celebre encuentro con el cónsul trujillista en Curazao y la expectativa que le creo de poder entenderse con el tirano, que ya hemos tratado en otra Veritas liberabit vos, pero fue una estratagema de Bosch para poder sacar de esa isla a un luchador antitrujillista que se encontraba en dicho territorio. Una vez logrado ese objetivo Bosch rompió ese vínculo.

Uno de los vehículos utilizados por dictaduras y en procesos políticos donde la democracia es débil, es el control, compra o censura de la prensa, sea el medio en su totalidad o los periodistas. Bosch lo trata en su libro analizando las modalidades de los dictadores en el poder en los años 50 del siglo pasado. “ Es frecuente que en la redacción de un periódico de tendencias democráticas —y recordamos que sólo los hay en Nicaragua y en Cuba, porque en Santo Domingo la prensa es en su totalidad propiedad de Trujillo, o está sometida a él, y en Venezuela se halla bajo censura— haya un periodista al servicio de esa maquinaria de infamias, y en un momento dado, cuando el director no puede, por alguna razón, evitarlo, aparece en sus páginas uno de esos ataques”. (Bosch, 2009, v. XIV, p. 210) Estudiar la prensa trujillista, que era toda la prensa en la dictadura, impone trabajarla como el negativo de una foto, donde lo que se dice hay que pensarlo como opuesto a la realidad o distorsionada. En el trujillismo se hizo famoso el Foro Público donde la dictadura mediante el chisme y la infamia atacaba a opositores de la tiranía o presionaba a funcionarios para que expresaran su adhesión al jefe. Todavía heredamos del trujillismo la difusión de rumores y difamaciones en la prensa y los nuevos medios de divulgación en las redes sociales, incluso la cantidad de comunicadores asalariados por sectores del gobierno (bocinas) y políticos es muy común, y en el caso de intereses económicos poderosos la comunicación ha pasado a ser una miserable suerte de relaciones públicas.

Esa práctica abarca en la actualidad sociedades desarrolladas como Fox News en Estados Unidos y su difusión de mentiras del expresidente Trump. En el caso de CNN en español es evidente la manipulación de noticias sobre la política latinoamericana para favorecer gobiernos y políticos de derechas y denostar a los de izquierdas, como recientemente una periodista catalogó a Bolsonaro como un político de derecha moderada. Una cosa es evidente, en ocasiones cuando CNN cubre unas elecciones y la izquierda va camino de ganar, su transmisión reduce la importancia de la noticia.

Sigue Bosch con el tema de la prensa en Póker de espanto en el Caribe: “Es frecuente también que en la casa de gobierno de un país democrático haya uno o dos funcionarios que diseminan rumores bien pagados por uno de los tiranos. No hay vicio, debilidad o crimen que no se les impute a los dirigentes de oposición; y la acusación se repite incesantemente, aquí y allá, en voz baja o en la prensa vendida; se envía a los cuerpos de policía, a las bibliotecas, a las cancillerías extranjeras. No hay medida para la calumnia; cuanto más espantosa, más útil”. (Bosch, 2009, v. XIV, p. 210) Esa modalidad de perversión de la prensa la vivió Bosch siendo exiliado y de manera dramática en la campaña electoral del 1962 y durante todo su ejercicio como presidente en el 1963, hasta que fue derrocado. El trujillismo en varios medios de comunicación dominicanos se prolongó más allá del ajusticiamiento del sátrapa. Para el ejercicio democrático pleno se requiere una prensa veraz y crítica, que no sea un peón del gobierno, ni de la oposición. Lamentablemente la dependencia de la prensa escrita, radiofónica y televisiva de la publicidad estatal se ha convertido en un medio de influencia nefasto para el ejercicio periodístico independIente, sumado a los bajos salarios de los periodistas y comunicadores que terminan siendo asalariados de diversas dependencias estatales.