El concepto de “Escuela del espectador” se nutre de una audiencia conformada por un público diverso que tiene miradas diversas sobre la película que se proyecta en pantalla o pantallas. Pero el cine es más que la pantalla. La imagen-cine que se reproduce ante el espectador de cine (o video, televisión, animación, publicidad audiovisual), genera también una opinión y donde se narra un tema y la historia que parte de una organización de un determinado mundo cinematográfico.

Cinéfilos y cinéfilas, cinefilias alternativas, cinefilias del deseo, cinefilias eruditas, cinefilias científicas, ecológicas y muchas otras más constituyen el gran saber del arte cinematográfico. Según Laurent Jullier y Jean-Marc Leveratto han escrito en un libro titulado Cinéfilos y cinefilias (2012), se asiste a una cultura reconocida por un público testigo de la obra fílmica divulgada, pensada,  conversada, debatida como forma de divulgar historias en movimiento, narrativas culturales y sociales e ideológicas en imágenes en movimiento. Todo lo cual tiene un fundamento estético, social, bibliográfico, temático, literario, científico y comunicativo, entre otros.

Alguien ha dicho que el cine es una rama de la literatura. Tanto el cinéfilo, como la práctica misma de la cinefilia tienen un contexto cultural, formativo e institucional, esto es, un apoyo en la industria de los medios masivos de comunicación, en el orden sociocultural, en el contacto con historias reales o ficticias y por sus fines educadores.  La información técnica y cultural sobre las imágenes en movimiento constituye fuerzas explícitas de lo real y el deseo. Lo que quiere decir que el cine abarca toda una concepción agentiva y práctica  determinada por su carácter de producción y productividad.

En el caso de  la cinefilia existen varias formas que se definen en la teoría, en la pràctica y en los niveles de recepción del cine; lo que hará posible un vínculo real e imaginaria entre el producto  exhibido y el público que consume dicho producto. De esta manera existe o se conforma:

  1. Una cinefilia impresionista que consume cine sin un criterio definido de recepción.
  2. Una cinefilia erudita que se define por su compromiso de análisis y debate del producto cinematográfico.
  3. Una cinefilia viciosa y parasitaria que se ha conformado por la necesidad del ver y percibir cine.
  4. Una cinefilia que vive y se reconoce en el diálogo de lo público y lo privado.

Ambos tipos de cinefilias, cinéfilos y cinéfilas se han afirmado en toda la historia social y cultural del cine. En muchos casos la diversidad cinéfila se complementa siguiendo un quinto tipo de cinefilia abrazada por un espectador en libertad de escogencia e identificación en libertad teniendo como punto de partida la diversidad.

La audiencia cinematográfica conformada por cinéfilos de todo tipo implica también una instrucción cultural, estética, informacional, académica y liberadora. Esto implica que toda práctica cinéfila construya un discurso espectatorial, pero también especializado en el cine entendido como máquina de producir ideales en movimiento.

Aquel mundo cinéfilo puesto en escena implica también la organización de dos espacios o más, que en el caso del cine implica un trabajo constructivo, pero ceñido a la historia técnicamente segmentada en cuanto al orden que supone un desarrollo en el espacio interior y exterior. El concepto de puesta en escena proviene del ámbito de las artes escénicas, pero el cine lo refiere y lo adopta como diseño particular de los aspectos de la dirección o producción  cinematográfica.

El concepto también es usado en la ópera, dramas musicales, espectáculos públicos, danza moderna, teatro callejero, circo o deporte, donde el actor le da sentido a los distintos ejes pragmáticos que constituyen el arte de la dirección y producción de espectáculos. En el caso de la televisión, las ceremonias públicas, las festividades y otras manifestaciones antropológicas, el cine mediante el rodaje elabora el guion utilizable como mecanismo en la puesta en escena cinematográfica. El cinéfilo aspira a lo mismo, pero desde su presencia como testigo del hecho cinematográfico.

La escenificación, en cualquier proyecto o puesta en marcha del trabajo cinematográfico, implica una estrategia de la “puesta en escena”, porque cuando decimos puesta en escena caracterizamos este fenómeno en base al estilo, mediante el cual propiciamos la organización del espectáculo cinematográfico.

Así, encontramos una gran diferenciación entre las diferentes puestas en escena de la mirada. En cuanto al cine  tenemos diversos tipos de puesta en escena:

Clásica, realista, ambientalista, constructiva, ecléctica, experimental, dialéctica, minimalista, naturalista y otras que constituyen el nivel de aceptabilidad artística del espectador o cinéfilo, en lo que se entiende por proceso de significación de un proyecto o una obra cinematográfica. Desde allí se pueden distribuir los campos de fuerzas que intervienen en un espectáculo; lo que quiere decir que los detalles del mismo concurren allí donde hay que tener destrezas adquiridas. Se debe tomar en cuenta la competencia significativa. Tanto el cinéfilo como el cineasta deben tener  visiones de una misma práctica significante, esto es,  una cardinal que proponga lo que se ha llamado también una particularidad de realización y comprensión de la obra cinematográfica.

Así las cosas, la complejidad del cine ayuda a tener en cuenta un lenguaje, una información, una concentración de niveles con modos de ver o interpretar una puesta en escena de los sentidos, elementos legibles y que deben tenerse también como estrategia alternativa en el marco del fenómeno.

Gianfranco Bettetini produjo una visión semiológica de la organización audiovisual, a partir del concepto de escritura, ámbito de subjetividad y entendimiento de la complejidad de la mirada. Toda su perspectiva semiótica invita a conocer los signos, estados de sensibilidad para la interpretación y comprensión del cine como acto vivo y activo del conocimiento complejo del arte.