Desde la Comunidad

La amarga miel del engaño

Tenemos el deber moral de hacerle la guerra abierta a la miel de abeja falsificada que está, masivamente, como mercancía de venta en los negocios.

Por Rafael Nino Féliz

Nuestro país -como todos los países y pueblos del mundo- es una mezcla de virtudes y defectos. Es como aquello que aprendimos y desaprendimos en las aulas universitarias. En mi caso, en mis clases de filosofía con el maestro Enrique Patín Veloz. Recordamos aquella teoría de los valores y contravalores. Rindo homenaje a su memoria y a su magisterio.

La cultura del engaño también envuelve a las mieles, no a las del poder, sino a aquel producto medicinal utilizado a nivel popular, tan importante para la salud humana. Yo, que tuve el privilegio de criarme entre las abejas, debo sentir como una daga en el pecho, ver la miel de abeja adulterada, indolente y perversamente por los comerciantes del engaño. Yo puedo, por simple inspección, empezando con el olor, saber si una miel de abeja está adulterada.

Muy pocos de los lugares de expendio de supuesta miel de abeja, tienen miel pura. La inmensa mayoría está adulterada; otras son otras cosas, menos miel. No tienen una sola gota de miel de abeja. La rentabilidad, utilizando el engaño a los ciudadanos es sencilla: a un galón de pura miel, le agregan cuatro galones de melaza o cualquier otra cosa. Menos miel de abaja. Por eso cuando usted la huele, le sale el olor a melao.

Las empresas dedicadas a la comercialización de falsa miel de abeja son muchas. Algunas tienen bellas etiquetas en la promoción de sus productos y también tienen estéticos mensajes para engañar.

Me he dedicado a estudiar y dar seguimiento a este fenómeno. Hace un tiempo que leí uno, que, en su bella envoltura publicitaria, decía: "...las abejas que fabricaron esta miel, viajaron miles de kilómetros para buscar el puro néctar de las mejores flores". Imagínese.

Pienso que los organismos del Estado encargados de perseguir este delito, deben desarrollar un gran trabajo para iniciar una gran jornada persecutora de este fraude, que estafa públicamente a nuestra ciudadanía. Tenemos el deber moral de hacerle la guerra abierta a la miel de abeja falsificada que está, masivamente, como mercancía de venta en los negocios.

La mejor forma de conseguir miel de abeja pura es encargar a una persona de confianza para que nos la traiga de nuestros apiarios de los campos del país; jamás de las empresas e individuos que la falsifican y la venden en los comercios cómplices de esta estafa pública. La buena miel se conoce por su olor, sabor y textura. Su naturaleza se refleja a simple vista. Si se tiene la experiencia

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