Milton Friedman y Ana Schwartz, plantearon en su obra “La Historia Monetaria de los Estados Unidos 1857-1960” publicada en 1963, que la inflación es, en todo momento y en cualquier lugar, un fenómeno monetario. Esta afirmación se popularizó durante la década de los setenta cuando el liberalismo alcanzó su máximo esplendor y la escuela de economía de Chicago su máximo reconocimiento, teniendo a M. Friedman como líder de este movimiento intelectual.

 

Esta elaboración teórica generaliza una situación de la economía muy particular que podría eventualmente ocurrir, siempre y cuando se cumplan los supuestos que propone este autor. Según Friedman (1969, 2006), si una economía produce al nivel de su producto potencial (usando a plenitud todos sus recursos y factores productivos), un exceso de demanda ocasionado por un incremento del dinero en circulación sería resuelto con un aumento del nivel de precios debido a la imposibilidad de respuesta de la oferta (producto) para restablecer el equilibrio de pleno empleo. Esta afirmación sobre la relación entre el exceso de dinero e inflación fue tan categórica que bordeó la omnisciencia en esta materia, pese a que esto no ocurre ni en las ciencias naturales (física, química, biología) con la precisión teórica propuesta.

La Figura 1 muestra que desde el Siglo XIX, la naciente economía capitalista ha enfrentado crisis económicas frecuentes y ha operado, por lo general, por debajo de su producto potencial y aún en estos casos se ha producido inflación. Un ejemplo de esto es que, durante la recesión de los años setenta se produjo el fenómeno conocido como estanflación (estancamiento con inflación), P. Flaschel (2009). Lo usual en el funcionamiento de las economías capitalistas es el desequilibrio, que ha sido característico hasta nuestros días. A la Figura 1, habría que agregarle la crisis financiera del 2008 y la presente crisis provocada por la pandemia del Covid-19, que ha contraído el producto de la economía mundial en el 2020 y se ha producido inflación sin estar cerca del producto de pleno empleo.

A partir de esta evidencia, resultaría difícil justificar que la inflación es una perturbación del equilibrio de pleno empleo provocado por un exceso de circulación monetaria en la economía dominicana, justamente cuando nuestra economía está creciendo por debajo de su producto potencial, con desempleo y pobreza, lo que no corresponde precisamente con un escenario inflacionario. Tampoco la inflación que enfrenta el mundo ha sido causada exclusivamente por los estímulos fiscales ya que pretendía evitar la contracción de la demanda y que la contracción de la oferta fuera mayor. El proceso inflacionario, también jugó un rol importante en la estabilidad del comercio mundial, sobre todo para economías abiertas como la dominicana.

 

Los recursos que el Banco Central (BC) transfirió al sector financiero no expandieron la oferta de dinero, porque los mismos se quedaron en la banca para re-estructurar los préstamos vencidos y evitar el deterioro del capital de esas instituciones financieras. Durante el tercer trimestre del 2022 comparado con el mismo período del 2019 se perdieron empleos en los sectores de la Construcción (65,709), Comercio (34,230), Administración pública y Defensa (16,421), así como el sector de Enseñanza (8,710). Las pérdidas netas de empleo ascienden a 3,904 puestos de trabajo que representa menos del uno por ciento del total de empleo. No obstante, habría que tener información de si las recuperaciones de puestos de trabajo, que se produjeron en los sectores de agricultura, industria y electricidad y agua, equiparan las condiciones salariales previas, de manera que se mantuviera la calidad del empleo.

En el año del 2019 las transferencias a las familias fueron de RD$178,092.1 millones y en el 2021 de RD$296,059.1 millones, en tanto que el 2022, las ayudas a las familias fueron de RD$256,212.7 millones. Las transferencias sociales contribuyeron a mantener con precariedad el consumo de las familias pobres, ya que el mismo se redujo en el 2022, por tanto, no significó un aumento de la presión de la demanda agregada sobre la oferta agregada.

 

Por lo que la inflación no pareciera ser de origen monetario; por el contrario, la inflación tiene que ver, primero, con los efectos de la pandemia sobre el mercado de trabajo que desequilibró a la economía mundial por la contracción de la demanda y, de manera particular, se relaciona con el comercio internacional (generando atrasos en el transporte marítimo que alteraron los costos de los bienes importados). En segundo lugar, el Banco Central (BC) puso en marcha una política monetaria que, más que controlar la inflación, pretende controlar el tipo de cambio, para beneficiar a los importadores (supermercados, importadores de electrodomésticos, turismo, zonas francas, generadores eléctricos, entre otros).

Esta política anti-inflacionaria del BC asume que existe una relación directa entre inflación y tipo de cambio. Si el peso se deprecia aumentan los precios de venta, contribuyendo a aumentar el nivel de precios. Por esto, la política monetaria de las últimas dos décadas persigue evitar la inflación manteniendo la apreciación cambiaria o la estabilidad del tipo de cambio, cuya devaluación ha sido del orden del 2% anual, independientemente de las condiciones del mercado cambiario, como argumenta el BC.

 

En la Figura 3, se muestra que el tipo de cambio tiene una tendencia al alza (depreciación) entre el 2012 y el 2022, en tanto que la inflación se reduce entre 2013 y 2015, aumenta en 2016 y 2018, y nuevamente cae en el 2019. La inflación aumenta en 2020-2022, pero el tipo de cambio se reduce (aprecia). Durante todos estos años el tipo de cambio ha mostrado una tendencia alcista y la inflación ha tenido alzas y bajas. Lo que pareciera indicar que el comportamiento de ambas variables no apoya la explicación oficial de que la estabilidad o la apreciación cambiaria contribuyan a mantener bajas tasas de inflación.

 

Por otro lado, el nivel de apertura de la economía dominicana ata su funcionamiento a las importaciones. De manera que, frente a los aumentos de precios del transporte marítimo y los seguros, era inevitable el encarecimiento de las importaciones de materias primas o bienes terminados, contribuyendo al aumento del nivel de precios. De manera que, la receta neoclásica o convencional sobre la inflación, pareciera no aplicar en las circunstancias dominicanas y por esta razón se optó por recesionar la economía con el objetivo de reducir el ritmo de crecimiento del valor de las importaciones para quebrar la tendencia alcista del nivel de precios.

 

Además, Estados Unidos (EE.UU.) enfrentó un aumento de la inflación que combatió con aumento de tasas de interés, así como las transferencias directas a las familias. El BC dominicano ha logrado con endeudamiento mantener el aumento de sus reservas internacionales, por lo que aumentó sus tasas de interés, pero la tasa de interés americana podría estimular salida de capitales y devaluar la moneda local. Por lo que el BC se vio obligado a seguir una política monetaria similar a la de EE.UU.

 

Obviamente, el aumento del costo del dinero afectó directamente a la inversión y al consumo duradero, los cuales son componentes importantes de la demanda agregada. La contracción de la inversión y del consumo contribuyeron a la reducción del ritmo de crecimiento de la economía dominicana en el 2022. La demanda interna, según el BC, se redujo pasando de 11.7% en 2021 a 5.2% en el 2022. El consumo privado contribuyó con esa contracción al caer de 6% en el 2021 a 5.4% a septiembre del 2022 y similarmente la inversión cayó significativamente de 24.7% en el 2021 a 5.0% en el 2022. No obstante, la inflación ha cedido poco. En abril del 2022 alcanzó la cifra de 9.64% y para septiembre era de 8.63%, lo que representa una reducción de un 1.0%.

 

En este sentido, según la revista Foreign Affairs, la Reserva Federal de los EE.UU. afirmó que continuará con su política monetaria restrictiva a pesar del descenso de la inflación y la caída de precios de los activos financieros. De manera que se espera que para el 2023, el BC mantenga su política de elevadas tasas de interés para mantener el tipo de cambio nominal. Y como ha ocurrido hasta ahora, los avances en la reducción de inflación seguirán siendo poco significativos, con lo cual continuarán las pérdidas de poder adquisitivo de los consumidores dominicanos.