El Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) alcanza su cincuentenario en este mes de octubre de 2022. Sin duda alguna esta universidad inauguró una nueva forma de entender la educación superior en la República Dominicana, como bien público que se construye sobre la base de la calidad y la excelencia académica, la investigación y la innovación para el desarrollo productivo, la inclusión social y, en definitiva, a favor de los mejores intereses de la sociedad.  El INTEC tiene tres atributos que la hacen única en el concierto de universidades dominicanas: es una organización laica, secular y de finalidad pública. Estos atributos se desprenden de sus estatutos que en su primer artículo establecen lo siguiente:

 

“El Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) es una entidad privada, sin fines de lucro, de finalidad pública, creada para contribuir a la transformación social del país, a la promoción continua de la calidad de vida de sus habitantes y a la preservación de su patrimonio moral y material para legarlo mejorado a las generaciones por venir, mediante la educación superior, el desarrollo de la cultura, la investigación y la divulgación científica y tecnológica.”

 

La declaración axiológica contenida en sus estatutos se adelantó a su tiempo y todavía en la actualidad muestra una vanguardia de pensamiento universitario que no deja de sorprender por su vigencia.  El INTEC ha demostrado que una universidad en la República Dominicana puede ser mucho más que una fábrica de títulos universitarios. Cuando se piensa en la universidad del siglo XXI se tiene en mente una organización altamente innovadora, vinculada con la sociedad, con el sector público y con las empresas, que al mismo tiempo que se preocupa por la formación de calidad de futuros profesionales, lo hace a la par de su compromiso con la investigación, la producción y la transferencia de conocimiento, creando valor e impacto social y económico en su entorno. Esto es ya es una odisea en el contexto latinoamericano, pero lo es aún más en el contexto nacional, en donde la vida académica en el ámbito universitario se entiende primordialmente como la labor docente orientada a la formación de profesionales para el mercado laboral, sin entender en su cabalidad la función y compromiso de la universidad con la transformación de la sociedad a través de su bien hacer, es decir, de la articulación de su  quehacer académico en tres  ámbitos fundamentales e interdependientes: la docencia, la investigación y la vinculación.

 

Por tal razón los atributos institucionales del INTEC hacen de esta alta casa de estudio un caso singular no sólo en la República Dominicana, sino también en la región del Caribe.   Se han traducido en un quehacer académico y científico innovador con un claro sentido de la apertura y el reconocimiento de la diversidad como una fuente de riqueza colectiva. Contar con una universidad abierta y que celebra la diversidad como el INTEC, además de enfocada en la creación de bienes públicos, es sin dudas un gran acicate para el sistema, ya que lo empuja hacia niveles más elevados de calidad y excelencia. Probablemente una de las mayores contribuciones del INTEC al país y que puede pasar desapercibida, es que su mera existencia ha empujado al sistema dominicano de universidades a ser cada vez mejor.  ¿Cómo sería el sistema dominicano de universidades de no existir el INTEC? ¿Cómo su mera existencia ha contribuido con universidades más competitivas? Sin dudas no podríamos entender la formación de postgrado y la moderna formación de ingenieros, médicos y economistas entre otros profesionales.  Su existencia ha motivado un mayor nivel de sana competencia y colaboración a favor de la calidad y la excelencia académica.   Es una universidad líder en la generación de patentes y propiedad intelectual, vanguardia de la divulgación científica a través de sus publicaciones internacionales y de modo particular por medio de sus seis revistas académicas arbitradas e indexadas con el primer despliegue en el país del Open Journal System (OJS) o con el primer Current Research Information System (CRIS), que da cuenta de la magnitud de la contribución del INTEC al desarrollo científico y tecnológico de nuestro país a lo largo de cinco décadas y su impacto internacional.  Instrumentos como la Revista Ciencia y Sociedad con más de 45 años de publicación continua o su Biblioteca Emilio Rodríguez Demorizi, una biblioteca de servicio público, pionera en la construcción de repositorios institucionales y digitalización de servicios bibliográficos, forman parte de ese acervo cultural que define la contribución del INTEC a la sociedad dominicana.   ¿Qué sería del país en los temas de medio ambiente, género e igualdad sin la existencia de espacios como Centro de Género del INTEC que por más de 30 años ha sido un fanal a favor de la igualdad y la inclusión?

 

Por las razones anteriores el INTEC es mucho más que la suma de sus partes y constituye un patrimonio dominicano que se debe salvaguardar y que por derecho propio y por el reconocimiento de la sociedad dominicana, se ha convertido en una marca académica del país y en particular en una marca de su capital Santo Domingo. Ha demostrado ser una organización resiliente que se construye sobre los hombros de gigantes en la que cada ciclo de liderazgo ha contribuido de una u otra forma con un legado mejorado, como lo indican sus estatutos. Es por esta razón que es muy fácil encontrarse en las aulas de la universidad con un rector, con un exrector o exrectora o ver a un alto funcionario impartiendo docencia o haciendo investigación, porque la cultura institucional del INTEC es sobre la creación de valor, la mejora continua y el compromiso con la sociedad.   Esto no quiere decir que todo sea laudos para el INTEC o que no confronte retos y desafíos de corto, mediano y largo plazo como toda universidad, pero lo que es justo afirmar es que a lo largo de sus primeros cincuenta años ha sabido canalizarlos y transformarlos en oportunidades de crecimiento, lo que esperemos continue durante los próximos años.

 

Su liderazgo académico y científico sigue abriendo caminos con los estudios de doctorado en ciencias duras, con la creación de figuras como la del profesor investigador (que le ha permitido integrar un significativo número de doctores en un contexto universitario como el dominicano) o en ser la primera universidad dominicana acreditada a nivel internacional en los estudios de medicina. El INTEC no es una universidad masiva más bien es pequeña en el contexto dominicano, pero sus contribuciones e impacto social y económico hacen que parezca más grande.  Tampoco puede ser una universidad de ese tipo ya que por definición sus niveles de exigencia le obligan ser coherentes con altos estándares de calidad académica y compromiso social que la convierten en una universidad pública de carácter no estatal creadora de bienes públicos con un fuerte sentido de compromiso social y rigor académico.  No obstante, es una universidad abierta a todas las clases sociales en la que el mérito más importante son las capacidades y el deseo aprender de sus futuros estudiantes.

 

Sus alumnos, estudiantes, docentes e investigadores nos llenan de orgullo ganando competencias internacionales en la NASA, pero también contribuyendo con salvar miles de vida durante la pandemia de COVID-19, gracias al diseño y manufactura de respiradores mecánicos que nos permitieron campear la canibalización internacional del mercado de dispositivos médicos en el momento más álgido de la pandemia.     Es la primera universidad dominicana no estatal de la que han emanado dos presidentes de la República de forma sucesiva: el expresidente Danilo Medina Sánchez y el actual presidente de la República Luis Abinader, ambos egresados de la carrera de economía de la universidad.  Estos y otros aportes del INTEC la convierten en parteaguas en el sistema dominicano de universidades.

 

El INTEC está de aniversario y toda la sociedad dominicana y sus instituciones públicas, privadas y de la sociedad civil celebran y reconocen a una institución que en un entorno difícil ha sabido mantener un compromiso coherente con la calidad y la excelencia académica. El INTEC es un patrimonio dominicano y que bueno que así es. Felicidades en estos cincuenta años de genuina laicidad, excelencia y servicio público.  Ojalá que pueda llegar a los 100 años llenándonos de orgullo.  Felicidades a la colmena.