Putin se va a la guerra…

Cuando hace 53 días  que Putin dio la orden de lo que eufemísticamente llamó una “operación militar especial” en Ucrania, desencadenó una situación que no pensó que pudiera írsele de las manos. Suponemos –porque no hay medio de poderlo constatar ni menos probar-, que lo hizo teniendo en cuenta todos los informes de Inteligencia, logística y estudios empíricos necesarios para tomar una decisión de ese calibre.

Obviamente, desde meses atrás estuvo preparando con las autoridades económicas las posibles represalias de EE.UU. y de la UE, contra su país, y analizando las respuestas a dar contemplando muy diferentes escenarios. Desde el  más favorable para Rusia hasta el más negativo para sus intereses económicos. Al menos, eso es lo que se espera de un estadista (sea democrático o autoritario), en vista del paso que planeaba dar.

Zelenski, jugando su papel con las espaldas cubiertas

Desde una perspectiva racionalista y de cálculo de “coste-beneficios”, nos inclinamos a pensar que con sus generales habría visto que harían si el presidente Zelenski se rendía a la evidencia y no estaba dispuesto a sacrificar a su población, resistiendo a la ocupación de su país y negociaba una rendición formal. Así mismo, que harían si resistía a las tropas rusas y recibía, además, ayuda logística, de Inteligencia, de satélites y de armas más o menos sofisticadas, de los países componentes de la OTAN, especialmente de los EE.UU. y de su fiel escudero el Reino Unido.

Partiendo de esos escenarios, que cualquiera hubiera previsto, a Rusia le ha tocado lidiar con  el más negativo o menos optimista para sus planes. Zelenski, que venía recibiendo desde meses sino años, asesoramiento militar y de inteligencia de los EE.UU., el RU y de la OTAN, actúo siguiendo un guión ya escrito y sellado con la promesa del llamado mundo Occidental de que estaría con él y contra Rusia.

Por eso desde el inicio tensó las cuerdas pidiendo armas,  que la OTAN se implicase, que le enviaran aviones, armas de última generación y que siguiera el asesoramiento sobre el terreno de los asesores militares de países de la OTAN y que le admitieran como miembro de la organización. También ha hecho Zelenski una campaña agresiva, basada en un hecho real, ser un país invadido. Como en cualquier guerra, el sufrimiento de la población civil  y la destrucción de bienes inmuebles de todo tipo, mueve las fibras de la solidaridad humana con el más débil. Basada en ello, ha tratado de forzar de la UE una decisión inédita y no contemplada en el tratado de la UE de ser admitida ipso facto como Estado Miembro. Por ahora, no ha logrado que le admitan ni en la OTAN ni en la UE.

 

Con EE.UU y la OTAN de nuestro lado

Pero que nadie se llame a engaños. Tanto la OTAN como la UE, aunque respetan su marco legal, tienen mecanismos para brindar toda la ayuda  posible a Ucrania. Tanto económica como militar. La OTAN no le envía armas como tal organización pero si lo hacen los estados miembros a título “individual”. Comenzando por EE.UU. que han dispuesto cerca de dos mil millones de dólares en ayuda en armamentos. A lo cual hay que sumar las armas de los estados que forman parte de la OTAN, desde Turquía hasta Alemania, pasando por España y Eslovenia.

Y eso es lo que se ve. Lo que se puede explicitar. Pero siempre hay aspectos menos visibles y no por ello menos eficaces. La comunidad de Inteligencia de EE.UU., de la OTAN, con sus satélites y todos los medios de escucha, fotografías, GPS, seguimiento de tropas, señalamientos de blancos móviles, movimientos de tropas y buques, estudios de escenarios previsibles de acción por los militares rusos están, hoy por hoy, a disposición de los asesores militares de Ucrania.

Por todo ello, sería una simpleza creer que estamos ante un conflicto bélico entre la débil Ucrania ante la poderosa Rusia. A fin de cuentas, el presupuesto militar de Rusia es apenas el 6% del presupuesto militar conjunto de los EE.UU. y de los países de la OTAN. O sea, Ucrania, apoyada, como está, en el escudo militar de EE.UU y los países de la OTAN, no es la potencia débil que se nos quiere vender. Aunque no tenga el número de soldados  que  Rusia, con todo el apoyo logístico y tecnológico, más la asesoría militar sobre el terreno que está teniendo de los países miembros de la OTAN, puede resistir como lo está haciendo a Rusia.

 La inexplicable lentitud y levedad de la ofensiva rusa       

Otra hecho a tener en cuenta. Rusia, por los motivos que sean, se ha abstenido de hacer bombardeos aéreos masivos contra  objetivos militares, logísticos  y de ciudades (como hicieron los aliados, y específicamente la RAF, en Dresde y en otras ciudades alemanas sin advertencia previa). Si hubiera dado 24-48 horas para que la población civil abandonase Mariupol, Jarkov y otras ciudades, ya que esos puntos serían considerados por ellos  objetivo militar a bombardear. Y a continuación hubieran bombardeados para crear un precedente de lo que estaban dispuestos a hacer. Se habría neutralizado la resistencia de la infantería  ucraniana en esos puntos estratégicos. Este hecho aunque provocara una indignación en Europa y en el mundo les hubiese permitido  que estuvieran “reinando” sobre las ruinas de esas ciudades.

Al no hacerlo, al tener esa contención- por muy dura que sea usar esta palabra porque guerra significa sufrimientos indecibles para la población civil-, se encuentran con la siguiente situación: necesitan ocupar con infantería esos puntos estratégicos y, de acuerdo a los protocolos de guerra, la ratio de infantería necesaria para ocupar una ciudad es de cinco soldados por cada soldado “enemigo” que la defiende.  Es decir, para ocupar una ciudad que resiste con 10 mil soldados o combatientes armados se requiere un mínimo de 50 mil soldados y así sucesivamente. Y, además, tener unos 4-6 soldados por cada soldado combatiendo dedicados al transporte, proveer de combustible, alimentos, provisiones de armas y municiones, atención y transporte de heridos y bajas en general, etc.

El mayor despliegue de tropas ruso al inicio de la invasión se calculaba en unos 180-190 mil soldados, quizás menos. Para ocupar un territorio como el ucraniano, que es el segundo país más extenso de Europa,  y hacer frente a su ejército y  combatientes armados, hubieran requerido disponer de más del triple, por lo menos de medio millón de soldados. Esto es simple cálculo matemático tirando a la baja.

Ahora bien, hay que tener en cuenta otros factores de gran importancia: la moral, disciplina, disposición al combate y “hambre” de lograr sus objetivos militares. Del lado ruso parece que todo ello ha sido escaso y sin embargo, es muy alto en quienes se ven a sí mismos defendiendo su país, su tierra, su familia, sus hijos, sus hogares, su modo de vida, su capacidad de decidir.

Ucrania, campo de pruebas

La dirección de la guerra en Ucrania, me atrevo a pensar, ha dejado de ser  algo “nacional ucranio” para ser una dirección orientada, en sus fines y objetivos, por un mando “en la sombra” militar y político extra ucraniano. ¿Lo puedo probar? No puedo. Los que orientan con sus informaciones y “consejos” en la toma de decisiones bélicas no lo van a proclamar  y Zelenski y su Estado Mayor tampoco lo dirían. Más bien lo negarían rotundamente apelando a su nacionalismo puro.

Ahora bien, la prueba más fehaciente de que no voy descaminado es el hundimiento del buque insignia ruso en el Mar Negro, el Moskova. Este ha sido el golpe militar más severo y humillante para Rusia. Y aunque lo ha querido negar al principio y después lo ha atribuido a un fuego en el buque y posterior hundimiento al ser transportado a puerto, la información de la Inteligencia norteamericana es contundente: han sido dos misiles ucranianos quien lo ha hundido. Manos ucranianas habrán apretados los botones de disparar los misiles pero toda la localización del buque etc., podría ser información proporcionada por fuentes de Inteligencia externa. Sobre la suerte de su tripulación de unos 530 marinos y oficiales, no hay noticias rusas, que yo tenga información, al momento de escribir este texto.

El dilema ruso

Cada día que pasa es un tormento para la población civil ucraniana. Y un dolor de cabeza para los dirigentes rusos.  Todo ello me parece que nos puede indicar que, una de dos, primero, o los rusos disminuyen al mínimo los objetivos propuestos al inicio de su “operación especial” (ni deponen al gobierno de Zelenski, ni logran colocar un gobierno amigo o al menos amistoso hacia Rusia, ni logran “desnazificar” Ucrania..) y, sólo, tratan de que el Donbas en su integridad pase a ser una República independiente y secesionada de Ucrania y aliada de Moscú, aunque trate de  mantener relaciones económicas fluidas  con la UE, pasado el trauma posterior a esta guerra.

O bien, segunda opción, que los dirigentes rusos decidan que para ellos ya no hay otra alternativa para mantener la cohesión dentro de sus fronteras, tener un mínimo de legitimidad para el gobierno y, no caer en el descredito total -no tanto en Europa y en los EE.UU., que está ya perdido por años a venir. Sino principalmente en los pueblos euroasiáticos, en Asia, y en el Sur Global.  Para ello tendrían que demostrar que su capacidad militar no es un bluff y, que no sólo pueden resistir y afrontar el desafío de EE.UU y de la OTAN, apelando al uso en caso menester de una amenaza inminente al armamento nuclear como hacen a mi entender de manera excesiva, sino que pueden, con armamento convencional, ser capaces de vencer  a cualquier otro Estado que les rete o que ellos reten.

El dilema anteriormente expuesto, así como todo el análisis que se hace de este conflicto, no se basa en una argumentación moralista abstracta, ni en una lectura juridicista atenida al derecho internacional público o al humanitario,  sino desde una perspectiva de realismo político. Lo que han sido las relaciones internacionales de los estados, desde siempre, ante el hecho de la guerra: una vez abierta las puertas del infierno, se trata sólo de una cosa, vencer o ser vencido.

Rusia está siendo puesta a prueba

Si Rusia es vencida  en el campo de batalla del territorio geográfico de Ucrania, lugar dónde se están enfrentando con lo más sofisticado de la guerra moderna, el de la información, las nuevas tecnologías, la propaganda, la desinformación, y la prueba con armas convencionales antiguas y más modernas, proporcionadas por EE.UU. y Europa, ha sido el triunfo de EE.UU. y de la OTAN. Es decir, el conflicto en realidad es con la OTAN, como  “mano invisible” que mueve la cuna llamada Ucrania, para entre otras cosas probar armamento. Algo que se puede decir, fue similar a lo que hicieron los alemanes y en menor medida los italianos en España, durante la guerra civil.

También esta guerra sirve como punto de observación y evaluación en el campo de batalla de  la efectividad o chapucería del Ejército  ruso. No se trata  de si Putin y su clan permanece o no en el poder. Obvio, puede ser sustituido por otro mando político militar aún más autoritario y capitalista, a la vez que corrupto. Lo que se busca es que Rusia se convierta en un país desacreditado en Europa, América y el mundo. Un hazmerreír patético aunque tenga bombas y misiles nucleares. Como dijo Borrell en una frase tan lapidaria como poco diplomática: “Rusia es una gasolinera con bombas nucleares”.

El gran peligro que afrontamos

El gran peligro que afrontamos es cuál será la reacción de Rusia ante su empantanamiento militar en Ucrania. En la humillación de que le hundan su buque insignia. En la apreciación militar (falsa o no  pero cada vez más difundida) de que su capacidad combativa está muy por debajo de las expectativas que se tenía de su fuerza militar. Fundada  en el papel desempeñado por su ejército en la Segunda Guerra Mundial. Rusia está cercada militarmente, sometida a un mecanismo de exclusión económica y bloqueo comercial y financiero, como nunca se había visto hacer a otro Estado de su importancia  en el mundo, hasta ahora.

Ahí está el peligro, un oso herido y acosado es aún más de temer. Cuando llega un momento que uno no tiene casi nada que perder, puede ser capaz de actuar de manera estrambótica. Y esta es la gran incógnita. Occidente puede jugar a que Putin sea depuesto pero  no hay ninguna seguridad de que sus sucesores no sean aún más nacionalistas, más belicistas y menos cooperadores con Europa. Y el escenario subsiguiente sería aún peor que el actual. Muy especialmente para los europeos.

Imaginaos una Rusia abiertamente belicista y agresiva desafiando a todo aquél que quiera trazarle reglas de comportamiento político interno y externo, actuando como un paria y excluido internacional, promoviendo cualquier tipo de rebeldía y de proyectos inesperados en el seno de los países occidentales, sea en EE.UU. o en  la UE, o en sus zonas de influencia. Esto no parece ser deseable. Hay que ir,  pues, hacia la búsqueda de la paz y de un entendimiento mutuamente aceptable. No echar gasolina al fuego.

¿Quién es el mayor beneficiado de esta guerra?

Parece indudable que EE.UU., hasta el momento, está siendo la ganadora neta de la guerra en Ucrania. Veamos. La OTAN se ha fortalecido, ya que durante el gobierno de Trump éste había zaherido a los socios europeos de la alianza, exigiéndoles que dependieran militarmente de sí mismos y que aumentaran el gasto militar. Los países europeos van a aumentar sustancialmente su presupuesto militar. Alemania va a aumentar al doble o más su presupuesto de defensa. Los EE.UU. han abierto las puertas para un gran negocio. Van a vender su gas y gasolina a Europa a precios sustancialmente más elevados que los rusos. Recordemos que los rusos recibían  antes de la guerra de Europa más de 800 millones de euros diarios por la venta de su  gas y gasolina. En definitiva, EE.UU. ven aumentada su hegemonía política, militar, económica  e ideológica sobre Europa  y  se irá acrecentando.

Más aún, la idea de un multilateralismo se habrá ido a pique. Ni soñar ahora con una Europa actuando como fuerza moderadora y conciliadora en el ámbito internacional. Los EE.UU. y los países de la UE tratarán de actuar al unísono para  que su modelo político y de economía sea el único aceptable (the only one way), y deberá imponerse por doquier no sólo en Europa, sino en Eurasia, Asia, África, América Latina y Oceanía. Iremos a un mundo unipolar con dos caras como Jano (la de EE.UU. y la UE) pero con una sola voz  decisiva, la de EE.UU.

El verdadero fin de la historia…

Es decir,  un escenario en el que el orden liberal en lo político y neoliberal en lo económico, que nos anunciaba Fukuyama en su delirio intelectual del supuesto fin de la historia, sea  un imperativo urbi et orbi, que se tiene que aceptar.

Así pues, o bien Rusia se “rinde” en Ucrania y adopta todo el modelo “occidental” y se subordina a los preceptos de Washington, o pone toda su fuerza  en ganar la guerra en el tiempo más breve posible y de la manera más contundente y arrolladora, de manera que quede claro que va a ser un agente activo y no desdeñable ni minusvalorado, en el escenario mundial y específicamente en el europeo. A partir de ello se deberá negociar un nuevo status quo  y equilibrio en Europa, a partir de otra recomposición geopolítica en la zona, en la que Ucrania, conservando su entidad como estado, sea consciente de que su futuro inmediato estará más ligado a  la neutralidad  y a la desmilitarización, que a la OTAN y a la UE.

Lo uno y lo otro parecen ahora difícil de lograr. Pero la continuidad de la guerra en Ucrania o su prolongación en el tiempo, además de globalizar la crisis y la inflación mundial llevando al aumento de la pobreza en el mundo, nos pone cada vez más ante el riesgo  del verdadero fin de la historia, que sería una guerra nuclear. Eso  nos llevaría a la casi certeza de que la próxima guerra en Europa sería a pedradas, como en la edad de piedra.