La geopolítica, en sí, ha existido siempre partiendo de los planes expansionistas de los imperios de la edad antigua hasta la situación actual del mundo y la distribución del famoso “tablero” del poder geoestratégico de que hablara el polaco Zbigniew Brzesinsky. A ella se une la geoestrategia, o gestión estratégica de los recursos geopolíticos.

Definida de modo sencillo, en este artículo por y para principiantes, la geopolítica es la ciencia de combinar historia, geografía y política para diseñar los planes y propósitos nacionales. Así de sencillo. Esta sencilla definición aproximativa y hasta conjetural, nos muestra que debe hacerse estudio y acopio de la geografía física nacional, de la historia que nos ha acontecido y que marca fundamentalmente cada país y la ciencia política para aplicar las políticas nacionales, identificar y captar recursos estratégicos, analizarlos, buscar los que haga falta, clasificarlos, almacenarlos y todo un largo etcétera que deben incluir los gobernantes en su proyecto de gobierno, en la administración geoestratégica de los poderes nacionales.

Este proceso va a marcar necesariamente la política internacional de los estados. Asunto que le compete a los primeros ministros y mandatarios. Cuando se habla de geopolítica es vital mencionar las escuelas fundamentales o líneas generales de este concepto de vasta aplicación global.

Una de esas teorías fundamentales es la de la teoría de los mares o de la supremacía naval, del Almirante ingles Alfred T. Mahan; la del Heartland o de la región cordial de Sir Hartford John Mackinder; el alemán Karl Hausshofer con su teoría aplicada al nazismo del Liebensraum o espacio vital, la teoría del poderío aéreo, de origen norteamericano y los planteamientos, profundos y de gran historicidad práctica, de Henry Kissinger, y  de Brzesinsky, en su obra ya clásica, de 1997, “El Gran Tablero Mundial”, donde se analiza la supremacía estadounidense y sus imperativos estratégicos en Eurasia. Este autor, junto a Henry Kissinger son los diseñadores, entre otros como Kagan, por ejemplo y por así decirlo, del mundo geopolítico tal como es en la actualidad.

El Continente Euroasiático, aunque algunos prefieren no llamarlo continente, comprende la mayor cantidad de territorio del mundo en un solo bloque, es la famosa Isla Mundial, en ella se concentra el principal poderío económico, tecnología, población y recursos estratégicos. En esa masa continental se encuentra Rusia, actualmente en guerra hibrida con Ucrania. Estos últimos, son los insumos de que debe disponer un imperio o Nación para poder convertirse en potencia mundial y poder dominar a otras naciones, para los entendidos son más de veintidós recursos entre los que se encuentra el petróleo y sus derivados, el agua, el territorio, armamentos, tecnología de guerra o civil, entre otros.

Un caso que es preciso mencionar hablando en términos de geoestrategia, es el de la Isla de Cuba, que al igual que la Isla de Santo Domingo, está colocada casi equidistante de la América del Norte, la Central y la del Sur. Esa ubicación ha marcado su historia. Por eso hubo tanto celo cuando Cuba se declaró socialista a mediados de 1959 y se tuvo tanta aprensión porque nuestro país no corriera la misma suerte durante las altas temperaturas de la mal llamada guerra fría. No es posible permitir otra Cuba en el Caribe, gritaba Washington.

El otro caso es el de la República de Panamá, istmo que parte en dos mitades a los océanos Pacifico y Atlántico y que sirve, con su Canal interoceánico, de atajo para el desplazamiento de barcos de carga o de guerra, para llegar primero a los posibles escenarios de confrontaciones o teatros de operaciones y las entregas de la cadena de suministro. No es turístico entonces, el interés de las naciones en el Canal de Panamá, además Nicaragua está construyendo un nuevo canal, gracias a su alineación estratégica con China.

La rapidez en los desplazamientos de tropas, armamentos y suministros es fundamental para la posible respuesta bélica, y compete a transporte y comunicaciones contar con medios y rutas seguras y ágiles para llegar al teatro de operaciones o al objetivo perseguido.

La geopolítica además de estudiar y aplicar la geografía aplica el conocimiento de la historia no solo de la nación que ha de diseñar las políticas sino también de los posibles enemigos y escenarios bélicos. Evaluar sus fortalezas y debilidades, infiltrar sus servicios de inteligencia, espiar sus movimientos, conocer su historia y por supuesto su geografía y el grado de madurez, estabilidad política y gobernabilidad de que goza y hasta sus relaciones internacionales, con razón Napoleón dijo: conociendo la geografía de un país se conoce su política exterior.

Antes de avanzar es necesario describir aunque sea someramente lo que son objetivos y propósitos nacionales. Los objetivos nacionales son los puntos de agenda que tienen o deben tener los Gobiernos de las naciones para aplicarlos durante su turno de administración en el sistema democrático o en cualquier sistema político de que se trate. Los propósitos son permanentes y los objetivos pueden variar según las circunstancias.

Difieren de los propósitos en el hecho de que no son permanentes, aunque si se repiten por necesidad de una administración a otra y algunos pierden interés o importancia debido a los cambios históricos, como ejemplo, ya Estados Unidos no tiene el mismo interés en el avance del comunismo en el mundo como lo debió tener desde el triunfo de la Revolución Bolchevique en 1917, aunque asistieron como aliados a ambas guerras europeas, hasta la caída de la Unión Soviética. Ahora eso los tiene sin cuidado.

En cuanto a los propósitos nacionales son también puntos de agenda pero de carácter permanente. Como ejemplo local está el hecho de que la República Dominicana está clara en su sentir de separación de la República de Haití, en este coexistir isleño que les ha tocado. Eso está fuera de discusión y es de carácter permanente en la agenda de la política internacional y en los lineamientos fundamentales de nuestros propósitos nacionales, aunque, recientemente, por medio de acuerdos y pactos migratorios, se ha flexibilizado escandalosamente la inmigración ilegal haitiana y, de facto, ya estamos muy “fusionados”.

Algunos tratadistas con una visión apocalíptica han llegado a afirmar que las guerras del futuro, no tan lejano, serán por el agua. He aquí un recurso estratégico vital, el principal recurso estratégico. Sin agua no hay vida y por consiguiente no habría ejércitos, ni pilotos para combatir, ni controladores aéreos, ni soldados de infantería, ni tropas de marina para los portaaviones, ni nada.

Dijimos al principio que la geopolítica ha existido siempre y nos atrevemos a repetirlo al citar las campañas de Alejandro de Macedonia, los imperios mongoles y chinos, el Imperio Romano, y el expansionismo norteamericano que comenzó, hace poco más de un siglo en 1898, con la guerra hispano estadounidense y que ha llevado esa nación a convertirse en la primera potencia verdaderamente global. Ya no se trata de dominio regional o vecinal, sino con carácter verdaderamente mundial o global. Es además la primera nación no euroasiática y de la historia de la humanidad que logra tal hazaña, y, como afirma Brzesinsky, será la última.

Para tener una idea del poder, tecnologías, armamentos y recursos estratégicos con que cuenta Eurasia, es preciso citar algunos países que la conforman, comenzando por la Unión Europea entera, potencias como Alemania, Francia e Inglaterra, en Asia están China, India, los países de la ex Unión Soviética, las dos Coreas cada vez más unidas, Pakistán, una de las primeras economías asiática y el Estado ejemplar de Japón, la Casa o el Imperio del Sol Naciente, que fue aplastada en la Segunda Guerra Mundial y obligada a una rendición incondicional y que a los quince años de finalizada la gran guerra de 1939 al 1945, entiéndase inicios de los sesenta, ya era una potencia mundial nuevamente.

Igual milagro se operó en Alemania, aunque separada por el Muro de Berlín, por voluntad de los vencedores del conflicto, gracias a la gestión de los gobiernos del anciano juvenil de Europa Konrad Adenauer y de los líderes que le siguieron en el gobierno aupados por el Plan Marshall para la reconstrucción de la Europa devastada.

Europa se autodestruyó durante la gran guerra europea de 1914 al 1919. Ninguna de las potencias europeas en pugna, al final del conflicto, pudo erigirse en árbitro continental de las demás potencias vencidas, luego del todo contra todos. Sobresalieron en el cierre, haciendo su debut mostrando influencia mundial, los Estados Unidos y la Unión Soviética, una extra euroasiática y la otra asiática.

Entonces luego de un período de veinte años de entreguerras, volvieron a armarse y comenzaron de nuevo las hostilidades y resurgieron los planes de dominio mostrados en la Primera Guerra Mundial de manera más feroz aun, repitiéndose el fenómeno de la autodestrucción entre si, con la presencia nuevamente como aliados de los Estados Unidos y de la Unión Soviética, la rendición japonesa,  luego del genocidio nuclear del 6 de agosto de 1945, la derrota alemana, el armisticio, la división de Alemania en cuatro partes y la repartición de los despojos de Europa en la Conferencia de Yalta en Crimea, del 4 al 11 de febrero de 1945, hecho que puso o comenzó a poner fin oficial a la guerra y que recompuso el tablero mundial, reforzando el carácter de influencia mundial decisiva ruso norteamericana. Es el nuevo orden mundial de la guerra fría.

Eurasia es al mismo tiempo escenario y objetivo del poder global. Es la manzana apetecida por los dominadores del mundo. El bloque creciente de los BRICS, con la incorporación de Irán y la casi segura entrada de Arabia Saudita y otros quince países en lista de espera, se ha logrado una gran integración asiática, que al país de mayor territorio, Rusia, junto a los dos países más poblados del mundo, China e India, en una asociación estratégica abierta y de ganar – ganar.

Los pequeños estados persiguen hacer alianzas comerciales con los países que la integran y algunos de sus líderes han tenido que voltear el mapamundi o girar el globo para ubicar algunas naciones que quizá ni sabían que existían, cuando éstos solicitan acreditación de legaciones diplomáticas o propuestas de intercambio comercial. Integrarse o morir es el lema de la hora mundial.