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Miguel Cocco.

Miguel Salvador Cocco Guerrero nació en Santiago de los Caballeros en 1945 y su familia emigró a la ciudad de Santo Domingo. Sus primeros estudios los realizó en el Colegio Católico de la Salle y los concluyó en la UASD con lauros académicos en la carrera de Sociología. Fue docente en la escuela de esta universidad y cofundador con el maestro Luís Gómez, destacado dirigente del Movimiento Revolucionario del 14 de Junio,  del Centro de Estudios de la Realidad Social Dominicana (CERESD), el cual realizó significativos aportes a la Universidad y al país.

En el inicio de la década de los 70, un viento libertario recorría con intensidad el Caribe y Americalatina que venía del ventarrón  de la revolución cubana y en nuestro caso, del impacto profundo en la conciencia popular de la epopeya heroica de la Revolución de abril del 65.  Edmundo Desueza, un pastor episcopal de San Pedro de Macorís, amigo del carismático líder Maximiliano Gómez (El Moreno), el cual conocí gracias a él en pleno clandestinaje, logró el apoyo del Consejo Mundial de Iglesias, con sede en Suiza, y con una visión ecuménica recurrió a representantes de diversas denominaciones cristianas, como el pastor Raimundo García de la Iglesia Evangélica Dominicana y a mí como sociólogo, para formar el Centro de Educación y Planificación Ecuménico  (CEPAE), donde Edmundo propuso el nombre y yo aporte el logo con el título de “Unidad en la Diversidad” como esencia de su simbolización.

CEPAE, jugo un papel trascendente. Edmundo logró insertar  a CEPAE en el proceso del despertar de los cristianos a nivel del Caribe y de Americalatina en un movimiento  “revolucionario” de “Cristianos Comprometidos”, donde prevalecía una visión y un compromiso por la liberación de los pueblos y del  movimiento “Cristianos por el Socialismo”.

En los sectores más avanzados cristianos de este movimiento,  se elaboró la teorización de la “Teología de la Liberación”, la cual profundizaba la conciencia de los cristianos en la lucha contra la injusticia, la pobreza y la opresión, ejemplarizada al extremo por el sacerdote Camilo Torres que ofrendo su vida como guerrillero, armas en manos, en las montañas de Colombia.

Miguel Cocco, de formación cristiana, revolucionario, admirador de la revolución cubana, con su dimensión guerrillera foquista, estaba fascinado con los cristianos comprometidos, la teología de la liberación y  los “cristianos por el socialismo”. Le fascinaba la figura del Che e  idealizaba a Camilo Torres. En ese ambiente revolucionario conocí a Miguel, a Rafael Tomás Carvajal, a Carlos Pimentel, a Carlos Hernández, al Rev. Padre Hirujo y me rencontré con Max Puig.

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Miguel Cocco

Se discutía la necesidad de la creación de una instancia revolucionaria que no fuera un partido para no caer en la burocratización y las reglas del sistema y por eso se crearon los “Comandos  Revolucionarios Camilo Torres”.  Luego, de las relaciones políticas entre Miguel, Amaury y Caamaño, los Corecatos y los Comandos de la Resistencia llegaron al acuerdo de apoyar el desembarco guerrillero de Caamaño y sus compañeros. Por desacuerdos internos no ocurrió con los Corecatos, mientras fueron asesinados  los Palmeros (Amaury, Virgilio, Ulises y la Chuta), héroes de la Patria, por los aparatos represivos Balagueristas.

La estructura de organización de los Corecatos era compartimentalizada, pero Miguel descubrió “verdades” de intrigas y traiciones de quienes jamás esperaba que lo decepcionaron totalmente y renunció de la organización como militante y como dirigente, sin dar explicaciones.

Aún más, si Miguel había sido un dirigente a imitar, inteligente, carismático, solidario, un ejemplo revolucionario, cualquier compañero que no comprendiera determinadas medidas tenían que darle crédito, aunque no supiera las razones, porque su trayectoria como dirigente y militante así lo atestiguaban.  Eso se respeta como código institucional de militancia. Pero todavía es peor, cuando se hacen acusaciones a un difunto que no puede defenderse es falta muy grave en el código revolucionario.  Es mejor quedarse callado y no emitir juicio que pueden ser prejuicios, sobre todo en  una organización compartimentalisada,  donde las verdades son  parciales y más aún, con la  existencia de  tendencias encontradas.

Hace días que vi con pudor y con pena una entrevista primero con Narciso Ramírez Ulloa y otra con el Ing. Leonardo Mercedes (Leo), exdirigentes de los Corecatos,  con el agudo periodista Fausto Rosario,  comentada en el periódico Acento. Com.  Leo expresó,  entre otras cosas,  que “Miguel Cocco dejo sin apoyo a Caamaño y desmontó todo movimiento armado que irían a las montañas”.  Añadiendo que “con la presencia de Caamaño en el país”, “se desapareció, permitiendo que el líder de la Revolución de Abril muriera solo en las montañas de Ocoa”.  Emitió otros juicios, que lo dejaremos para otra ocasión.

O sea, que el jefe político  de Leo durante mucho tiempo, el cual él respetaba y creía, que compartieron momentos difíciles, al tomar Miguel decisiones que eran de su incumbencia, que Leo no entendía, decidió externar juicios personales, cuando Miguel no pude responderle.  La mayoría de los que  lo conocieron como yo, estamos en desacuerdo, tenemos otro concepto sobre Miguel muy diferente a Leo y los piensan como él.

En la Dirección de Aduanas demostró el compromiso con el país, su nivel de honestidad, defensor del patrimonio nacional, el cual fue sepultado con tres días de  duelo nacional a pesar de su pasado  revolucionario, siendo un ejemplo nacional.

Ante estas denuncias de Leo, un estudiante en la UASD me recriminó diciéndome  que Miguel fue un cobarde, un traidor y un contrarrevolucionario, un fraude, una vergüenza, con el estigma histórico de que dejó que asesinaran  al Comandante de  Abril y a sus compañeros. Esto es imperdonable. Leo actuó con ligereza, para no decir otras cosas, aunque tuvieran diferencias de tendencias, no dio de opinar cuando  Miguel no podía responderle. Por pudor, debió confesar el desconocimiento de las razones para su comportamiento y no emitir juicios de valores. Desde antes del desembarco, Miguel se enteró de cosas que lo indignaron, inamisibles para él, en contra sus principios  y renuncio, sin discutir.

¡Los héroes del pueblo no son dioses, pero son sagrados, son leyendas!