“La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”-Cicerón.

El nuevo abordaje de la misión institucional del Inabie como elemento relevante de un ecosistema de bienestar estudiantil, constituye uno de los giros cualitativos más relevantes de la presente gestión. En su calidad de organismo autónomo y descentralizado, adscrito al Ministerio de Educación -bajo su tutela administrativa-, el Inabie tiene por definición el potencial misional necesario para contribuir a forjar ciudadanos capaces, sanos, morales y plenamente conscientes de sus responsabilidades intra e intergeneracionales.

 

No es que este reto, complejo y de muchas aristas interrelacionadas, sea responsabilidad exclusiva del instituto. Se trata de una misión que desborda los linderos de la institucionalidad pública para trascender hasta lo nacional, exigiendo el compromiso de muchos actores selectos, incluyendo entre ellos a la totalidad de las organizaciones que tiene que ver con el compromiso de una educación de calidad, distanciada de los magros y vergonzosos resultados del presente.

En el pasado parecía predominar en el instituto el enfoque prioritario en los intereses de las empresas responsables de los servicios contratados, convirtiendo al organismo en un gran centro de negocios con pequeñas, medianas y grandes empresas. Sin menoscabo del hecho de que la contratación de las empresas representa un importante estímulo para la economía del país -por sus reales efectos multiplicadores hacia atrás y adelante en la economía nacional-, lo verdaderamente prioritario y crucial para la nueva dirección ejecutiva del Inabe es impactar positivamente y de manera fehaciente y comprobable a la población estudiantil del sistema público en materia de alimentación, nutrición, salud, servicios sociales y aprovisionamiento de utilería escolar.  Todo ello tiene que ver, indudablemente, con el aprendizaje y la educación de calidad a la que aspiramos.

 

Obviamente, el nuevo enfoque, que esconde un compromiso de gran relevancia pública, social y económica, implicaba revolucionar la cultura institucional prevaleciente, organizar y documentar los procesos, actuar siempre mirando con respeto la normatividad vigente, afianzar un comportamiento moral y apuntar a la eficiencia y eficacia en el uso de los recursos desde la perspectiva de la priorización de las obligaciones misionales y nacionales.

 

El reto es trascendente: no solo se trata de apoyar las iniciativas para asegurar una población estudiantil saludable y bien nutrida, sino de crear conciencia en ella en torno al compromiso moral con el futuro de la nación en contextos dinámicos externos e internos cada vez más complejos y retadores.

 

Situados en esta perspectiva, un elemento de destacada relevancia de la nueva visión del Inabie es lograr la participación e inclusión de las familias y sus organizaciones representativas, así como de los líderes comunitarios y cualquier otro actor importante relacionado, en el diseño y ejecución de sus iniciativas y programas. La apuesta al éxito no está en el trabajo de un grupo de servidores en torno a una misión pública, sino en hacer que esa misión sea parte de los compromisos de las comunidades y sus genuinos liderazgos.

 

Este objetivo solo puede lograrse cuando los actores comunitarios, los padres y amigos de la escuela, entiendan las repercusiones de los programas del instituto en materia de alimentación, nutrición, salud, ahorro de recursos e impactos en los presupuestos familiares. En realidad, la comunidad y sus organizaciones representativas, junto a los centros educativos, son los principales corresponsables del éxito, calidad, seguridad, eficiencia y eficacia del Programa de Alimentación Escolar y de todos los demás servicios que ofrece el instituto.

 

El nuevo enfoque reduce las vulnerabilidades económicas y sociales de las familias, genera ahorros sustanciales por la vía de la economía en las compras de alimentos y utilería escolar, y el pago de costosos servicios de salud, allana el camino para una verdadera inclusión social y crea las condiciones para forjar ciudadanos sanos y creativos.

 

La nueva visión del Inabie, así como su misión de ley, se ejecutan por la vía de las directrices y compromisos plasmados en el Plan Estratégico Institucional (PEI), debidamente articulado con las estrategias y planes gubernamentales superiores, así como, en un horizonte interanual, por la vía de su Plan Operativo Anual (POA).

 

En poco tiempo, puede afirmarse que el camino recorrido arroja resultados encomiables y que la funesta herencia encontrada allí fue definitivamente sepultada por el predominio de las buenas prácticas y el buen hacer institucional en todos los compartimientos clave del instituto. Sobre todo, por una nueva visión que vincula conscientemente los esfuerzos, ideas e iniciativas grupales e individuales con el bienestar estudiantil, entendido holísticamente.