IMAGEN METABOLISMO URBANO

Según la Real Academia Española, “disrupción” es un anglicismo, un modo de hablar propio en la lengua inglesa. Caracteriza y describe toda acción que produce una “ruptura brusca” en un sistema tradicional de gestionar y hacer las cosas. Quien “disrumpe” hace desaparecer lo conservador y tradicional. Impone un nuevo ritmo en las ejecutorias. Innova y aproxima la gestión de los proyectos, a la gente.

La “disrupción” es un término de 1995, cuando los profesores de la escuela de negocios de Harvard, Clayton Christensen y Joseph Bowner, publicaron su artículo “Tecnologías Disruptivas”. Supieron atrapar “el momentun”, es decir la ola innovadora de ese período. Dieron inicio al concepto, que se conoce hoy como “innovación disruptiva”.

La planificación estratégica territorial precisamente, es una metodología disruptiva. Sobre todo, si sabe construir y formular, como en Santiago, el futuro anhelado, preferido o deseado por todas y todos.

El presidente no ejecuta una “lista de obras” en Santiago si no que gesta la implantación de proyectos disruptivos que tienen la debida sinergia, unos con otros. Iniciativas que tienen carácter estructurante. Es decir irrumpe, pero le otorga el debido y justo sentido de continuidad, complementariedad, articulación y sostenibilidad a sus intervenciones en Santiago.

 

Para la ciudad emblema del río Yaque y del Pico Diego de Ocampo, la primera señal de cambio, inició el 4 de junio del año 2020. En esa fecha, Compromiso Santiago organizó los foros con los candidatos presidenciales en las elecciones nacionales de ese año. Para la ocasión, le correspondió la presentación al presidente actual. Mostró una vocación innovadora, sumado a un manejo minucioso del Plan Estratégico Santiago 2030.

 

Siendo el presidente que por iniciativa propia y acuerdo, transfirió a Compromiso Santiago, unos 50 millones de pesos para diseñar los proyectos acordados. Ahí mismo rompió para bien, una tradición de ineficiencia en hacer la cosas de los gobiernos nacionales, en Santiago.

 

Lo tradicional era que luego de las sesiones en Santiago, los diversos ministerios se fueran a Santo Domingo a diseñar las propuestas. Sin embargo, el presidente Abinader innovó de forma disruptiva y aportó un significativo monto para el diseño en Santiago, de un conjunto de iniciativas coherentes con el Plan Estratégico 2030. Ahí mismo rompió un estilo de hacer las cosas de los organismos centralizados.

 

Si el plan estratégico es la agenda de desarrollo donde está escrito el qué hacer con Santiago en los próximos 10 años, entonces había que acelerar el proceso. Gestando un diseño local de los proyectos que en los hechos, generó una disrupción en cascada que no tendrá marcha atrás.

 

Somos de la consideración que el apego de las ejecutorias del presidente Luis Abinader a la planificación estratégica de Santiago, facilita la disrupción de las formas de hacer del Estado y el gobierno en Santiago.

 

Se destaca que la actual administración municipal de la Alcaldía, también logró otra disrupción en la medida que desde que llegó al poder local en el año 2016,  rompió positivamente el ritmo tradicional de hacer las cosas en Santiago, muy en especial en materia de ordenamiento, espacio público y aseo municipal.

 

Para transformar a Santiago en una metrópolis ordenada que reconquista el río Yaque con una transformación urbana protectora del agua que se adapta al cambio climático, el gobierno nacional, el local y la sociedad civil se dan la mano en el Consejo para el Desarrollo Estratégico de Santiago (CDES), como punto de convergencia para el desarrollo local.

 

La disrupción que impulsa en Santiago y en la región del Cibao, el presidente Abinader, gesta, fomenta y promueve, una ciudadanía empoderada con empleos formales y viviendas habitables, robustecida como alma cultural y chispa productiva de bienes y servicios de calidad exportable, generados con energías renovables y promotores de la inclusión social y equidad de género. Esa es precisamente, la Visión Santiago 2030.

 

Todos sabemos que en la administraron pública de la República Dominicana de este siglo XXI, los primeros 24 meses del presidente Luis Abinader, representan apenas 9% de los 260 meses de todos los gobiernos. Por encima de las banderías políticas en menos del 10% del tiempo, la actual gestión de gobierno está cambiando la gestión del Estado en el territorio.

 

Abinader supo controlar la pandemia Covid 19, robusteció la estabilidad macro-económica, relanzó el turismo y consolidó zona franca, como creador emblemático de empleos formales.

 

Gesta y exige gobernar bien en transparencia, empodera el ministerio público con una independencia institucional congruente. El mandatario despliega eficiencia, capacidad autocrítica y sobre todo, siempre que sea necesario, sabe redireccionar sus decisiones a tiempo.

 

Acompañado de la empresaria y académica, vicepresidenta Raquel Peña, patentizan ejecutorias reales y proyección futura. Enrumban la República, al año 2030. Momento cuando se evaluará, si sus proyectos, aportaron al logro de la visión de la estrategia nacional de desarrollo, instituida en la Constitución y leyes.

 

Triunfa en las elecciones del 5 julio 2020; se juramenta el 16 de agosto y en menos de un mes, convoca en Santiago, su primer Consejo de Ministros. Este consejo sesiona el sábado 12 de septiembre, en la simbólica sede de la Asociación para el Desarrollo (APEDI). El presidente agendó ahí, la presentación del Plan Estratégico y proyectos concertados por 305 entidades del Consejo Desarrollo Estratégico Santiago (CDES).

 

El 18 de noviembre 2020, se convierte en el primer mandatario en validar con su firma, un convenio entre el Poder Ejecutivo y Compromiso Santiago, para diseñar participativa y arquitectónicamente los proyectos acordados.

 

Finalmente, este 16 agosto 2022, crea precedentes, al organizar en Santiago, un evento histórico sobre el avance de la República. Analizará el estado de la Nación en el monumento más emblemático para honrar la memoria de los Héroes de la Restauración de la Independencia.

 

Las inversiones en autopistas primarias, construcción del monorriel y teleférico, son visibles. Igualmente, está reservada la financiación del remozamiento de las calles del Sol y Benito Monción. También la reparación de cuatro edificios de arte y cultura del centro histórico. Asimismo, avanzan los nuevos colectores, sifones, humedales, estaciones de agua residual y el rescate integral del río Gurabo.

 

El parque de Zona Franca “Víctor Espaillat Mera” continua su modernización, para alojar los miles de visitantes a Santiago se construyen cuatro nuevos hoteles y el Aeropuerto Internacional del Cibao robustece su proceso de ampliación y modernización. La inversión pública dinamiza al sector privado, en ventas y construcciones. Ampliación de parques industriales, nuevos hoteles y sedes financieras.

 

En 24 meses, Santiago comprueba la “disrupción” del presidente Abinader en la ciudad del Yaque. Se cumple el mandato de que el territorio que retribuya más impuestos, acumula más derechos a una inversión pública equitativa y solidaria, tal como impone el Artículo 196 de la Constitución.

 

La disrupción hace realidad la innovación del plan estratégico de Santiago. Equipa y dota los gestores de proyectos de Santiago con las habilidades, herramientas  y técnicas para desarrollar una estrategia urbana, que en primera instancia busca asegurar una direccionalidad alineada al fomento de soluciones armónicas de problemas derivados de la relación contradictoria entre medio social, medio construido y medio natural.

 

Innova sobre los conflictos entre sostenibilidad ambiental, equilibrio territorial y equidad socio-espacial; promoviendo un metabolismo urbano de ciclo virtuoso.