Nota para el lector: Este artículo no supone una nota luctuosa, pero en el cuerpo del mismo se hace referencia a uno de los más brillantes ejemplos de la arquitectura de la segunda mitad del siglo XX, la Torre Nakagin.

 

Los módulos de la Torre Nakagin fueron un claro ejemplo de un proyecto diseñado para el recambio de piezas, incluso,  durante la propia vida útil del edificio, tomando en consideración la durabilidad de los materiales.

 

El arquitecto  Kisho Kurokawa había estimado una vida útil aproximada de 25 años,  al cabo de los cuales varias partes de los módulos – o los módulos completos- debían ser sustituidos cuando, supuestamente, se cumpliera el ciclo de utilización de la torre. Sin embargo, a la fecha de su demolición en 2022,  no se había producido ningún proceso de sustitución de módulos ni de piezas, evidenciándose, por el paso del tiempo, el deterioro de los módulos y de muchas de sus partes.

 

Estos recambios tendrían que haber sido el producto de una cadena de producción industrializada que serviría como banco de remplazo para proyectos de la misma naturaleza como La Casa Cápsula del propio Kurokawa.

 

Lo cierto es que la idea de la cadena de montaje y/o producción en serie, propias de la aeronáutica o la industria automovilística, se ha quedado en la fase de prototipo cuando se ha querido extrapolar la experiencia al campo de la arquitectura (en serie), quedando pendiente de desarrollar los conceptos de producción eficaz de módulos o componentes (como conjunto tridimensional o como partes de cerramiento en dos dimensiones), acordes a las necesidades del usuario y dentro de un ciclo cerrado de vida del material .

 

Una realidad contrastada es que muchos de los materiales que intervienen en la construcción ligera (CL), ligera industrializada (CIL) y construcción modular ligera (CML) tienen un alto coste energético por su nivel de emisiones; pero aun siendo esto así la cantidad de material utilizado en una construcción de carácter ligero es mucho menor que la cantidad de material utilizado en la construcción tradicional si hacemos el cálculo directo de kg/m2 o Kg/m3 según sea el caso. Un m2 de construcción tradicional tiene un peso aproximado de 2.300 Kg según autores como Gerardo Wadel Raina, mientras un m2 de construcción ligera supone solamente 200 kg  de acuerdo a autores como Alfonso Del Águila,

 

Siendo el peso una de las medidas válidas para determinar el nivel de emisiones de 1m2 de construcción, queda claramente establecido, en esta comparativa, que es posible reducir emisiones si se reduce peso en la construcción. Desde luego esta afirmación queda condicionada a que los procesos que van, desde la extracción del material hasta su deposición y/o reutilización, estén dentro de un ciclo cerrado de vida. Por otro lado el proceso de reciclaje de los materiales ligeros, aunque tiene implicaciones a nivel de emisiones, también es cierto que representa un proceso de menor carga ambiental que la producción, no solo, de los materiales pesados sino de los propios materiales ligeros… Siempre seguiremos con el tema.