De seguro que te habría asombrado este título que aparenta quimérico, posiblemente utópico, irreverente, profano y de incitación a una cultura aberrante en detrimento del sistema democrático, pero estoy sin ningún remordimiento por abordar el tema de esta forma, porque sé que no es criterio mío, ni mucho menos un invento antojadizo. Basta con darle una ojeada a las estadísticas de la desconexión y desinterés del cuerpo electoral, reflejado en una amplísima desafección política y en un bochornoso clientelismo, para evidenciar que ya se ha entronizado y permeado la voluntad y espontaneidad del ejercicio del voto, al cual se le ha perdido el respecto como acto sagrado de un deber fundamental y, en cambio, galopantemente ha sido convertido en una transacción de trueque entre el votante, los partidos y los candidatos.

Ya esta práctica ha ido cogiendo el rumbo comercial -el dame lo mío-. Constituye un paradigma el que si no me dan lo mío no me levanto de mi cama. En efecto, desde ya se está manifestando que todo apunta a que el voto tenga un valor monetario, como una mercancía de primera necesidad.

En otras palabras, el voto se ha ido convirtiendo en un intercambio, ya no de la manifestación de un ejercicio cívico, sino en un negocio, por lo que no resultaría extraño que en el futuro no muy lejano este negocio se patentice como fábricas de votantes y, como van las cosas, hasta con pago de impuestos en la DGII -idea sujeta a la dinámica de la dialéctica social y posiblemente política-. Sería simple, porque en la práctica existe una especie de modalidad que está resultando en un ejercicio con tipología comercial del voto. ¿Entonces, que sería lo que quizás esté faltando para formalizarlo?, "que se patenticen compañías dominicanas de votantes y, como anda el irrespeto y la carencia de consecuencia jurídicas, nada nos podría extrañar porque ya subrepticiamente existe sino un micro tráfico, por lo menos, venta de votos tipo contrabando".

Precisamente ya existe el principal insumo, que es la compra de votos. –que ya es una mercancía de fluidez de venta. Por lo tanto, hago constar, que esto que asevero no es una diatriba o algo tomado por los moños de un calvo, por doquier se observan  especies de activistas barriales que aglutinan ciudadanos y los meten en una lista y van con su maletín donde los candidatos y les venden o les alquilan un combo o paquetico  en base a la cantidad de votos que este le interese comprar o alquilar, incluso con Delivery incluido porque la transacción incluye llevar el producto en guaguas y motoconchos a las urnas. Incluso se oyen los testimonios de agentes y mercaderes del voto decir, me busco mi paca, después que estos pendejos suben, se olvidan de tuel mundo. Y más, si ellos quieren votos que paguen por estos!

Pero, bien, para seguir, presento excusa por el planteamiento, pero la verdad no se retrata, se dice, y para robustecer mi colorario, sencillamente, este título viene a cuenta por las estadísticas de américa latina que registran los organismos internacionales que estudian el fenómeno-si dije fenómeno, o sea, refiero como definición, acontecimientos y hechos que cambian los patrones de conductas de la historia y la humanidad-, y esto es lo que apunta si no corregimos y paramos la práctica del intercambio comercial del voto, en pocos días, adherido a las maniobras que ya existente, estaremos patentizando esta industria en este sentido.

Y como colofón, como fundamento de lo dicho, tengo a bien compartirle el infográfico siguiente:

La grafica mostrada ha sido tomada de https://statista.com/grafico/19448/el soborno-a-cambio-de-votos -en-americalatina.

Al analizar detenidamente, por ejemplo, los porcentajes que muestra el estudio asumido, vemos que la Republica en el ranking de países que se compran votos o se sobornan, registra un 46%, unos 4 puntos porcentuales de México, que siendo la más alta, solo rebasa a nuestro pais en ese ínfimo porcentaje. Lo que significa que ya en República Dominicana, no es una simple industria de compra y venta de votos, sino, que estamos hablando de ópticas condiciones para establecer una compañía, o SRL, o C. por A, o anónima de votantes, o sea, que ya se vendan al libre precio del mercado del voto. Señores, estamos hablando que siendo como se muestra el deficit  de las ideologías, la ética y la conciencia del voto. Por lo tanto, cabe establecer un número aproximado de votantes que son; o inducidos o comprados para que ejerzan el voto a favor de determinado partido o candidato.

Veamos la ecuación siguiente; si el padrón electoral del 2020, por poner un ejemplo, estaba integrado por 8 millones de inscritos, pues simplemente, serán tres millones, seiscientos ochenta mil votos (3, 680,000.00) capturados por el soborno o mejor dicho por el clientelismo. Lo que quiere decir, que ya los votantes no se deben llamar ciudadanos, sino clientes de los partidos y los candidatos, que entre ellos, se realiza una transacción, que se podría denominar, yo te subo, tú me da mi paca, y ni nos conocemos, ni te vi, ni te veré. Y lo peor, que un candidato que llegue por la compra del voto ni tiene que agradecerle al pueblo y tampoco hacer nada por este, porque el compró sus votos. Y como dice el poema de Amado Nervo, ¨vida, nada me debes, vida nada te debo, estamos en paz¨

 

En consecuencia, a mi juicio queda reivindicado el título de esta entrega en razón de que existe una evidencia científica, que ha sido la medición compartida, que si la compra de voto está tan manifiesta, y podría decir, pasa igual que el trasiego del narcotráfico, que el Estado tiene estadísticas de cuando puntos de drogas hay en cada barrio, y pero, no hace nada en ese sentido de control. Y que conste finalmente, las estadísticas del porcentaje de traqueteo de votos, no están representados los casos solapados que no llegan al filtro de la cuantificación real, por lo tanto, estamos ya viviendo la experiencia-o sea, somos testigos de excepción generacional que llegamos a ver la instalaciones de compañías formales o de bancos de votantes que venden al precio de los dueños, que muchas veces son partidos minoritarios, también de tigueres de los barrios, cuellos blancos y de alta jerarquía social, que controlan altas nóminas de votantes que en tiempo de elecciones los venden o los alquilan, como diría un comerciante, al mejor postor, mismos que oscilan entre 5 a 7 mil pesos cada voto comprado. Por tanto, lo que planteo como tesis, o está funcionando de alguna forma furtiva o nos espera casi ya, que tengamos empresas dominicanas de votantes, y que inclusive cada cuatro año estará afectado por la inflación de la industria del votos en Republica Dominicana.