Carmen Leonor Landestoy Félix (Carmita) escritora precoz, con apenas 22 años en su natal Baní era corresponsal de la revista Crisantemos,  se desprende que desde antes era aficionada a la escritura y la lectura. Salió del país en 1927 y regresó en 1938 en pleno auge de la “Era de Trujillo”, a la que sirvió como una buena parte de la intelectualidad criolla,  llegó a ocupar el cargo de encargada de la rama femenina del Partido “Trujillista”. Cuando advirtió se trataba de un régimen de ignominia pasó a cuestionarlo, posiblemente imbuida por las prédicas públicas de la Juventud Democrática, fue despedida de su trabajo. Logró salir del país y se integró de modo militante al exilio antitrujillista.

En sus inicios como corresponsal, la revista Crisantemos  (dirigida por Miguel A. Dubreil) en su edición del 1 de agosto de 1917, informaba sobre la joven comunicadora:

“Carmen Landestoy

La distinguida dama que encabeza estas líneas, honra y prez de la belleza dominicana en el valle de Peravia, ha sido designada agente de nuestra revista en esa culta población, en donde sus grandes relaciones le harán conquistar un triunfo completo en la misión que tiene encomendada”.

Diez años después la escritora en ciernes salió del país. La revista Blanco y Negro  (dirigida por Francisco  A. Palau) la despedía con una foto de portada en su edición del 9 de abril de 1927, acompañada de la siguiente nota:

“Gentil y atrayente damita de nuestra sociedad, en cuyos ojos parecen dormir todos los ensueños del poeta y cuyo corazón abriga toda la esperanza de juventud, que muy en breve dejará la primada en viaje de selecto recreo hacia la populosa urbe neoyorquina”.

Carmita Landestoy regresó en 1938, como ocurría en ese periodo con frecuencia a los intelectuales para sobrevivir, debió integrarse a la estructura política del régimen. Al tiempo que se inscribía como estudiante de filosofía en la Universidad de Santo Domingo, destacándose lo suficiente para que tres trabajos de semanarios que presentó para las clases de historia fueran publicados en 1941 como libro, bajo el título de Temas históricos.  El texto recogía dos trabajos presentados al profesor e historiador Gustavo Adolfo Mejía Ricart (que tenía varios hijos antitrujillistas) y uno con el `profesor e historiador Emilio Rodríguez Demorizi. Como era una costumbre el libro estaba dedicado a Trujillo. (Carmita Landestoy. Temas históricos.  Pol Hermanos Editores. C. T. 1941).

Portada del libro de Carmita Landestoy en 1941

Landestoy se fue convenciendo que la sociedad dominicana estaba atrapada por una tiranía, logró obtener permiso para salir del país y empezó una activa oposición al régimen. Para esa época empezaba un  glorioso activismo de la juventud dominicana contra el trujillato, con la participación de destacadas jóvenes como Josefina Padilla y Carmen Natalia Martínez Bonilla. El historiador Alejandro Paulino, estableció que el Gobierno consciente que ella preparaba un libro antigubernamental, en diciembre de 1945 puso en circulación un opúsculo atribuido a ella con el epígrafe de Mis relaciones con el presidente Trujillo.  Contentivo de cartas que había enviado a Trujillo. (Alejandro Paulino. Carmita Landestoy y Trujillo.  Historia Dominicana. Santo Domingo, 6 noviembre 2005).

Jesús de Galíndez en su famosa tesis doctoral que le costó la vida, al evaluar el feminismo trujillista se abstuvo de involucrar a Carmita Landestoy, porque conocía muy bien como esta había deslindado los campos con la tiranía. (Jesús de Galíndez. La Era de Trujillo. Un estudio casuístico de dictadura hispanoamericana. Editorial Americana. Talleres Gráficos Kaufman S. R. L. Buenos Aires, 1958).

No obstante el chantaje trujillista, el libro de Landestoy fue publicado en 1946 con el título central de: Yo también acuso.  Provocando enorme revuelo por sus contundentes denuncias de las tropelías del régimen.  El historiador Bernardo Vega resalta que fue la primera mujer en escribir contra Trujillo. Al explicar los motivos de la publicación de su libro, Carmita Landestoy manifestaba: “Yo, que después de once años de ausencia regresé a mi país, en febrero de 1938, pasando allí siete años, hasta febrero de 1945, tengo que escribir este libro”.  De inmediato describía como la insensatez se había apoderado de la dirección del país, estableciendo entre otros aspectos:

“Yo que en mi país he visto a guardias rasos, hombres rudos, ignorantes y analfabetos, conducir presos golpeándolos por la espalda con la culata de los rifles hasta bañarlos en sangre, tengo que escribir este libro”.

“Yo que he visto a estos mismos guardias rasos conduciendo a honorables padres de familia, ciudadanos honestos y cultos, golpeándolos como animales por el simple delitos de haber dicho: “como se las harán los pobres con el arroz y las habichuelas tan caras, tengo que escribir este libro”.

“Yo pienso que ha llegado la hora de prescindir de tanta teoría y literatura inútiles, para llamar las cosas por su verdadero nombre, y exponer los hechos clara y sencillamente a la luz, tengo que escribir este libro, y lo dedico a los hombres libres de América […]  (Carmita Landestoy. Yo también acuso.  Editora Nacional. Santo Domingo, 2011).

De modo cierto las calles en todo el país eran patrulladas por guardias o probotas, que exigían los tres golpes: la cédula, la Palmita o carnet del Partido Dominicano y la carta del servicio militar obligatorio. Quien no los portaba era detenido, otros golpeados o enviados a presidio por cualquier tipo de sospecha. Al referirse a la situación reciente tras su salida con la huelga de los trabajadores azucareros liderados por Mauricio Báez,  acentuaba que el jornal era de centavos diarios, indicando que los grupos que  protestaban eran ametrallados como los de La Romana, sentenciando que:

“Por tanto, pedir aumento en los salarios equivale, para los obreros bajo la tiranía de Trujillo, a firmar su sentencia de encarcelamiento, de golpes o de muerte. Porque si Trujillo no tiene miramiento con los catedráticos, ni con los estudiantes universitarios, menos lo puede tener con los jornaleros pues en mi país son seres casi anónimos”.

Insertó una grave denuncia que hoy en día se ha corroborado, en torno a las negociación de Trujillo con la Alemania hitleriana en medio de la Segunda Guerra Mundial:

“Trujillo fue de los primeros en declarar la guerra, después de lo de Pearl Harbor, pero la revista “Time” lo ha dicho y el resto del mundo sabe que mientras cubría las apariencias, surtía de gasolina los submarinos alemanes”.

Como parte de la repercusión del libro, en los Estados Unidos el Departamento de Estado solicitó al embajador en el país George Butler, su opinión sobre la obra. El informe de Butler fue remitido mediante un  memorándum confidencial el 4 de febrero de 1947:

“El embajador Butler declara que recientemente leyó el libro “Yo También Acuso”, de Carmita Landestoy, y que constituye un ataque muy violento en contra de Trujillo. Dice que, aunque los cargos principales son probablemente justificados, los libros  de este tipo adolecen de tres grandes debilidades: (1) falta de documentación y evidencia efectiva, (2) una presentación tergiversada e inexacta de los antecedentes y las causas de una dictadura; y (3) la presentación de Santo Domingo como una patria feliz antes del advenimiento de Trujillo”. (Bernardo Vega. Los Estados Unidos y Trujillo. Colección de documentos del Departamento de Estado y de las Fuerzas Armadas Norteamericanas. Año 1947.  T. I.  Fundación Cultural Dominicana. Santo Domingo, 1984).

Ese requerimiento al embajador Butler lo más lógico fue ordenado por Spruille Braden, subsecretario de Estado para asuntos latinoamericanos, que en esos momentos era el más consecuente funcionario norteamericano opuesto a las tropelías de Trujillo. Lamentablemente Braden renunció en ese mismo año. Tras abandonar Braden su cargo, el plumífero venezolano José Vicente Pepper al servicio de Trujillo, escribió un libro con el título de: Yo acuso a Braden, este epígrafe era una evidente parodia del título del libro de Carmita Landestoy, publicado el año anterior.

Portada de la edición original del libro de Carmita Landestoy,  Yo también acuso.

 Landestoy se traslada a Cuba y se integra a las actividades de apoyo a los revolucionarios dominicanos que preparaban una expedición armada contra Trujillo en Cayo Confites en 1947. Fracasada la intentona revolucionaria, por la traición del jefe del ejército de Cuba Genovevo Pérez Damera. Los potenciales expedicionarios fueron conducidos a presidio, Juan Bosch que era de los líderes del movimiento se declaró en huelga de hambre, afectada su salud fue conducido al hospital del presidio en el Cuartel Columbia, en La Habana. Bernardo Vega rescató una foto histórica, donde aparece Carmita Landestoy junto a la esposa de Bosch, al lado del lecho del distinguido exiliado.

Juez de instrucción  cubano mientras interrogaba a Juan Bosch internado en el hospital militar de Columbia, al lado Carmen Quidiello la esposa de Bosch, y Carmita Landestoy del otro lado. Fuente: Bernardo Vega. Los Estados Unidos y Trujillo. Colección de documentos del Departamento De Estado y de las Fuerzas Armadas Norteamericanas. Año 1947.  T. I. 

 

 Trujillo ordenó celebrar un gran juicio contra todos los vinculados en la frustrada expedición de Cayo Confites.  Fueron condenados en contumacia a treinta años de trabajos públicos cada uno y al pago de una indemnización colectiva de trece millones doscientos cincuenta y seis mil pesos oro, por la Segunda Cámara del Distrito Judicial de Santo Domingo, el 30 de enero de 1948, imputados de concertar una trama con el fin de reemplazar el Gobierno con procedimientos contrarios a la Constitución.  Entre los condenados en contumacia: Carmita Landestoy, también Graciela Heureaux y Clara Lluberes. (Libro Blanco del comunismo en la República Dominicana.  Secretaría de Estado de Interior. C. T. 1956).

El régimen trujillista persistió en el seguimiento a las actividades de Carmita Landestoy y la circulación de su famoso libro. El 7 de septiembre de 1949, el encargado de negocios de la embajada de Trujillo en Cuba, enviaba la siguiente información al canciller Virgilio Díaz Ordoñez:

“Me cumple avisarle que la célebre Carmita Landestoy envió a la librería de Moreno Hermanos de esta ciudad un paquete con su libro, digo, con su libelo, “Yo también acuso”; pero esa firma los ha devuelto “por falta de compradores”.

“Incluyo el membrete que tenían los paquete”.

“Es de presumirse que esa mal agradecida lo ha enviado a todas las demás agencias de “Selecciones del Reader Digest”. (Bernardo Vega. Unos desafectos y otros en desgracia. Sufrimientos en la dictadura de Trujillo.  Fundación Cultural Dominicana. Santo Domingo, 1986).

En la década del cincuenta los muy distinguidos hermanos Keko y Bullumba Landestoy, cantante el primero y compositor y pianista el segundo, se disponían a abandonar el país de manera discreta para convertirse en exiliados.  A Bullumba le negaron el muy importante permiso de salida por un supuesto parentesco con Carmita Landestoy. Aunque coincidían los apellidos los músicos eran de La Romana y la escritora de Baní, esto aparentemente ayudó para que anularan el impedimento, junto a la intervención de un poderoso personaje de la época.

Minerva Bernardino, prominente agente del espionaje trujillista (implicada en el rapto de Galíndez) el 23 de diciembre de 1953 le enviaba una comunicación personal a Trujillo, informándole:

“Me permito molestar su ocupadísima atención para hacer de su conocimiento que la notable agitadora de tendencias comunistas, señora Carmita Landestoy, enemiga ponzoñosa de nuestro Gobierno y de nuestro país, se encuentra en los momentos actuales en Washington, tratando por todos los medios posibles de hallar buenos traductores que colaboren con ella “en cierto proyecto que piensa llevar a cabo”.

“Toda vez que la señora Landestoy tomó parte activa entre los grupos subversivos que abundan en la ciudad de La Habana, donde, no solamente se dedicó a la publicación de libelos, sino a la conspiración alevosa en contra de nuestro régimen, su presencia en Washington y sus actuales propósitos me hacen suponer que ella trae consigo planes maquiavélicos con el apoyo de algún grupo o persona, ya que, como bien es sabido de todos, su situación económica en La Habana era desastrosa. El próximo domingo, 27 de diciembre, saldré para Washington a indagar los pormenores de la presencia allí de tan indeseable persona”.  (Bernardo Vega. Unos desafectos y otros en desgracia. Sufrimientos en la dictadura de Trujillo).

Ante su activa adversidad a la tiranía, consideramos la orden de asesinato procedía contra Carmita Landestoy de acuerdo a las reglas de sangre de la tiranía y probablemente fue congelada no por su condición de mujer, sino por una situación coyuntural. La escritora opositora adoptó a New York como domicilio permanente, ya Trujillo había ordenado en esta gran ciudad conmovedores crímenes, como el fallido atentando contra el líder político Angel Morales, que por error asesinaron al también exiliado Sergio Bencosme, el homicidio contra el novelista Andrés Requena y el secuestro y asesinato de Galíndez, una exhaustiva investigación del FBI estableció importantes indicios que inculpaban a Trujillo de este último delito. Entonces la materialización de sus crímenes importantes fueron trasladados a México, donde Johnny Abbes ordenó asesinar al poeta y líder político venezolano Andrés Eloy Blanco, autor del famoso poema «Píntame angelinos negros», enemigo acérrimo de Trujillo, luego el atentado contra el exdiplomático Tancredo Duluc y el homicidio del escritor español José Almoina, antiguo, secretario particular de Trujillo.

Esto significa que dado su carácter militante en las denuncias al absolutismo trujillista, Carmita Landestoy había ascendido a la nómina de “gentes peligrosas”, que los personeros del espionaje internacional seguían de cerca sus actuaciones en el exilio. Sin dudas, aunque casi desconocida por nuestros contemporáneos, el: Yo también acuso de Carmita Landestoy, conmocionó al tirano imputado.