–         ¿Tú no piensas hacer nada contra estos autos que han improvisado este tercer carril?”

–         Imagínate, yo nada más soy uno.

Conversación con un AMET sincero en la avenida Máximo Gómez, circa 2015.

Hace unos años que tengo un borrador guardado en el cual abordo la situación de los deliverys y las aplicaciones de envío. No lo he podido terminar. La idea detrás de ese texto, era hablar del incentivo que producen esas aplicaciones para romper las leyes de tránsito. En el texto, considero que lo ideal pasa por mejorarles las condiciones laborales y darle un salario base. Esto debido a que el ingreso de los deliverys o mensajeros depende de entregar la mayor cantidad de órdenes en el menor tiempo posible.

 

Es así como en el afán de la entrega rápida, las leyes de tránsito devienen triviales. Asimismo, sugiero que la empresa que los emplea debería monitorear su travesía, velocidades e identificarlos mejor, en aras de que los ciudadanos podamos reportarlos si violentan las leyes. ¡Pues están por todos lados!… En vía contraria, yéndose en rojo, rebasando mal, a alta velocidad… Y toda esa idea que nunca publiqué partía de ver a un delivery accidentado. Me golpeaba la idea de que el incentivo lo llevó a la temeridad, a accidentarse y hasta a asumir sus gastos médicos… o funerarios.

 

No obstante, siento que este fenómeno se ha expandido. No sé si a raíz del liderazgo trazado por los deliverys o bien por la impunidad que existe en Santo Domingo a la hora de violar las leyes de tránsito. Lo cierto es que una gran parte de los motoristas, tienen a la ciudad en el caos y la imprudencia. A ver, no es que los autos tengan mejor calificación moral, pero sí tienen restricciones de movilidad, ya que al ser más grandes no pueden desplazarse con igual ligereza o facilidad.

 

Hoy día, parecen muy relajadas todas las normas de tránsito, salvo la del carril imaginario. Esa que no figura en la ley, pero que es costumbre. La cual dice así: “Entre dos carros existe un carril imaginario que pertenece a vendedores y a motores. Si optas por cambiar de carril o zigzaguear sin considerar ese carril ficticio, el culpable eres tú.”

 

Sabemos que la prisa es compartida y que los tapones nos reducen a la impotencia. Entendemos el auge de los motores a raíz de esto, del precio de la gasolina y del ingreso económico promedio de la sociedad. No hay argumento en contra de su buen uso.

 

Pero cuando uno ve la burla del que se va en rojo, del que fuerza otro carril, del que está dispuesto a chocarte… Se genera un clima de violencia y frustración que sueña a veces con armas y otras veces con una cultura distinta, la cual a corto plazo sólo es accesible por avión y con visa. Pues no hay solución al tráfico que no parta de pensar en lo colectivo. Más transporte público, más carriles privilegiados para buses y demás. Pero en el entretiempo, las normas deben volver a respetarse.

 

En su momento, la sentencia núm. 21-15 del Tribunal Constitucional le recordó a los AMETS tener presente la ley a la hora de retener los vehículos, nada de llevárselo por asuntos menores. Era lo correcto, pero despojaba de un buen susto a los conductores, muchos de los cuales siguen ameritando castigos que las multas de tránsito no están logrando. Así que cargo con mi propuesta que nace de una anécdota.

 

Cuando iniciábamos en el arte de conducir, mi amigo Augusto desarrolló una maña particular, solía enfrentar a los autos que pretendían pasarle por encima al mundo. Cuando le querían rebasar de manera violenta, no los dejaba. Algo inmaduro que los años le fueron curando (creo).

 

En ese pugilato, Augusto esperaba el momento en el cual no había salida ni carril disponible para rebase, paraba el vehículo y prendía las intermitentes; Augusto entonces procedía a desmontarse, abrir el capó del carro, y fingía preocupación al mirar el motor. Toda la velocidad y la rabia del conductor que quería volarle se suspendía, ahora tocaba tragársela y esperar, ya que no podía descargarse igual contra un desperfecto mecánico. Era un mensaje de la vida (o de Augusto) que reivindicaba el respeto y el freno. Luego de unos minutos, el carro mágicamente prendía (pues nunca tuvo problemas) y Augusto se salía de su camino.

 

Si bien DIGESETT no puede llevarse vehículos o motores por infracciones menores y las multas no producen temor, entiendo que la estrategia contra cualquier imprudente debe ir por ese camino. Castigar con el retraso, con el papeleo. Usted se fue en rojo o en contravía porque andaba rápido, pues le toca un formulario burocrático que lo castigue con 100 veces más el tiempo del semáforo que se comió. Esto claro, sumado a la multa de ley…. y a nuestro desprecio colectivo.