Luis Alberto Cabrera, alias Jack el Destripador dominicano, asesino en serie, actividad criminal desarrollada en el año 2002. Verifico que no contamos con información suficiente que permita evaluar la biografía e historia de vida de esta persona. Datos que nos permitirán estudiar los factores que contribuyen a configurar la personalidad criminal.

El modus operandi consistía en hacerse pasar por chofer de transporte público para recoger sus víctimas y luego llevarlas a unos matorrales donde las violaba, apuñalaba, llegando al punto de extraer sus órganos. Asesinó a 3 mujeres y violó y acuchilló a otras 3. En el año 2002, fue condenado a cumplir 30 años de prisión. Por el nivel de ensañamiento y mutilación de partes de sus víctimas, se le asocia con el conocido asesino serial Jack el Destripador.

En su residencia fueron encontrados objetos que pertenecían a las víctimas. En los casos de asesinos en serie, el asesino considera tales objetos como trofeos. Sobre este particular, los asesinos en serie tienden a llevarse objetos o partes del cuerpo de sus víctimas ya que de este modo les permite recordar los detalles del crimen, generándoles gratificación sexual. A través de estos objetos mantienen viva las fantasías, que son aquellos pensamientos perversos y violentos que les empujan al acto y que, de acuerdo con Ressler y Schachtman, se vienen formando desde la infancia hasta que finalmente deciden llevarlas a la realidad. Sin embargo, muchas veces, se decepcionan ya que encuentran que la realidad no llega a cubrir la fantasía, razón por la cual continúan asesinando y solo dejan de hacerlo cuando son detenidos.

Paz Velasco (2018) señala que “a través de la visión, el tacto o el olor de ese objeto, el asesino revive paso a paso cómo cometió el asesinato, el terror que sintió la víctima, la cantidad de dolor infringido o cuánto tiempo tardó en morir”.

Según se ha publicado en los medios, fue diagnosticado de psicopatía. La psicopatía es un trastorno de la personalidad (no trastorno mental) muy presente en el caso de los asesinos en serie organizados, quienes, a diferencia de los desorganizados, tienden a planificar sus crímenes de manera cuidadosa, tomando de referencia el anterior para perfeccionarlo.

Respecto a la psicopatía, Hare (1993) indica que “con una total carencia de conciencia y sentimientos por los demás, toman lo que les apetece de la forma que les viene en gana, sin respeto por las normas sociales y sin el menor rastro de arrepentimiento o piedad”.

Dentro de los rasgos de la psicopatía se encuentran: la falta de remordimiento o culpa, falta de empatía, persona manipuladora y mentirosa, poco control de su conducta, necesidad de excitación; entre otros. (Hare, 1993).

Los pronósticos de rehabilitación de las personas con psicopatía son desalentadores. Por el nivel de manipulación, pueden llegar al punto de convencer que se han rehabilitado con el propósito de lograr un objetivo, como salir de prisión, y, debido a que la rehabilitación no ha funcionado, terminan reincidiendo.

Echeburúa (2019) refiere lo siguiente: “el diagnóstico de trastorno de la personalidad conlleva, generalmente la etiqueta de intratable. Las personas aquejadas de estos trastornos son percibidas como manipuladoras, buscadoras de atención, molestas, no mentalmente enfermas, con capacidad para controlar sus conductas, refractarias al tratamiento y con mal pronóstico. Por ello, se las considera con un cierto control voluntario sobre sus conductas y, por tanto, responsables de las mismas. La vigencia de estas actitudes está relacionada, a su vez, con un cierto rechazo -explícito o implícito- de los centros asistenciales a tratar este tipo de sujetos (Lewis y Appleby, 1988)”.

En cuanto a los asesinos en serie, Ressler y Schachtman (1992), establecen lo siguiente: “(…) es muy poco probable que estos asesinos, una vez detenidos y encarcelados, puedan rehabilitarse -después de todo, sus problemas vienen desarrollándose desde la infancia-. Nunca han sabido relacionarse adecuadamente con otros seres humanos, y una habilidad interpersonal tan básica no es algo que se pueda enseñar fácilmente en la cárcel. Hay que reeducarlos, enseñarles a sentir cariño por otros seres humanos como individuos. Convertir a hombres enfadados, resentidos y agresivos en personas sensibles que encajan bien en la sociedad es una tarea casi imposible”.

Partiendo de lo antedicho podemos verificar que se trata de personas altamente peligrosas que deberían permanecer en prisión por el resto de sus vidas. En virtud de lo antes expuesto, considero que es menester revisar nuestra legislación penal para que, en un futuro, se pueda incluir penas como la pena de cadena perpetua que aplique para asesinos de esta naturaleza.

Por otro lado, puesto que una persona que cumple su condena debe ser puesta en libertad, debería verificarse la posibilidad de llevar un registro de asesinos en serie que han sido liberados, de carácter público y permanente, tal como se realiza en países como EEUU y España, con los delincuentes violentos y sexuales, y notificar a la comunidad sobre el historial del asesino en serie, que incluya imagen actualizada del mismo, a modo de prevención general.

Es importante recalcar, que en el caso de asesinos en series que han sido capturados y condenados en Estados Unidos, por lo regular, se les condena a cadena perpetua o a la pena capital.