Las alianzas y coaliciones, como se puede comprobar en los procesos eleccionarios celebrados antes y después de la dictadura trujillista, forman parte de la cultura electoral dominicana.

En ese sentido, en las elecciones del 15 de marzo de 1924 fue conformada una alianza entre el Partido Nacional y el Partido Progresista, llamada Alianza Nacional Progresista, la cual fue encabezada por Horacio Vásquez y Federico Velázquez, candidatos a la presidencia y vicepresidencia de la República, respectivamente. Con esta alianza compitió la Coalición Patriótica de Ciudadanos, encabezada por su candidato presidencial Francisco J. Peynado y conformada por el Partido Liberal y la Coalición Patriótica de Ciudadanos.

Después de la caída de la dictadura de Trujillo, el 30 de mayo de 1961, se han concretado alianzas en todas las elecciones, a partir de las del 1 de junio de 1966, en las que se produjeron tres alianzas, a saber: una integrada por los partidos Reformista, Demócrata Cristiano y Liberal Evolucionista, la cual postuló a Joaquín Balaguer y a Francisco Augusto Lora como sus candidatos a la presidencia y vicepresidencia de la República, una por los partidos Revolucionario Dominicano y Revolucionario Social Cristiano, encabezados por Juan Bosch y Antonio Guzmán Fernández, candidatos a presidente y vicepresidente, respectivamente, y otra por la Unión Cívica Nacional, Vanguardia Revolucionaria Dominicana, Partido Acción Constitucional y el Partido Nacionalista Revolucionario Democrático, la cual fue encabezada por sus respectivos candidatos presidencial y vicepresidencial, Rafael F. Bonelly y Abel Fernández Simó.

Continuando con esta tradición, la Ley núm. 20-23, Orgánica del Régimen Electoral, definió en su artículo 3 los conceptos alianza y coalición, refiriéndose al primero como el “acuerdo establecido entre dos o más partidos, para participar conjuntamente en uno o más niveles de elección y en una o más demarcaciones electorales”.

Siguiendo el mismo orden, la citada ley define la coalición como “el conjunto de partidos, agrupaciones o movimientos políticos que postulan los mismos candidatos en un nivel con alcance nacional, en dos niveles con alcance nacional, o en todos los niveles de elección con alcance nacional, y que han establecido en un documento el contenido de sus acuerdos”.

A partir de la reforma constitucional de 1994, que estableció el requisito del cincuenta más uno de los votos para ganar en primera vuelta, las alianzas pasaron a ser más importantes que nunca para los partidos.

Sin embargo, para los partidos emergentes la alianza es un importante medio que les garantiza la conservación de la personería jurídica y la obtención de algunos cargos de elección popular y de la administración pública.

Para las organizaciones políticas con potencial para ganar en primera vuelta, aunque alcancen el cincuenta por ciento de intención de voto, como es el caso del Partido Revolucionario Moderno, y su candidato presidencial supere el cincuenta y cinco por ciento, como es el caso de Luis Abinader, los votos aportados por las alianzas contribuyen a afianzar el triunfo.

No ocurre lo mismo con partidos de oposición, como el de la Liberación Dominicana (PLD) y Fuerza del Pueblo, los cuales debido a que se encuentran extremadamente débiles en el electorado, aunque luchan entre ellos por el segundo lugar, recurren desesperadamente a una extraña alianza para tratar de impedir que el PRM y su popular candidato presidencial, Luis Abinader, ganen las elecciones en primera vuelta.

Lo anterior es entendible, tomando en consideración que desde que se institucionalizó el balotaje, con excepción de los comicios de 1996, todas las elecciones han sido decididas en primera vuelta.

Hoy, más que en las elecciones del 2016, todo conduce, sin duda alguna, a un amplio triunfo del candidato presidencial del partido de gobierno en primera vuelta.