El gran semiotista franco lituano Algirdas Greimas (1917-1992) goza del privilegio de ser el único intelectual francés que creó con denuedo y rigor, una escuela de reflexión y práctica semióticas, y cuyo legado se ha afirmado, ha demostrado su sostenibilidad, aún treinta años después de su muerte. Sus contemporáneos, Althusser, Barthes, Claude Levy Strauss, Gerard Genette y el versátil Tzvetan Todorov, hicieron aportes inestimables a las ciencias sociales, lingüísticas o literarias, pero no dejaron enraizada en las aulas parisinas una corriente de pensamiento, y menos una escuela con un profuso discipulado en todo el mundo.

A.J.Greimas después de un itinerario universitario lituano, ingresó  a la universidad de Grenoble, ciudad situada al este de Francia, para seguir  estudios de letras y filosofía. Se dotó con avidez erudita de una cultura humanística abarcadora de las tradiciones eslava, germana, y francesa. En 1948 presentó en París  una tesis en lexicología sobre el sistema léxico  de la moda en 183O en Francia. Después de una experiencia académica en Egipto (Alexandria), acompañado de Roland Barthes, quien fue su discípulo, se instaló en París. Poco tiempo después fue sobrecogido por una suerte de revelación intelectual. En la lexicología las palabras se aíslan y estudian minuciosamente en su evolución; poseen existencia propia y son consignadas en un diccionario. Hjemslev, mentor e inspirador de la semiótica de Greimas, en su Prolegómenos a una teoría del lenguaje afirmó contra esas ingenuidades lingüísticas  que el sentido de la palabras  proviene del contexto discursivo. Greimas a partir de esa premisa y de su enciclopédica versación lingüística, pasa con armas y bagajes de la lexicología a la semántica y edifica una teoría minuciosa del sentido en Semántica estructural (1966).

La Escuela semiótica de París cuyo inspirador fue Greimas, pese al deceso de miembros encumbrados (Zilberberg, Geninasca, Jean Marie Floch), sostiene un flujo constante de publicaciones renovadoras  de la teoría y  práctica semióticas. El acervo del saber semiótico se ha aplicado a cualquier creación o acción humanas, con el fin ambicioso pero amparado en el rigor, de circunscribir el sentido de  las  actividades cotidianas, más allá del arte y la literatura. La semiótica greimassiana se configuró, como lo afirmó él mismo, como ‘’una teoría general del sentido’’ así como ‘’un proyecto de ciencia’’ en constante mutación teórica.

La Universidad de Limoges y en menor grado de Saint Denis, al norte de Paris,   así como la Escuela de Altos Estudios, son dinámicos bastiones de difusión de su pensamiento semiótico. La revista Nouvelle Revue semiotique aún en vigor, continúa siendo la expresión idónea y cosmopolita de la renovación sin complacencia de la semiótica greimassiana, en la cual se reciclan, se cuestionan sus postulados más polémicos, se incorporan nuevos campos de estudio e inéditos  conceptos operacionales. La Escuela semiótica de Paris, abierta a otras corrientes, para envidia de muchos, dispone de una colección, ‘’Formes sémiotiques’’  en una de las más prestigiosas casas editoriales francesas, Presse Universitaire de France. Esta colección muestra fervorosamente que la semiótica confeccionada por Greimas, se consolida con una nueva generación de investigadores y nuevos objetos de estudio, como el design, el etiquetaje de los productos alimentarios, Internet, los desplazamientos orientados de los usuarios del metro, los objetos de nuestra cotidianidad y largas etcéteras.

El Congreso de la Asociación francesa de semiótica, celebrado bajo el patronato de  la Unesco, en 2017, se fraguó en torno al centenario del nacimiento de este sabio bien singular, cuyo rostro adusto, mirada aguda e intransigente, y de óptimas exigencias intelectuales, son difíciles de olvidar. De las ponencias congresuales y evocaciones leídas por semiotistas y lingüistas de unos once países,  emanó un volumen  de 806 páginas, titulado, ’’ Greimas hoy: el futuro de la estructura’’ donde se prescinde del tono laudatorio, y  se debate y critica aspectos de la obra del maestro que merecen ser perpetuados,  mejorados o abandonados. Este acontecimiento intelectual desmiente lo que he podido escuchar en una Republica dominicana postrada en una peligrosa insularidad intelectual o en la ociosidad mental, sobre una presunta obsolescencia  de la semiótica.

Nuestra experiencia en su seminario fue fructuosa. Cuando entramos a los estudios predoctorales (Diploma de Estudios profundizados), deseábamos pasar de la sociología de la literatura humanista de Lucien Goldmann que utilizamos para dilucidar el sentido de la novela en su entorno socio-intelectual, a un teoría más propiamente textual. Aplicamos la teoría de Goldmann a El Arpa y la Sombra de Alejo Carpentier  pero sentimos la imperiosa necesidad de dotarnos de una  teoría más apegada a la complejidad del texto, sus estructuras narrativas, axiológicas y discursivas. Antes de ir al seminario de Greimas, nos lanzamos  a leer al gran lingüista danés Louis Hjelmslev, fuente matricial de la semiótica del sabio. Nos dimos cuenta que  su lingüística y la semiótica de Greimas no podían leerse como un ensayo, debían más bien estudiarse lápiz en mano, animado de  una paciencia benedictina.

El maestro y sus discípulos oficiaban en la gran sala de la facultad de teología protestante, en el sur de París.  Sin intentar un sesgo humorístico podemos afirmar que parecía un concilio laico con un papa y sus cardenales. Era innegable el culto a la personalidad. Más de cien personas poblaban el ancho recinto. Los estudiantes inscritos en su seminario estábamos en los bleachers, silentes, intimidados. Mexicanos, brasileños hoy brillantes semiotistas en San Paulo en Brasil, norteamericanos y oriundos de toda Europa.

El especialista de la semiótica política, Eric Landowski, anotaba en una lista con diligencia y entusiasmo, a los interesados en obtener las obras de los coloquios internacionales propuestos en torno a la obra de A. Greimas. Recogía el dinero y dos semanas después,  nos daba un material impreso finamente encuadernado, de un valor inestimable, estampado por las firmas de los semiotista más connotados del mundo.

No olvidaremos las luminosas charlas del brillante discipulado, de Denis Bertrand, Jean Marie Floch, del extinto semiotista italiano Paolo Fabbri. El eximio matemático y filósofo de las ciencias Jean Petitot presentaba las orientaciones generales de su libro Morfogénesis del sentido, de difícil acceso. Allí conocimos al eminente especialista de la semiótica musical, el finlandés Eero Tarasti.  No podemos sin  embargo olvidar incidentes académicos que denotaban aún un cierto retraimiento ortodoxo en Greimas. Una tarde invitó a un atildado especialista de Kant. Si nuestra memoria no desfallece, el joven profesor fue convidado a disertar  sobre la noción de objeto en Kant y en la semiótica. Lanzado en una brillante acrobacia verbal para unir a Kant y Greimas, el filósofo no convenció al maestro. Más bien lo indispuso. Cuando finalizó se hizo un silencio pétreo, y vimos a Greimas subir a la tarima de la gran sala, con el ceño fruncido.  Dio con la palma de una mano en la mesa y dijo que estábamos asistiendo a la decadencia de la semiótica y su transformación en un  burdo ejercicio metafísico. Sobre todo, y haciendo alusión  al fogoso filósofo, agregó que cuando se habla de objeto en semiótica, no se trata de un objeto como la mesa (y palpó  la mesa) sino de un objeto sintáctico. Estaba enfadado, pues veía merodear las disquisiciones filosóficas en torno a su  riguroso método de prosapia lógico-lingüística.

Después de estudiar a los diferentes semiotistas nos mantuvimos reacios a escoger un miembro del equipo de Greimas para hacer una tesis doctoral de semiótica. No habían salido aún  de una ortodoxia hacia la cual manifesté, pese a ser muy joven,  reticencias de método. Me alejé  de cierto pedantismo exclusivista.

Escogí la matriz narrativa de análisis  de Claude Bremond, más apegada a los textos concretos, y menos abstracta y me inscribí bajo su tutela, a fin de elaborar una semiótica narrativa de  la novela policía durante el predoctorado. Recuerdo que concluido el predoctorado, debía  pasar  a las oficinas del  Grupo de estudios semio-lingüísticos en la rue Monsieur le Prince, a fin de que Greimas me facilitara una atestación donde quedaba consignada mi participación en  su seminario, para fines de nota final. Salí decepcionado, el semiotista franco-lituano envió a un joven secretario para satisfacer mi petición. Mis anhelos de conversar con él aunque sea algunos minutos se vieron frustrados. Nunca pude ni siquiera darle las gracias.

En el transcurso de mi inscripción al doctorado cambié el sujeto de tesis: me incliné por la novela del Caribe y adopté un método mixto, ecléctico, muy impregnado por la semiótica de Greimas y  la semiología narratológica de Bremond, pero con un sesgo sociológico, pues pensé ( como el gran maestro Lucien Goldmann) que en lo que concierne la novela y según los períodos históricos, subyace oculto bajo el discurso de un sujeto creador e individual,  un sujeto colectivo de la creación, con sus valores axiológicos y estéticos.  Es decir el solo sujeto individual no es el escritor en su habitáculo, vertiendo sus fantasmas sobre el papel, sino también, los valores y sensibilidades del grupo con el que supuestamente posee afinidades. Jacques Leenhardt especialista de Goldmann y conocedor de las diferentes semióticas que lidiaban entre sí, fue mi director, pero por razones administrativas tuve que inscribirme con Bremond. Cinco años después presenté la tesis Tipología de la novela del Caribe: Rep.dominicana, Venezuela, Puerto rico y Cuba. Ensayo de sociosemiótica de la novela. Se la dediqué a Greimas con mucha emoción en agradecimiento a todo lo aprendido en sus libros y en sus seminarios.