Diablos tradicionales D.N.

El primer carnaval de América fue realizado en la ciudad de Santo Domingo. Aunque no existe unanimidad entre los investigadores sobre la fecha de su fundación  El antropólogo dominicano-español, Carlos Esteban Deive, citando al fiscal de la audiencia de Santo Domingo, afirma que esto sucedió en el año de 1578, aunque reconoce, que ya existía 25 años atrás, es decir, en 1553.

 

El maestro Fradique Lizardo, dice que fueron celebradas manifestaciones de carnaval en Las Casas Reales en 1535, con la realización de un baile para las elites coloniales.  El antropólogo Marcio Veloz Maggiolo, afirma que “a la isla de Santo Domingo, el carnaval llega con los españoles, con los conquistadores. Las mascaradas parecen haber salido, las primeas muestras de este tipo, estando vigente desde el siglo XVI”.

El historiador de la ciudad de Santo Domingo durante muchos años, Manuel Mañón de Jesús Arredondo, escribió: “Desde tiempos muy antiguos en la capital dominicana eran celebradas los festejos de carnaval. Se tiene noticias documentales de esas fiestas desde antes de 1520”, lo cual lo convierte en “El Primer Carnaval de América”.

Era rígido y dictatorial el régimen colonial, prevalecía una disciplina militar y un control moralista extremo a nivel social cotidiano en términos de conductas individuales, con limitaciones de lugares recreativos y de esparcimientos.  El surgimiento de la industria azucareros produjo el reflujo de adquisición de bienes económicos en una élite que solo tenía apellidos y privilegios. El carnaval se convirtió en su espacio de catarsis social.

Por eso, todos los grandes acontecimientos y celebraciones terminaban en carnaval, desde la coronación de un rey en España, el aniversario de la fundación de la ciudad, las celebraciones a San Juan Bautista o la llegada  de las carnestolendas.  ¡El carnaval permitía lo que negaba la sociedad!

En la colonia de Santo Domingo, se conformaron tres modalidades: Bailes de carnaval para la élite con invitaciones en los salones de la Capitanía de las Casas Reales; por las noches, encuentros en la explanada frente de la catedral y la que organizaban los estudiantes de la Universidad de Santo Domingo.

Años dorados.

La función del carnaval históricamente se conformó acorde con los cambios sociales. No hay documentación sobre las modalidades del mismo durante la ocupación haitiana (1822-1844)  En el periodo independentista culturalmente se fortaleció la dimensión cultural española, que se reprodujo en la primera fase de la Anexión a España, la cual se modificó con el triunfo de la Gesta de la Restauración, cuando se produjo una negación a todo lo que huelía a español a nivel popular y las élites ya no miraban  con obsesión a Madrid como centro cultural, sino a París, la ciudad del glamur, los perfumes, las luces y la fantasía.

 

En París, descubren con sus élites el valor artístico-cultural-social del carnaval y lo adoptan como expresión de clase social, incluso trayendo confetis y serpentinas para sus carnavales privados en sus clubes y en la elección de sus reinas, al margen de la participación popular.

 

Durante la primera ocupación norteamericana (1916.24), en un espacio represivo, militarizado, fue prohibido el carnaval, por miedo a las manifestaciones de protestas populares, consiguiendo un espacio de expresión a nivel popular y de las élites en la dictadura trujillista.  Trujillo, para acercarse y congraciarse con las familias “sagradas”, apoyó el carnaval de salón y monitoreado dejó existir la expresión del carnaval popular en las calles.  Los miembros de las comparsas de diablos “cajuelos”, por ejemplo, tenían que sacar un permiso con un número en los cuarteles policiales, estos debían de colocárselos visiblemente en las calles y en ellas, los cuerpos de seguridad de la dictadura filtraban a números calíes disfrazados. Paradójicamente, algunos carnavaleros eran guardias y/o policías y cuando terminaban sus servicios oficiales, se disfrazaban y se integraban a sus comparsas, como era el caso de Aná y Tony Berenjena.

 

El carnaval popular, por asumida de conciencia de los carnavaleros, terminó asociándose con la tradición y con la patria.  El carnaval ancestral de carnestolendas, traído por los españoles, se convirtió en el “Carnaval de la Independencia”; el de agosto se transformó en el “Carnaval de la Restauración” y en Semana Santa, en el “carnaval Cimarrón”.

 

La conmemoración de la Gesta Restauradora, la epopeya patriótica más trascendente de la lucha por la dominicanidad, donde el pueblo en una guerra de guerrilla, derrotó a un ejército regular, técnicamente superior, en una jornada antiimperialista de lucha por la soberanía nacional, era conmemorado por el pueblo con el  carnaval.

 

Este carnaval que antes tenía una dimensión nacional ha ido disminuyendo a nivel nacional, como resultado de la comercialización y de la oficialización, premios y competencias.  En resumen, ha faltado una política cultural de Estado para su fortalecimiento y revalorización.  Aun así, el carnaval de agosto es una tradición y una dimensión patriótica de revaloración y de resistencia en la conformación de expresiones de dominicanidad.

 

En el Distrito Nacional, UCADI, con diversos grupos carnavaleros, organiza cada domingo de agosto, el “Carnaval de los Años Dorados”, donde comparsas de diablos “cajuelos” realizan caminatas por los barrios de manera espontánea, revalorizando y recreando las esencias originales del carnaval como expresión del pueblo y manifestación de identidad cultural nacional.