Si iniciamos el presente análisis revisando lo expresado por el ciudadano presidente de la República en su discurso de rendición de cuentas el pasado 27 de febrero, en lo relativo al tema salud, podemos inferir sin ningún atisbo de dudas que los datos aportados tanto por el Ministerio de Salud Pública (MSP), como por el Servicio Nacional de Salud  para la estructuración de tan trascendente pieza es pobre en lo que se refiere a cambios significativos para impactar en la salud de las personas, más aún, hay total ausencia de la más mínima intervención a favor de la salud mental.

En efecto, señala el ciudadano presidente que “En 2022 se han remozado 222 centros de primer nivel y se han inaugurado 10 nuevos”, a seguidas dice “que están continuando los trabajos y remozamiento de 71 hospitales y la reparación general de 59 Centros de Primer Nivel de Atención”. Más adelante apunta “se procedió al remozamiento de los hospitales Teófilo Gautier, Padre Las Casas, Guayabal, Arenoso”. Por último nos habla de la remodelación y equipamiento del hospital Padre Billini y del hospital Villa Hermosa en La Romana. En ninguna de estas inversiones en estos centros con capacidad de internamiento en los diferentes niveles de atención en salud se dará ingreso a paciente psiquiátrico que lo amerite.

En la región Este del país no existe una sola cama pública para ingreso psiquiátrico, no obstante se remodelan 2 hospitales: uno en El Seybo (hospital Teófilo Gautier), y otro en La Romana (hospital Villa Hermosa), y las autoridades del SNS no destinan una sola cama para intervención en una crisis psiquiátrica. En la región sur, ni la provincia de Azua ni la provincia de Bani tienen capacidad de ingreso en psiquiatría pero se remodelan dos hospitales y no se destina una cama para psiquiatría. En el día de hoy, sale en la primera plana de  un diario que la única Unidad de Intervención en Crisis que tiene la región nordeste (San Francisco de Macorís, Nagua, Samaná y Sánchez Ramírez), está en condición desastrosa, pero se  anuncia que se remoza el hospital de Arenoso y no se instala una sola cama psiquiátrica.

Hace pocos días el SNS llama a concurso para plazas de un significativo número de médicos en toda la geografía nacional. Recordamos que el déficit de psiquiatras que tiene nuestro país es escandaloso (alrededor de 1 psiquiatra por 100 mil habitantes cuando Cuba, por ejemplo, tiene 9). Más aún, tenemos varias provincias donde no hay un solo psiquiatra trabajando a nivel público. El referido llamado a concurso no publicó una sola plaza para psiquiatras.

A todas luces faltan voluntad política, asignación presupuestaria  y planificación. Quien no sabe lo que quiere y para dónde va llega a cualquier parte, hasta a la menos indicada. En muy pocos años hemos pasado de ser  “un punto de referencia para toda la región, gracias a los esfuerzos realizados para transformar la atención en salud mental” (Directora Oficina Panamericana de la Salud, febrero 2018), hasta enfrentarnos no solo a pérdida de espacios y servicios de atención sino a la más mínima inversión a favor de la salud mental.

El servidor público debe hacer lo que el usuario necesita, el liderazgo inicia por la voluntad. Se satisfacen las  necesidades, no los deseos particulares. Quien debe marcar el camino es la brecha identificada en base a las políticas públicas establecidas en la ley de salud y su reglamento. Lo que define a un sistema de salud es la forma como atiende a los más frágiles y necesitados. Es la ética pública la que define la forma en que el sistema de salud afronta la locura.