El 12 de julio de 2024 se cumplen 100 años de la instauración de una mentira repetida muchas veces a lo largo de la centuria, tratando de presentarla como verdad. Desde el aciago instante de la imposición del Plan de evacuación  Hughes-Peynado, se preparó la maniobra en torno a la supuesta salida del país ese día  de las tropas del Gobierno de ocupación de Estados Unidos. En realidad en ese momento solo ocurrió la juramentación del régimen de Horacio Vásquez, que ganó las “elecciones” celebradas bajo los auspicios de las tropas extranjeras, aceptando todos los mandatos contenidos en el susodicho plan de evacuación, y preparó el ambiente de vacío político para la instalación del trujillato.

El 12 de julio fue una vulgar estratagema que perseguía ratificar a nivel poblacional los designios zahirientes del ocupante extranjero. Acciones impugnadas por el movimiento nacionalista que propició la salida de las tropas exógenas, con su amplia campaña de denuncias a nivel nacional e internacional.

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La Casa de Gobierno fue adornada con un letrero lumínico que insinuaba la supuesta conmemoración patriótica del susodicho día.

Contrario a las diversas ocasiones en que los criollos se han enfrentado con las armas a países que han ocupado o pretendido conquistar el territorio nacional (Inglaterra, Francia, Haití, España, Estados Unidos en 1965) la intervención militar de Estados Unidos de 1916-1924 en una jornada sin precedentes fue revertida de modo primordial por la movilización nacional e internacional de los dominicanos, encabezados por una pléyade de intelectuales.

Los líderes de los bandos tradicionales desde los coludos y bolos hasta los progresistas, se retiraron a sus hogares a observar tranquilamente el paso del cortejo fúnebre de la patria.  Federico Ellis Cambiaso, médico patriota denunció a sus principales cabecillas como los cuatro monstruos de la anexión, estos luego de tomar vacaciones colectivas se prestaron a convalidar el proyecto de evacuación que convenía a los intereses extranjeros, fueron ellos: Francisco J. Peynado, Horacio Vázquez, Federico Velázquez y Elías Brache (quien pretendía reemplazar a Juan Isidro Jimenes, fallecido en 1918).

Silenciada toda oposición a la ocupación por la represión que impulsaban los tribunales prebostales foráneos, intelectuales se dispusieron a combatir la intervención con las armas de la denuncia y la movilización, sin temor a las severas reprimendas de las autoridades extranjeras (la mayoría de los combatientes agotaron diversos periodos de prisión) entre ellos: Américo Lugo, Fabio Fiallo,  Luis C. del Castillo, A. Delanoy, Doroteo Regalado,  Federico Ellis, Rafael Sanabia, Ernesto Sanabia, José María Pichardo, los venezolanos Horacio Blanco Fombona y Manuel Flores Cabrera.

El inusitado ejército intelectual se lanzó a las calles con las armas en ristre de la razón a organizar las protestas a nivel nacional e internacional, sin temor al oleaje represivo de la autoridad exótica. Actitud que fue embestida de manera grosera, como ocurrió con la «Semana patriótica», entre los injustamente apresados Fabio Fiallo sin tomar en consideración se trataba de un poeta de fama internacional, por ser entrañable amigo del modernizador de la poesía, Rubén Darío. La foto de Fiallo con la vestimenta rayada de prisionero recorrió toda América, concitando el repudio de la mayoría de los intelectuales.

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Histórica foto de Fabio Fiallo con el uniforme de prisionero por órdenes de un tribunal prebostal.

En el discurrir de la exitosa campaña del movimiento nacionalista, además de las movilizaciones a nivel interno, se realizaron recaudaciones públicas de recursos para el envío de dos comisiones al exterior a continuar el combate allende los mares.  Una delegación recorrió con gran éxito solidario los principales países de América, otra se dirigió a los Estados Unidos. Los nacionalistas evidenciaron que una cosa era el Gobierno estadounidense y otra su pueblo, y a este acudieron en búsqueda de una solidaridad que concitó el respaldo de importantes núcleos de esa sociedad.

El poeta Fabio Fiallo al evaluar el éxito de esta jornada, acotaba:

[…] merecen mención destacada por su brillante y tesonera labor el honorable Horace Knowles, ex-Ministro de los Estados Unidos en Santo Domingo, y el cuerpo de redacción del vibrante semanario “The Nation”, con su Director A. Greuning a la cabeza – empezaron a mover opinión pública norte-americana, y dieron pábulo a violentas censuras dirigidas contra el Presidente Wilson por los órganos de la oposición republicana”. (Fabio Fiallo. La comisión nacionalista en Washington (1920-21).  Central de Libros, C. por A. Santo Domingo, p. 25).

Bruce J. Calder, historiador norteamericano, en su libro sobre el tema, también recogió la buena acogida de los criollos en el seno de la sociedad norteamericana, entre otros aspectos William H. King, senador demócrata por Utah, depositó una resolución reclamando la salida de las tropas de Santo Domingo. El senador William E. Borah pronunció un importante discurso en el Carnegie Hall contra la ocupación. (Bruce J. Calder. El impacto de la intervención. La República Dominicana durante la ocupación norteamericana de 1916-1924. Fundación Cultural Dominicana. Santo Domingo, 1989. pp. 329, 332).

A las gestiones solidarias se integró el señor Gompers, presidente de la poderosa organización obrera American Federation of Labour (AFL).  (Ramón Marrero Aristy. La República Dominicana, origen y destino del pueblo cristiano más antiguo de Amèrica.  Editora del Caribe.  Santo Domingo (C. T.) 1958. T. II p. 394).

El presidente demócrata Woodrow Wilson responsable directo de la intervención,  intentaba una segunda reelección, su popularidad se había diezmado de modo significativo por su actitud segregacionista, las dificultades económicas internas y su política intervencionista en Centroamérica.

A este pliego de obstáculos políticos-sociales se añadió que en 1919 el presidente fue afectado por un accidente cerebrovascular, que en contra de su voluntad lo inhabilitó como candidato presidencial. En su reemplazó fue escogido James M. Cox, mientras los republicanos seleccionaron a Warren G. Harding. Los nacionalistas dominicanos y sus aliados norteamericanos, lograron colocar entre los temas en debate en el torneo electoral la irracional ocupación de Santo Domingo. Ambos candidatos se comprometieron a retirar las tropas de ocupación en caso de obtener la victoria.

Warren G. Harding desarrolló su campaña de modo primordial cuestionando al presidente Wilson, asumió con ahínco la promesa de evacuar a Dominicana. En sus alocuciones de campaña le enrostraba su agresión a países de Centroamérica, como ocurrió el 28 de agosto de 1920, cuando pronunció un discurso en el Estado de Ohio, en esa oportunidad  sentenciaba:

[…] yo no mal emplearé el Poder Ejecutivo para cubrir con un espeso velo de disimulo los repetidos actos de desapoderada intromisión en los asuntos domésticos de las pequeñas repúblicas de este Hemisferio Occidental, tales como los que durante estos últimos años han convertido en enemigos nuestros a aquellos que deben ser nuestros amigos, pero que con sobrada razón han dejado de considerar nuestro país como un vecino en quien se pude confiar”.  (Sumner Welles. La Viña de Naboth.  Editora Taller. Segunda edición. Santo Domingo, 1973. T. II p. 294)

Harding resultó ganancioso, tras su juramentación el movimiento nacionalista como era pertinente reclamó el cumplimiento de lo prometido. El presidente al momento de abordar el asunto tropezó con intereses que estimó prioritarios, los propietarios estadounidenses de importantes consorcios azucareros reclamaron se garantizaran los múltiples beneficios que habían logrado con el Gobierno de ocupación. Harding se subordinó a quienes planteaban se mantuviera el control político y económico prorrogando los alcances de la fementida Convención de 1907 y reconociendo todas las leyes (órdenes ejecutivas) dictadas por el Gobierno de Ocupación. De manera unilateral presentó el Plan  Harding de evacuación, lesivo para los intereses dominicanos. Los nacionalistas rechazaron  esas imposiciones y se retiraron de las negociaciones, fue lanzada la proclama demandando retirada «Pura y simple» de las tropas de ocupación.

Ante el tranque de las negociaciones el presidente Harding y sus asistentes decidieron asumir la selección del “negociador” dominicano, los nacionalistas no les convenían. Eligieron su “contraparte” preferida en la persona de Francisco J. Peynado, quien previamente había fungido como abogado de consorcios azucareros norteamericanos en el país.  Bruce J. Calder  en su obra describe los auspiciosos lazos del “comisionado” criollo con el sector contrario:

[…] Peynado era una persona excepcionalmente calificada para negociar con el gobierno de Estados Unidos. Su dominio del inglés, su comprensión de los norteamericanos, y sus múltiples conexiones en Estados Unidos le ganaron el aprecio y la confianza de los norteamericanos en corto tiempo logró impresionar favorablemente a los senadores McCormick y Pomerene, jefes del comité del Senado, y a través de ellos su mensaje llegó a otros individuos y sectores.   “Me he sentido atraído hacia él desde el primer  día en que le conocí, tanto por su fina personalidad como por su extraordinaria capacidad”, escribió Pomerene”. (Bruce J. Calder. Obra citada. p. 332).

En adición a Peynado refrendaron sus posiciones: Horacio Vázquez, Federico Velázquez y Elías Brache, que representaban a los bandos o partidos tradicionales coludos, progresistas y bolos respectivamente. El renombrado intelectual Félix Evaristo Mejía al analizar la reaparición de los líderes políticos tradicionales, delineaba las características de estos ciudadanos y sus instrumentos partidarios:

“Los partidos políticos, que parecían fallecidos durante la noche triste de la Ocupación Militar, solo dormían, y su convulsivo despertar al son de la  trompeta miraculosa de este Plan, cuyo simple anuncio los había ya galvanizado en el sueño cataléptico que les diera apariencia de cadáveres, puede aun ocasionar graves daños al país”. (Félix Evaristo Mejía. Prosas polémicas 3. Ensayos.  Andrés Blanco Díaz, editor. Archivo General de la Nación. Santo Domingo, 2008. p. 217).

De modo definitivo impusieron el proyecto de evacuación denominado Hughes-Peynado, la “contraparte” criolla al regresar se abstuvo de explicar su contenido. Se enteraron que lo suscrito en la Capital de Estados Unidos previamente lo había anunciado en Santo Domingo el nefasto ministro (embajador) William W. Russell, el mismo que redactó la prepotente Nota 14 en 1915 y de los principales propiciadores de la ocupación militar en 1916, que todavía mantenía su protagonismo intervencionista. Refrendaron un borrador enviado desde aquí por los intereses empresariales amparados por el Gobierno de ocupación. El periodista Rafael Morel, en publicación desde Santiago denunciaba la actitud hipócrita de los comisionados:

“Los que nos acercamos a Don Federico Velázquez y Hernández a su llegada a esta, sabemos, por sus explicaciones, y así se lo dimos a entender, que lo convenido por ellos en Washington es lo mismo publicado por Mr. Russell. Don Federico nos dijo que él no conocía lo publicado por Mr.  Russell (sin embargo, agrego yo, de que en Montecristi le había sido mostrado el día antes por algunos de sus amigos.)”.

“El Lic. Peynado fue interpelado públicamente, acerca del Plan publicado por Mr. Russell y contestó que no lo conocía… Hacían dos días de su arribo a la Patria. Todo el mundo le había hablado del mismo asunto, y a pesar de su gran interés por salvar la República, no conocía todavía la Nota publicada por el Ministro Americano… Empero, un respetable caballero a quien él tuvo la cortesía de leerle su Plan lo repudió, porque era esencialmente el mismo del Sábado”.

“Don Horacio Vásquez, quien como una de las parte comprometidas en el satisfecho entendido, debe, o por lo menos debiera poseer una copia de lo hecho, en la reunión de sus partidarios promovida en esta ciudad, al ser interrogado por Don Emilio Castaños sobre el plan publicado por Mr. Russell, dijo, como sus otros compañeros “representativos” y con la exactitud de un fonógrafo, que él no conocía dicho Plan, pero que podía asegurar que lo publicado era muy distinto a lo hecho por ellos, y que él estaba y estaría con el Plan, aunque nadie lo siguiese”.

En otro apartado Morel explicaba la procedencia del tristemente célebre Plan Hughes-Peynado:

“Los representativos explican lo que han hecho, pero no muestran lo que han  hecho. Más, no necesitamos que nos muestren lo que han hecho, puesto que una de las partes (el Departamento de Estado de Washington) ha dado a la publicidad lo convenido…”

“El Plan de desocupación dado a la prensa americana por el Departamento de Estado, es el mismo que publicó Mr. Russell y que tanto indignó a la ciudadanía antes de que el ilustre Licdo. Peynado viniese a explicárnoslo…” (Rafael Morel. Santiago, 25 de julio 1922. Exposición en hoja suelta depositada en la Colección de Vetilio Alfau Durán. Biblioteca de la Academia Dominicana de la Historia).

Como diría el inquieto anacobero Daniel Santos, interpretando a Pedro Flores: /Yo no se nada, yo llegue ahora mismo, si algo paso, yo no estaba ahí/.

Al quedar evidenciado que el plan de evacuación fue una minuta redactada aquí para garantizar el status político, económico dominante tras la ocupación, Peynado y sus acólitos rechazaron que esto fuera cierto. El “héroe” llegó  a sustentar que impuso el plan de evacuación al Secretario de Estado Charles Evans Hughes.  Peña Batlle ironizando esta peregrina  afirmación, le respondió:

“Aquello de que “Yo impuse el Plan a Washington…” no es sino una bella humorada. Impuse a Washington lo que Washington había propuesto!”. (M. A. Peña Batlle Previo a la Dictadura. La etapa liberal.   Fundación Peña Batlle.  Editor Bernardo Vega. Santo Domingo, 1990. p. 48).

La práctica confirmó lo sospechado, quedaron consignados como deberes de los dominicanos los préstamos del Gobierno de ocupación, la prórroga de la Convención de 1907, el despojo de miles de tareas de tierras de campesinos dominicanos y las Ordenes Ejecutivas. Los “negociadores” a partir de ese momento fueron calificados como transaccionistas.

Ante la apabullante crítica a los acuerdos suscritos el 30 de junio, se postergó su publicación hasta el 23 de septiembre cuando se editó un Memorándum sobre el particular, en este se advertía entre otros aspectos como disposiciones legales todas las resoluciones amparadas en Ordenes Ejecutivas, que favorecían la adquisición de tierras por parte de los empresarios azucareros de Estados Unidos. La Barahona Company fue favorecida con 12 resoluciones, el Central Romana 8 resoluciones, Santa Fe Plantation Sugar Co. 3 resoluciones, Bentz hermanos 2 resoluciones, Consuelo Sugar Co. 2 resoluciones, San Cristóbal Mining Co. 1 resolución, Parde y Ely Dorsey 1 resolución. (Memorándum del entendido de evacuación de la República Dominicana por las fuerzas militares de los Estados Unidos de América, concertado en Washington, D. C. en junio 30 de 1922.  Imprenta Listín Diario. Santo Domingo, 1922. pp.  7-8).

Luis Padilla de D`Onis, historiador dominico-puertorriqueño, publicó el opúsculo Alrededor de la crisis,   rechazando las negociaciones, en torno al dilema de las grandes extensiones de tierras en manos de las corporaciones azucareras foráneas, establecía:

“La falta de una adecuada legislación prohibitiva que impida a los extranjeros ilimitadamente, la facultad de poseer tierras dominicanas en grandes extensiones, ha dado lugar al acaparamiento en manos de poderosas corporaciones extranjeras de vastas parcelas que a veces tienen la extensión de media provincia como actualmente acontece en Macorís, Seibo y Barahona”.

Padilla de D`Onis vinculaba estos intereses al Plan Hughes-Peynado, expresando:

“Por esa razón  más que por las decantadas razones de estrategia, sufrimos la ocupación militar con su secuela de órdenes ejecutivas protegiendo las grandes compañías azucareras; y la validación de esas órdenes creadoras de derecho, derecho que en ninguna otra forma se hubieran podido obtener. Lo hecho, hecho está, tiene la autoridad de lo irremediable”.  (Luis Padilla de D`Onis. Alrededor de la crisis.  Imprenta La Provincia. Santo Domingo, 1924).

El benemérito intelectual y líder nacionalista Américo Lugo, al impugnar la nueva deuda que se cargaba a los dominicanos, acotó:

“Las deudas del gobierno militar de los Estados Unidos, las deudas extranjeras de 1918 y 1922 por valor de 15 millones de pesos, han sido pues, reconocidas como deuda nacional dominicana, de una plumada; hemos regalado a los Estados Unidos de América, los cuales abusando de su fuerza, cobraron y disiparon sin control ninguno ese valor, quince millones; y lo que es peor, hemos legalizado un abuso, y sentado un precedente funestísimo para la futuras generaciones dominicanas […]  (Américo Lugo en Patria. Selección.  Rafael Darío Herrera, editor. Archivo General de la Nación. Santo Domingo, 2008. p.45).  (Esa deuda fue la que se pagó en la “Era de Trujillo” con dinero del pueblo).

Peynado trató de refutar a Lugo y los demás nacionalistas, tildándolos de enemigos de los Estados Unidos, lo que no era cierto. Precisamente la gran nación del Norte fue uno de los principales escenarios de acción del movimiento nacionalista, manifestaba el señor Peynado sobre las protestas a su fatídico plan:

“Ya leí la de Américo Lugo, y no me ha extrañado. El y yo estamos diametralmente opuestos en esta como en muchísimas cuestiones. El ha preconizado siempre al odio a los EE. UU., y la confederación dominico-haitiana como el medio de resistir a los yanquis. Yo no predico jamás el odio; el odio no es constructivo y en la mayor parte de las veces daña al que lo siente más que a nadie. […]  (Juan Daniel Balcácer. Papeles y escritos de Francisco J. Peynado (1867-1933). Prócer de la Tercera República.  Fundación Peynado Alvarez, Inc. Santo Domingo, 1994. p. 387).

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Colección de Vetilio Alfau Durán. Biblioteca de la Academia Dominicana de la Historia

El intelectual Francisco Augusto Cordero, próximo  a la ejecución de los aspectos básicos  del Plan Hughes-Peynado, publicó un violento opúsculo con el epígrafe Yo acuso,    calificando a los mentores del proyecto como modernos Judas, al censurar la actitud de los comisionados apuntaba para la historia:

“Por todo ese enorme fardo de iniquidades, por toda esa negra estela de fechorías, que legan a las generaciones venideras, los actuales directores de la política partidarista dominicanas, Vásquez, Velázquez y H., Peynado, Nouel y B., Brache y Jimenes, es que ellos se han hecho reos del CRIMEN DE LESA PATRIA; y por todo eso es que yo los acuso ante el MUNDO Y ANTE LA HISTORIA”

“Ya que no existe un tribunal de honor, que los juzgue, y los sentencie a la muerte física, que los recoja la posteridad, muertos moralmente”.  (Francisco Augusto Cordero.  Yo Acuso.  9 de marzo 1924.  San Pedro de Macorís).

Los apologistas contemporáneos de Peynado y sus compinches, alegan que el festín  envenenado del Plan Hughes-Peynado era la única alternativa de desocupación, y no es cierto. El presidente Harding se había comprometido ante la sociedad norteamericana y la comunidad internacional a propiciar la evacuación, por eso planteó una primera alternativa, al ser descartada de modo de inmediato sometió otra con ligeras modificaciones. De no haber encontrado eco en los políticos tradicionales y mantenerse una postura homogénea de rechazo, Harding no hubiese tenido otra opción que presentar un plan de abandono del territorio nacional menos tóxico.

Finalmente se impuso un Gobierno provisional y se convocaron elecciones, que los nacionalista se abstuvieron de participar para no convalidar los acuerdos que mantenían atado al país a los intereses expuestos en el Plan Hughes-Peynado. En las elecciones los actores fueron los cuatros monstruos de la anexión como los bautizó Federico Ellis Cambiaso, los cuatro jinetes del apocalipsis. Ganó Horacio y se juramentó el 12 de julio de 1924, que se nos presenta como el día “patriótico” de la salida de las tropas exógenas, semejante al 27 de Febrero de 1844 y el 16 de agosto de 1863, que no fue cierto. Las tropas empezaron a retirarse en el mes de septiembre y mantuvieron el control militar por varios años más, hasta dejarlo en manos del “bueno” de Trujillo.

La revista La Opinión,  órgano de prensa que se adhirió al “nuevo orden”,  al saludar la supuesta salida de las tropas extranjeras el 12 de julio, establecía:

“Por tercera vez en cien años -en algo menos de cien años, -el Dios de la Justicia hace amanecer en el Oriente ideal de la República el sol de la Libertad.   Por tercera vez vemos los dominicanos desparecer de nuestras ciudades y campiñas y alejarse para siempre de nuestras playas, soldados extraños, amparados bajo el vuelo, más o menos glorioso, de extrañas banderas. […] (La Opinión.  Santo Domingo, 12 de julio 1924).

La Opinión  en su ardorosa alabanza a la supuesta salida de las tropas extranjeras, no presentaba ningún reportaje o noticia concreta de esta partida, que de manera emocionada acentuaba como evento patriótico. En el orden noticioso se podría calificar de errada decisión de la redacción, porque publicó un amplio despliegue fotográfico sobre la llegada y salida de tropas cubanas que asistieron a la juramentación de Vásquez, que de modo obvio tenía menor valor periodístico, veamos algunas fotos sobre el particular:

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Recibimiento de las tropas cubanas en el Puerto de Santo Domingo
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Salida de las tropas cubanas que asistieron a la juramentación de Horacio Vásquez

¿Por qué  La Opinión  no se refería a la salida concreta de las tropas de ocupación, ni publicaba fotos sobre ese importante acontecimiento?  Sencillamente eso no ocurrió.

Las tropas extranjeras continuaron sus operaciones rutinarias en el país, hasta cerciorarse no se produciría ningún acto de repudio armado contra el “nuevo orden”.  La prensa independiente informaba que en septiembre los soldados foráneos todavía realizaban labores de patrullaje, como lo expresaba un comunicado del coronel Buenaventura Cabral, jefe de la Policía Nacional Dominicana (que precedió a Trujillo en el cargo):

“La coexistencia de dos instituciones militares de diferente nacionalidad en el territorio de la República y el deseo existente de distinguirlas con signos exteriores visibles para evitar situaciones anómalas, impulso al Superior Comando de la Policía Nacional Dominicana a dictar una disposición general reglamentaria imponiendo el uso de una Insignia de Cuerpo a todos los miembros de la Policía Nacional Dominicana, según consta en la Orden General No. 17-1922”. (Nuevo Diario.  Santo Domingo, 13 de septiembre 1924).

El inicio de la salida de las tropas norteamericanas se produjo a partir del 18 de septiembre. El Nuevo Diario  en su edición de esa fecha traía la información en su primera página, con el epígrafe: «Por fin se van!!!». Acotaba la noticia:

“En la mañana de ayer, dio fondo en el estuario, el buque de la marina norteamericana ‹Kittery›. En dicho buque zarpado en la tarde para Puerto Rico y Saint Thomas ha sido embarcada la mayor parte del contingente de soldados norteamericanos que fueron ocupantes, que se encuentran aún aquí sin ninguna intervención”.

“El ‹Kittery› regresará el martes próximo y en viaje hacia Estado Unidos embarcará el último soldado y el escaso material que deben conducir y dejara entonces realizada la desocupación total de nuestro territorio”.

“Con este último embarque quedara completado el plan de Liberación”.

“Sea todo en provecho del pueblo Dominicano!!”.

Sumner Welles armador de todo este proceso (junto a William Russell) siguiendo instrucciones del presidente Harding, luego escribió un libro sobre historia dominicana, intitulado  La Viña de Naboth, al enunciar el colofón de su labor en este asunto apuntó:

“El embarque de las Fuerzas Americanas de Ocupación que había comenzado en Junio, siguió con rapidez durante las semanas siguientes, hasta el 18 de  septiembre, cuando se embarcó el último marino americano dejando a la Republica Dominicana en el goce de su independencia restaurada. Esto marca el comienzo de una NUEVA ERA de Libertad”. (Sumner Welles. Obra citada. pp. 346-347).

La “NUEVA ERA DE LIBERTAD” se iniciaría de modo formal un lustro después el 23 de febrero de 1930, con la toma del poder por  el “padre la patria nueva”: Rafael Trujillo.

Todo depende del cristal que se utilice para observar y analizar la tragicomedia del 12 de julio de 1924.  Si usted  la visualiza con las antiparras de Peynado y sus secuaces, fue un momento “patriótico”, pero muy “patriótico”.