El líder bielorruso y aliado de Rusia, Alexander Lukashenko, extendió este lunes 27 de enero su mandato de 31 años, después de que los funcionarios electorales lo declararan ganador de los comicios presidenciales del domingo. Moscú recibe con beneplácito la “victoria”, mientras la oposición y Occidente denuncian una “simulación electoral”.
Alexander Luskashenko inicia un séptimo periodo en la Presidencia de Belarús, tras 31 años en el poder.
El mandatario bielorruso, que no enfrentó un desafío serio por parte de los otros cuatro candidatos en la boleta de votación, obtuvo lo que Minsk califica como una victoria aplastante, con más del 86% de los sufragios.
"En estas elecciones intentamos hacerlo todo de forma tan democrática que ni siquiera nuestros enemigos más acérrimos pudieran echarnos algo en cara", declaró Lukashenko este lunes 27 de enero al reunirse con observadores rusos.
Más allá de Belarús, esta es sin duda una buena noticia para Rusia, que necesita a su satélite para ganar la guerra en Ucrania y como parapeto ante el avance de la OTAN.
Incluso, Lukashenko centró su campaña electoral en la “paz y seguridad”, frente a la amenaza de la guerra en el país vecino, Ucrania.
"Es mejor la dictadura bielorrusa que la democracia ucraniana", proclamó Lukashenko.
El lema de "yo o el caos" cuajó entre los bielorrusos, aunque fue el presidente bielorruso quien realmente los puso en peligro al ceder el territorio de su país para la intervención militar rusa, lanzada por Moscú el 24 de febrero de 2022.
Y es que los bielorrusos tienen muy presente la brutal destrucción causada por la Gran Guerra Patria (1941-45) y la ocupación alemana, que dejó a la entonces república socialista soviética en ruinas.
"Yo nunca quise la guerra", replicó Lukashenko, aunque, fiel a su carácter contradictorio, adelantó que pronto recibirá los misiles balísticos hipersónicos Oreshnik de Rusia.
Incluso, para sorpresa de muchos, el presidente sugirió que serían emplazados cerca de la región rusa de Smolensk.
A sus 70 años de edad, Lukashenko, admirador de Stalin y también de Hugo Chávez, se define a sí mismo como «un hombre de pueblo». De ahí su afición a la agricultura y, en particular, a los tractores y las patatas, dos de los principales productos nacionales.
Comenzó su andadura profesional en tiempos soviéticos como director de un Sovjoz, una granja estatal, y llegó al poder en 1994. Desde entonces, prácticamente todas las decisiones importantes sobre la gestión del país pasan por sus manos.
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Occidente tilda de “farsa” la reelección de Lukashenko
En Europa, los líderes políticos señalaron que las elecciones no fueron libres ni justas, ya que los medios de comunicación independientes están prohibidos en la exrepública soviética y todas las figuras principales de la oposición han sido encarceladas o forzadas a huir al extranjero.
La Unión Europea calificó los comicios de “simulación electoral” y exigió la liberación de 1.245 presos políticos.
"El pueblo de Belarús no tuvo elección. Es un día amargo para todos aquellos que anhelan la libertad y la democracia", publicó la ministra alemana de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, en la plataforma X.
La líder de la oposición bielorrusa y exiliada, Sviatlana Tsikhanouskaya, pidió una ampliación de las sanciones occidentales contra las empresas y personas involucradas en la represión de los opositores de Lukashenko y el suministro de municiones para el esfuerzo bélico de Rusia en Ucrania.
"Mientras Belarús esté bajo el control de Lukashenko y Putin, habrá una amenaza constante para la paz y la seguridad de toda la región", remarcóTsikhanouskaya.
La jefa de Asuntos Exteriores de la UE, Kaja Kallas, y la comisaria de Ampliación, Marta Kos, afirmaron en un comunicado que el bloque de 27 países seguirá imponiendo "medidas restrictivas y específicas contra el régimen", al tiempo que apoya a la sociedad civil y a la oposición en el exilio.
"No me importa un carajo Occidente"
Lukashenko, mientras tanto, se muestra desafiante a cualquier medida que el mundo pueda tomar contra su gobierno debido a la denunciada dictadura que, subraya Bruselas, se perpetúa a través de la represión.
Al ser cuestionado sobre el encarcelamiento de sus oponentes, Lukashenko respondió el domingo que habían "elegido" su propio destino. Además, negó que su reciente decisión de liberar a más de 250 personas condenadas por actividades "extremistas" fuera un mensaje a Occidente para buscar una flexibilización de su aislamiento.
"No me importa un carajo Occidente (…) Nunca hemos rechazado las relaciones con Occidente. Siempre hemos estado dispuestos. Pero ustedes no quieren esto. Entonces, ¿qué debemos hacer, inclinarnos ante ustedes o arrastrarnos de rodillas?", declaró el mandatario en una conferencia de prensa que duró más de cuatro horas.
A lo largo de su carrera, Lukashenko ha logrado convertirse en un aliado útil para Rusia y extraer beneficios vitales en forma de petróleo a bajo precio y préstamos, al tiempo que impidió que su país de nueve millones de habitantes fuera absorbido por su vecino mucho más grande.
Pero la guerra en Ucrania lo ha vinculado más estrechamente que nunca a Putin, cuya invasión se lanzó en parte desde territorio bielorruso. Putin también ha desplegado armas nucleares tácticas rusas en Bielorrusia.
A pesar de la negación de Lukashenko, los opositores y los analistas políticos interpretan sus indultos a prisioneros como un paso para comenzar a reparar los lazos con Occidente, y su última reelección como un intento de restaurar su legitimidad y lograr que los principales países europeos y Estados Unidos devuelvan a sus embajadores a Minsk por primera vez en años.
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Con Reuters y EFE