Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura 2022, respaldó los pedidos de una investigación exhaustiva después de que cuatro estudiantes señalaran que fueron agredidas sexualmente por policías, en la ciudad occidental de Nantes, tras una protesta contra la polémica reforma de las pensiones, impulsada por el presidente Emmanuel Macron.
Ernaux fue una de los 45 firmantes de una carta abierta expresando su indignación por el presunto caso de agresión sexual, que se produce en medio de intensas críticas a la vigilancia policial y de mano dura en medio de las protestas contra la reforma pensional a lo largo del país.
El supuesto incidente habría tenido lugar el pasado 14 de marzo, cuando un grupo de estudiantes regresaba de participar en una manifestación sindical en la vía de circunvalación de la ciudad.
Las estudiantes aseguran que fueron rodeados y registradas violentamente por parte de policías que las seguían. Posteriormente, las cuatro presuntas víctimas, de alrededor de 20 años, presentaron una denuncia por "violencia sexual por parte de un funcionario público", alegando que fueron manoseadas y sometidas a insultos degradantes y humillantes.
Por su parte, la Policía Calificó las acusaciones de "calumnias" y señaló a las estudiantes de comportamiento violento.
Los fiscales ordenaron a la Inspección General de la Policía Nacional (IGPN), que investigara las acusaciones, una medida deplorada por Ernaux y los demás signatarios, quienes indican que el caso debería ser entregado a un organismo independiente de la institución policial.
"No hay lugar para la humillación y la violencia contra las mujeres en la sociedad que deseamos", escribieron los signatarios de la misiva abierta, publicada por el 'Journal du dimanche', en la que prometieron seguir de cerca el caso.
Asimismo, pidieron a los grupos de derechos humanos franceses e internacionales que documenten el caso en Nantes y señalaron que dichas organizaciones han "expresado una vez más su preocupación" por el manejo policial de las protestas contra los planes del Gobierno de elevar de 62 a 64 años la edad mínima de jubilación en el país.
"Estrategia de represión"
Dos meses de protestas masivas y pacíficas han dado paso a enfrentamientos violentos desde que la Administración de Macron utilizó poderes ejecutivos especiales, el pasado 16 de marzo, para imponer su reforma impopular en el Parlamento, lo que ha generado una serie de disturbios en París y otras ciudades de la nación.
El pasado viernes 24 de marzo, el Consejo de Europa se convirtió en el último organismo en condenar el "uso excesivo de la fuerza" por parte de la Policía francesa contra los manifestantes, haciéndose eco de advertencias similares de Amnistía Internacional, la defensora del pueblo de derechos humanos de Francia, Claire Hédon, e incluso el relator especial de la ONU sobre libertad sindical, Clément Voule.
Los disturbios han reavivado un debate de larga data sobre la vigilancia policial en el país y, una vez más, ponen de relieve la falta de controles sobre las fuerzas del orden en un país donde el ministro a cargo de la supervisión policial es comúnmente conocido como "el mejor policía de Francia".
Durante acalorados intercambios en la Asamblea Nacional la semana pasada, el legislador de la oposición Andy Kerbrat desafió al ministro del Interior, Gérald Darmanin, por no haber abordado las supuestas agresiones sexuales en Nantes.
Kerbrat, un parlamentario de la región de Nantes, acusó a Darmanin de seguir una "estrategia de represión", y señaló como "falsas" las afirmaciones del ministro de que participar en una protesta no declarada constituye "un delito".
Darmanin no respondió a las preguntas de Kerbrat, sino que enfatizó en la gran cantidad de policías heridos en enfrentamientos con los manifestantes y alabó su coraje.
Esta no es la primera vez que Ernaux, una feroz crítica de Macron y su Gobierno, se involucra en el acalorado debate sobre la reforma de las pensiones.
A principios de este año, la laureada firmó una petición denunciando lo que considera como una reforma que “va en contra de la historia del progreso social (…) golpea más duramente a aquellos que se desempeñan en los trabajos más difíciles, física y psicológicamente exigentes, y que tienen menos probabilidades de disfrutar una jubilación tranquila e imaginar un futuro después de los 64 años”.