Brasil finalizó el mes de noviembre de 2024 con el mejor dato de desempleo de su serie, que comenzó en 2012. La tasa de paro en el tercer trimestre de este año cayó 0,5 puntos porcentuales, alcanzando el 6,4%, según la Encuesta Nacional Continua por Muestra de Hogares, publicada por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). ¿A qué se debe el buen momento? Lo analizamos.
Mientras la prensa progubernamental hablaba de “efecto Lula” y celebraba con entusiasmo un resultado considerado “histórico”, las cabezas de los mercados castigan al mandatario brasileño.
El 90% del sector financiero valora negativamente su Gobierno, según revela un estudio publicado por la consultora Quaest a principios de diciembre. Para realizar esta encuesta, la empresa entrevistó a 105 economistas, analistas y gestores responsables de tomar decisiones trascendentales en el mercado financiero de fondos de inversión tanto en São Paulo como en Río de Janeiro.
Es un resultado llamativo, teniendo en cuenta que en la última encuesta de marzo de este año, la desaprobación de Lula era del 26%.
Para el director de Quaest, Felipe Nunes, una posible explicación reside en el hecho de que el mercado desaprueba la reforma fiscal que está desarrollando el Ejecutivo: por un lado, apoya la exención del impuesto sobre la renta de las personas físicas que ganan hasta 5.000 reales por mes (827 dólares). Sin embargo, se opone al aumento de la tributación para las rentas superiores a los 50.000 reales mensuales (8.272 dólares).
Los mercados tampoco han valorado positivamente otros indicadores económicos alcanzados durante la gestión del Ejecutivo de izquierda, como la subida del PIB, que en el primer año aumentó un 2,9% y un 3,3% hasta el tercero trimestre de 2024; el crecimiento del 6,3% del sector de servicios con respecto al mismo mes del año anterior, según datos del IBGE; o que la pobreza y la pobreza extrema en Brasil hayan registrado en 2023 las tasas más bajas de los últimos 11 años.
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Muestra de esta desconfianza es que la Bolsa brasileña acumula la mayor fuga de capitales extranjeros en ocho años.
Los inversores de otros países ya retiraron 25.900 millones de reales (4.285 millones de dólares) de la Bolsa de Brasil hasta finales de noviembre, según datos de la consultora Elos Ayta. Solo en el mes de noviembre, la estampida totalizó 3.050 millones de reales (504 millones de dólares), la mayor salida de capitales desde junio de 2023.
Volviendo al dato del paro, cabe preguntarse si realmente la economía brasileña está viviendo un momento de bonanza y si la creación de empleos es tan positiva como parece.
Fuentes gubernamentales destacan queBrasil superó la marca de dos millones de nuevos empleos formales en los primeros 10 meses de 2024. En los últimos 12 meses, entre noviembre de 2023 y octubre de 2024, el resultado fue un 22,7% superior al observado en el mismo período anterior.
“Los últimos años han sido muy favorables en la economía y ahora 2024 presenta un ritmo aún más intenso. Lo que hemos visto es que, de hecho, el mercado laboral ha seguido a la economía brasileña, que también tiene perspectivas de crecer por encima del 3% por segundo año consecutivo, algo que no ocurría desde hacía tiempo”, explica a France 24 el economista Rodolpho Tobler, del Instituto Brasileño de Economía de la Fundación Getulio Vargas (FGV).
Sin embargo, este analista resalta un aspecto esencial para interpretar estos datos. En Brasil, técnicamente solo es considerado desempleado quien no trabaja y busca activamente una ocupación.
“Lo que ha pasado es que tuvimos una reducción del número de personas que están procurando (en busca de trabajo) y algunos factores ayudan a explicar este fenómeno. El primero es que ha habido un aumento de las prestaciones sociales, por lo que hay una cantidad de personas con ingresos más bajos, para las que no tiene sentido buscar trabajo, dado que ya han logrado recibir algún tipo de ayuda para sus gastos y no pasan por tanta necesidad”, señala Tobler.
“Otro punto muy relevante es la cuestión demográfica. Cada vez hay más mayores en Brasil y, como resultado, estas personas acaban abandonando el mercado laboral y no vuelven a buscar. Se jubilan y se quedan fuera del mercado laboral. Esto también contribuye a reducir la tasa de desempleo. En cualquier caso, incluso controlando estos factores, la tasa de desempleo en Brasil sería solo un poco más alta, quizás cercana al 7%, y aun así seguiría mostrando un mercado laboral muy dinámico. Creo que en los últimos años hemos visto realmente una fuerte creación de empleos, incluso con un poco más de empleos formales, que también ayudan a recuperar ingresos”, agrega.
Para el ministro de Trabajo y Empleo, Luiz Marinho, la creación de empleo está ligada al aumento de la capacidad de consumo de la población brasileña. Sin embargo, algunos expertos alertan sobre el riesgo de que la creación acelerada de empleos, sin duda positiva para los trabajadores, podría convertirse en un desafío para la economía del país tropical, dado que puede generar efectos inflacionarios e incluso escasez de mano de obra en algunos sectores.
“Está claro que la tasa de desempleo no representa necesariamente un indicador de la calidad del empleo. Creo que este es un punto importante que debemos observar: aunque el desempleo ha disminuido y la población está volviendo a trabajar, todavía hay un gran número de personas en el sector informal y una gran desigualdad dentro del propio mercado brasileño de trabajo. Hay cuestiones estructurales que aún no se han resuelto y que también pueden estar afectando la popularidad del presidente, por muy baja que sea la tasa de desempleo”, matiza Tobler.
“Nunca fue suerte, siempre fue Lula”
Desde su primer mandato, que comenzó en 2003, Lula siempre ha sido tildado de “hombre con suerte” por sus detractores, de ser un político con experiencia, capaz de cabalgar los ciclos económicos y aprovechar los momentos de bonanzas.
Así fue interpretado, por ejemplo, el hecho de que Brasil se convirtiese en 2011 en la sexta mayor economía del mundo, superando incluso por un corto periodo de tiempo el PIB de Gran Bretaña, en el primer año del mandato de Dilma Rousseff.
La prensa conservadora asegura que Lula tiene suerte con el auge de los precios de las materias primas, con la coyuntura global favorable, con la inflación, por el desempeño “extraordinario” de la agroindustria en un trimestre concreto y con una serie de factores económicos que invariablemente son considerados “externos”.
“El Gobierno tuvo suerte este año. Tuvo suerte externamente, por el empeoramiento de la situación fiscal en el mundo, que se quedó en una situación mucho más complicada”, decía hace exactamente un año Gabriel Barros, exdirector de la Institución Fiscal Independiente (IFI), al mismo tiempo que advertia que 2024 sería un año “complicado”.
“Nunca fue suerte, siempre fue Lula”, rebaten sus aliados y admiradores. “Tengo tanta suerte de que la inflación esté bajo control y la economía va a crecer más de lo que el mercado preveía”, aseguraba el propio Lula en septiembre de este año.
“Tengo tanta suerte que en un año y nueve meses ya hemos creado tres millones de empleos formales. Tengo tanta suerte que la masa salarial ha crecido un 11,7%. Tengo tanta suerte que ya aumentamos el salario mínimo dos varias veces”, añadió el mandatario con ironía.
Los economistas más agoreros ya pronostican que el periodo de suerte de Lula se está agotando y que, con la reforma fiscal que exenta a las rentas más bajas y el aumento del gasto público en subsidios sociales, el Ejecutivo podría quedarse sin recursos en 2025 para hacer frente a gastos prioritarios como la salud y la seguridad pública.
“Un Gobierno debe medirse por los números que presenta al final de su mandato. Normalmente se me considera un presidente afortunado. Cuando llego al Gobierno, también llega la suerte”, afirmó el presidente a finales de noviembre.
El tiempo dirá si el factor Lula ayudará a superar pensamientos pesimistas sobre el crecimiento del PIB y seguirá sorprendiendo al mundo a lo largo de 2025.