El alzamiento militar del 26 de junio en Bolivia fue desactivado en tres horas, pero ha dejado consecuencias graves en la desavenencia interna entre el presidente Luis Arce y el exmandatario Evo Morales, y un agravamiento de la crisis económica y la debilidad institucional, que ahora ha llegado a las Fuerzas Armadas afectando la imagen del país.

“Ha perdido el país, porque somos un país risible ahora. Es un país en el que aumenta la crisis política. No hay credibilidad ni en Arce ni en Morales. Aumenta la crisis económica. Entonces, ha perdido el país”, dijo el analista político Carlos Toranzo consultado por France 24.

En principio, la reacción de Arce para detener lo que consideró un “golpe de Estado” fue valorada interna e internacionalmente, pero desde que el general rebelde Juan José Zúñiga, Evo Morales e incluso la presidencia argentina hablaran de un “autogolpe”, la imagen del país y del propio Arce se han debilitado en el contexto de las crisis que atraviesa Bolivia.

Para el politólogo Toranzo, “Morales que atacó siempre a Arce, tampoco gana, por ser un hombre que siembra más dudas que certezas y porque su sed de poder va perjudicando al país”.

La crisis ha derivado en la detención de 23 personas, casi todas ellas militares. Mientras avanzan las investigaciones, a la par, también se polemiza sobre si la sublevación de Zúñiga finalmente tuvo como origen su propia ambición política, una supuesta componenda con el Ejecutivo o resultó de una reacción iracunda porque iba a ser destituido.

El enfrentamiento de Arce-Morales tiene como fondo su pelea por la candidatura del Movimiento al Socialismo (MAS) en los comicios previstos para mediados de agosto del 2025, con la posibilidad de una segunda vuelta en octubre y el cambio de gobierno el 8 de noviembre, precisamente el día en que Arce cumplirá su período de cinco años.

En la pelea personal, Morales llamó mentiroso a Arce en su cuenta de X por decir que estaba inhabilitado para ser candidato: “Con qué facilidad le miente a la prensa y al pueblo boliviano” y antes dijo que “engañó y mintió al pueblo boliviano y al mundo” con la denuncia del golpe.

Arce le pidió a Morales no ponerse “del lado del fascismo que niega lo sucedido” y luego dijo en X que diversos intereses “comenzaron a conspirar, a atacar, a bloquear, a mentir y a sabotear” y “mostraron sus verdaderas intenciones para intentar volver a un pasado oscuro de dictadura”.

En la disputa por el liderazgo del MAS, según Toranzo, también “han perdido” Morales y Arce, pero aparecen con “más perfil” el presidente del Senado, Andrónico Rodríguez (35), de la corriente “evista” y el vicepresidente del país, el indigenista David Choquehuanca (63).

Leer tambiénCrisis política en Bolivia: la disputa por el liderazgo

Y consideró que, por ahora, “no hay oposición que pueda ganar” al MAS y deseó, como demócrata, que el presidente Arce acabe su presidencia en 2025, pese a los graves problemas económicos que golpean al país.

En las calles, la gente polemiza sobre si Arce logrará o no acabar su mandato. Al respecto, según una encuesta de la consultora Diagnosis, del pasado 28 de junio, realizada a 1.800 personas, un 55 % está en desacuerdo con un acortamiento de mandato en caso de grave crisis económica y social.

La guerra interna en el MAS también ha bloqueado en la Asamblea Legislativa la contratación de nuevos créditos por 800 millones de dólares que podrían aliviar la situación económica, de acuerdo con las denuncias de algunos ministros; y el Tribunal Constitucional decidió en diciembre pasado  la prórroga del mandato de los magistrados del órgano judicial hasta que se realicen las elecciones judiciales, pero las peleas entre las alas evista y arcista impiden los acuerdos.

Sin embargo, la actuación de los militares del pasado 26 de junio ha mostrado que la crisis institucional en el país ha llegado al nivel de las Fuerzas Armadas.

Leer tambiénBolivia: Luis Arce insinúa que quienes intentaron derrocarlo no actuaron solos

En su historia, según el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, el país sufrió al menos 40 golpes de Estado “entre exitosos y fallidos”, por lo que advirtió:

“Hemos logrado desactivar un golpe de Estado en esta ocasión. No obstante, debemos decir al pueblo boliviano que el riesgo de un golpe continua y se encuentra latente”

“Hay una tendencia riesgosa de caída económica”

El analista Henry Oporto, director de la Fundación Milenio, afirmó, por su parte, sobre “una riesgosa tendencia de caída económica y un agravamiento de los desequilibrios fiscales, monetarios, cambiarios y financieros, que comprometen la estabilidad macroeconómica del país”.

Oporto presentó la noche del 2 de julio el Informe número 46 sobre la economía de Bolivia 2024, de Milenio, que señala problemas preocupantes como el aumento de la deuda pública en 2023 en 5.436 millones de dólares hasta llegar a un “stock total” de 36.296 millones de dólares (igual al 81 % del PIB), del cual un 37 % es deuda externa y un 73 %, deuda interna.

Además, consideró que hay “una crisis de gobernabilidad” y “una conjunción de crisis política y crisis económica” y que difícilmente se sale de la segunda, si no hay una solución para la primera.

El analista dijo a France 24 que los complejos problemas estructurales de la economía y el conflicto político están causando “una incertidumbre cada vez más extendida, que desalienta la actividad económica”.

Entre otros datos, alertó sobre la caída a marzo pasado de las exportaciones en un 27 % y de las importaciones, en un 16 % por la falta de dólares, respecto a periodos similares del 2023, lo que ha creado un déficit comercial de 456 millones de dólares.

Leer tambiénEscasez de dólares: uno de los problemas que aquejan a Bolivia, en plena crisis política

Otro dato preocupante de 2023 es que se registró una sequía de inversión extranjera directa, con apenas una cifra de 36 millones de dólares, lo que muestra el desinterés de inversores extranjeros en el país.

El analista, además, recalcó el “incremento preocupante en la emisión monetaria que provoca una presión mayor sobre el tipo de cambio y la inflación” y ha generado una brecha cambiaria “que en la práctica significa una devaluación de facto”.

De hecho, empresarios han reportado que, después de la sublevación de Zúñiga, el dólar paralelo ha llegado a Bs 9,40 en las ciudades capitales y a Bs 10 en la frontera, con lo que ha producido una devaluación de alrededor del 30 % de la divisa boliviana frente a la cotización oficial de Bs 6,97 con la que operan el Banco Central y la banca, desde noviembre del 2011.

Además, según otros economistas, en los últimos meses han aparecido hasta 13 tipos de cambio para diferentes negocios, algo que, para Oporto, está dificultando las operaciones comerciales porque los agentes económicos no saben cuál tipo de cotización utilizar.

Oporto concluyó que se necesita “un rescate financiero para resolver esta tremenda crisis” porque las reservas internacionales de Bolivia están en un mínimo histórico (1.700 millones de dólares) y dijo que cuesta imaginar que en estas circunstancias Bolivia “pueda prescindir de una línea de financiamiento del Fondo Monetario Internacional”.

Leer tambiénBolivia levantó prohibición de uso de criptomonedas para hacerle frente a la escasez de dólares

El problema está, según el analista, en las “ataduras ideológicas” del Gobierno de Arce, que se niega a negociar con el FMI, pero también a admitir que el país está en una crisis económica.

Antes del problema con los militares, el gobierno había pronosticado para este año un crecimiento del 3,7 % del Producto Interior Bruto (PIB), aunque el Banco Mundial estimó un 1,4 %; el Fondo Monetario Internacional (FMI), un 1,6 %; y al Comisión para América Latina (CEPAL), un 1,9 %.