Al terror impuesto en Haití por las bandas armadas, que ha sumido a ese país en el caos, con una economía en gran medida paralizada, ahora se suma el brote de cólera.

Haití ya sufrió una dolorosa experiencia con el cólera, cuando los militares cascos azules de la ONU ocupaban esa nación y se expandió la enfermedad. Miles de haitianos murieron a causa del cólera.

Ahora el primer ministro interino de Haití, Ariel Henry, ha declarado que el país está en una crisis humanitaria, y requiere con urgencia de la ayuda internacional.

La crisis humanitaria se define como la carencia de bienes y servicios esenciales que afectan a la mayoría de un país. Cuando una crisis humanitaria no recibe respuesta oportuna, con toda seguridad deriva en una catástrofe humana, que pone en riesgo la vida de cientos de miles y hasta de millones de personas.

No se sabe qué falta para que los países poderosos, los que deciden lo se hace en los organismos internacionales, sobre todo en la Organización de Naciones Unidas (ONU), se decidan a hacer algo por el sufrido pueblo de Haití.

Precisamente la ONU, este jueves, alertó este jueves que el cólera "puede aumentar exponencialmente" en Haití, en especial ante la escasez de combustible, con la consiguiente paralización de la mayoría de las plantas potabilizadoras de agua y el cierre o restricción de muchos servicios hospitalarios.

Colapso de los servicios sanitarios, escasez de agua potable, escasez de alimentos, más la vioncia que imponen las bandas criminales: la fórmula perfecta la muerte.

Ya que en esta ocasión ha sido el primer ministro, Ariel Henry, que ha admitido que solo Haití no puede buscar solución a sus graves males, la comunidad internacional no puede negarse.

Haití no puede esperar.