El Sindicato de Teatistas de República Dominicana lanzó un manifiesto con motivo del Día Internacional del Teatro.

El documento fue leído en la concentración realizada en el Parque Duarte de Santiago de Los Caballeros.

Los teatristas reclaman una mayor atención al teatro de parte del estado, con énfasis en el desarrollo de este arte en las provincias y municipios del territorio nacional.

Teatristas.

A continuación el manifiesto:

Nos encontramos en el hermoso Santiago, en este parque de Los Poetas, felices de celebrar el Día Internacional y Nacional del Teatro. Gracias a nuestros colegas que han abierto las puertas y ventanas de su casa grande para convidarnos a esta fiesta de la humanidad. Este 27 de marzo, el encuentro nos llama a mirar hacia adentro la valentía, la determinación y la belleza que se eleva en el escenario, el espíritu creativo que se manifiesta en cada actuación.

Desde el Sindicato de Teatristas de la República Dominicana tenemos el honor de representar a casi 200 colegas que a través de las asambleas nos marcan las líneas de acción, definen las demandas que defendemos en todos los escenarios con beligerancia. Estamos aquí reunidos/as para abordar la urgente necesidad de una mejor distribución de recursos destinados a la cultura, que empiece por la asignación de un presupuesto consecuente, por el reconocimiento del valor fundamental del trabajador y la trabajadora en nuestro sector.

Descentralizar es mucho más que habilitar nuevos puestos en los organigramas institucionales, es diseñar e implementar políticas para la integración de las provincias, de los territorios diversos, de las personas, es apoyar la creación de bienes y servicios culturales desde las comunidades y para las comunidades, es evaluar y reinventarse cada vez.

Cuando desde SITEARD planteamos descentralizar, nos referimos a que haya PRESUPUESTO para la cultura independiente y popular de cada provincia y municipio de nuestro país y que dicho presupuesto sea distribuido de forma democrática y sin clientelismo.

Es imperante diseminar los recursos que ahora se encuentran concentrados en una circunscripción del Distrito Nacional, con más teatros, museos, centros culturales, parques, cines y plazas que el resto del país.

Es hora de desafiar la lógica antidemocrática, clasista y racista que subyace a la centralización, marginaliza a las comunidades rurales y a los barrios populares, ignorando el valor de sus propuestas y el potencial para generar ingresos a través de actividades culturales.

En este contexto, el Festival Internacional de Teatro, que de acuerdo al Ministerio de Cultura tendrá lugar en Santiago, representa una oportunidad para apoyar de manera efectiva y visible al sector cultural de la región, que debe tener un rol protagónico en dicho evento, y debe dejar como saldo el equipamiento de las salas locales, que se encuentran en un vergonzoso estado, así como dejar instalado un programa permanente para la realización de actividades con participación abierta del sector independiente.

El Sindicato de Teatristas de la República Dominicana exige políticas que vayan de la mano con la capacidad que han tenido las y los trabajadores independientes de crear, mantener vivo, activo, vigente y propositivo el movimiento teatral en todas las provincias, con festivales, muestras, salas de teatro, centros culturales, escuelas independientes, proyectos e iniciativas muchas veces sin el debido apoyo estatal.

Exigimos nuestros derechos laborales, las oportunidades que se le otorgan a otros sectores, para fomentar nuestra profesionalización y sostenibilidad. Exigimos seguridad social y un sistema de pensiones, como retribución a quienes trabajan formando nuevas generaciones, en la parte administrativa, como técnicos o creadores, sin acceso a un mecanismo de retiro.

En vez de honrar la madurez y el servicio, nuestro sistema violento, discrimina a los adultos mayores, los empuja a la pobreza. Tenemos derecho a pensiones, no porque somos artistas sino porque somos trabajadores. Nuestro derecho a una vejez digna no debe estar supeditada a pensiones especiales otorgadas por los gobernantes de turno, en base a amiguismos o "fama".

Un elemento clave para la desconstrucción del estigma social que limita el arte a un privilegio de clase, es reconocer la cultura como un trabajo y valorar nuestros oficios y saberes.

El teatro dominicano pone en escena a un pueblo activo, organizado y creativo, que se hace cargo de sus imaginarios, se apropia y arrebata la libertad de ser y expresar todas las identidades que nos atraviesan, aprende de su sabiduría, pero sobre todo le respeta, nuestras cabezas se inclinan ante el aplauso.

El teatro desafía lo establecido, en una época que mide en rentabilidad al instante,  es la fe en lo colectivo lo que nos mueve, no hay teatro sin pueblo, no hay teatro sin el otro, sin la otra, no hay teatro sin colectividad. Y a es a esa fuerza a la que le temen nuestros gobernantes. 

Reclamamos a gobernantes y tomadores de decisiones estar a la altura de nuestras contribuciones. Somos símbolos de nuestras ciudades, promovemos la cohesión social, a la cultura de paz, a la educación, el espíritu de unidad y el respeto a la diversidad, aportamos a la salud mental y la esperanza de nuestras comunidades, lo que no tienen precio en un momento donde ninguna política pública ha demostrado ser efectiva para evitar que el 60% de los jóvenes desee marcharse del país y esté buscando por México una vuelta que le permita crecer y soñar.

Pero además nosotro/as hacemos grandes aportes a la economía, el sector cultural genera millones de pesos anualmente, producimos empleos, contratamos servicios a independientes, dinamizamos la economía en las comunidades, pagamos impuestos, somos emprendedores/as, pluriempleados, el sostén de miles de familias dominicanas,  eso tiene que ser respetado y retribuido.

En SITEARD estamos comprometidos y comprometidas con exigir y aportar a la creación de espacios seguros para la enseñanza artística y  trabajo cultural decente, libre de explotación y de acoso, que considere nuestras necesidades económicas,  momentos de vida, nuestra salud física y mental y nuestra integridad y dignidad humana:  que no se excluya a las mujeres por ser madres, que no se nieguen oportunidades a las juventudes, no se aparte a las personas adultas mayores, ni se discrimine por origen étnico, nacionalidad, orientación sexual, identidad de género, condición de discapacidad o procedencia geográfica o socioeconómica.

Nuestras demandas van también dirigidas al sector privado, ese que ha dejado de lado su responsabilidad social y la inteligencia de conectar a través del encuentro vivo.  Los recortes de los presupuestos destinados a la cultura atentan contra las condiciones de las y los trabajadores, cada vez tenemos empleos más informales, precarios e inseguros.

No hablamos solo de teatros, es momento de que el sector turístico, reconozca y dignifique el valor de las y los artistas que animan; Es hora de que el sector educativo mejore las condiciones de trabajadores de la cultura que son maestros/as, monitores y facilitadores.

Empleo digno y decente, negociaciones y beneficios justos en teatros, restaurantes, en instituciones del Estado, ONG’s, en universidades, clubes , en publicitarias, en agencias, en , hoteles, mejores condiciones de trabajo en escuelas, empresas, centros culturales, en gimnasios, protección para los artistas de las calle y respaldo a micro-emprendedores. La sociedad gana donde hay un trabajador y una trabajadora feliz, se traduce en beneficio para las empresas, las comunidades y las familias a las que pertenecen.

Estamos en la puerta de la implementación de la Ley de Mecenazgo, que está llamada a apoyar proyectos independientes de las y los trabajadores, creadores/as, técnicos/as y gestores/as.

Debemos evitar que este nuevo sistema se preste a la privatización de la cultura, bajo las sombrillas de alianzas público-privadas o cualquiera de los eufemismos con los que suele presentarse. Es necesario cambiar la perspectiva desaprensiva de quienes se lucran del dinero del Estado, ordeñan los recursos públicos en detrimento de beneficios colectivos.

La Ley de Mecenazgo debe tener un enfoque popular, comunitario, incluyente. Estamos en plena disposición de motivar la participación en las convocatorias para defender su implementación equitativa.

Estamos aquí para recordarle a nuestras autoridades de gobierno su responsabilidad de apoyar la vocación social del trabajo cultural en el país, atendiendo al mandato constitucional que así lo ordena, si bien la ley de mecenazgo es un mecanismo que impulsa la sostenibilidad de nuestros proyectos, no es un sustituto de políticas culturales, no es una excusa para seguir depredando el presupuesto del sector.

Decimos no a las competencias desleales que privilegien a los grupos de siempre, demandamos que la Ley de Mecenazgo no se convierta en reproductora de inequidades.

A un año de las elecciones generales en el país, exigimos a nuestro liderazgo político que supere el desprecio y la superficialidad con la que tratan al sector cultural; detener el odioso espectáculo de los artistas en caravanas y eventos insustanciales, chantajeados con la promesa de un empleo.  

Es responsabilidad de nuestros líderes presentar propuestas coherentes de políticas culturales que se alineen con nuestras demandas históricas, las cuales hemos documentado y sostenido con propuestas de soluciones. En cada foro, espacio de discusión y encuentro, hay teatristas reflexionando, proponiendo, presentando diagnósticos, abriendo espacios, y dando ejemplo en las comunidades.

Nuestro primer mandatario, en tres años de gobierno solo ha hecho mención de la cultura en su más reciente discurso de rendición de cuentas en febrero pasado, en el que ni siquiera se ocupó de formular una promesa, luego de tres años de desinversión y abandono de la cultura.  No queremos seguir siendo un relleno en discursos vacíos, que no responden a una visión de Estado, ni a un diálogo verdadero.

Somos educadores, somos animadores/as sociales, somos gestores/as, somos memoria, ese poder y esa convicción de lo que somos nos permite salir a la calle a defender nuestros derechos como trabajadores/as, a defender los derechos del pueblo de crear y disfrutar de bienes y servicios culturales.

La cultura no es de las élites, la cultura no es de los privilegiados, ha sido un instrumento revolucionario para demandar justicia y lograr cambios, para organizarse y enfrentar el abuso, lo que se calla en el resto de la sociedad, se dicen mil veces en un escenario, se dice otras mil en las calles durante el carnaval, en una fiesta de palos o de gaga, porque en la cultura no hay miedo, hay resistencia.

Vivimos para el teatro y del teatro recibimos vida, y honrando este ciclo sagrado hagamos del buen vivir nuestra práctica, defendiendo nuestra dignidad, nuestras garantías laborales, nuestra salud, nuestra sostenibilidad, nuestro derecho a ser felices dentro y fuera del escenario.

A vivir de la cultura, vivir del arte, vivir del cuento, vivir de la música, vivir de la danza, vivir del teatro, vivir dignamente, ser sostenibles y felices con nuestro quehacer. Teatristas dominicanos/as luchemos por ganar espacios, luchemos por ganar hagamos de la dignidad costumbre.

Compañeros y compañeras, trabajadores y trabajadoras del teatro:   ¡Feliz día nacional e internacional del teatro!