Cualquiera puede mirarte.

 Pero muy pocas veces encuentras a alguien

que ve el mismo mundo que estás viendo tú. (John Green)

 Es increíble ver cómo nuestra forma de vestir, nuestro olor y nuestras facciones, son las que se toman en cuenta para participar, motivar e incluso crear actividades comunes en las que todos deberíamos hacer presencia. Tu imagen vale más que tu estatus económico. Es por esto que, en el siguiente ensayo, dirigido a todo público, presentaremos esta realidad a través del cuento “Agonía” perteneciente al libro Cuando florecen las lilas, escrito por María Cristina Ortiz Monagas. En él, la autora deja al descubierto realidades que nos rodean y que se escuren sutilmente en la cotidianidad.

María Cristina Ortiz Monagas.

Agonía es un cuento de aproximadamente 20 minutos de lectura que describe la realidad de una vagabunda que ingresó a un banco para cambiar unos billetes que tenía. Al ver el aspecto que esta presentaba, la seguridad del banco intentó tronchar a toda costa su deseo de cambiar el dinero. Un hombre que observaba la acción fue abordado por la vagabunda minutos después del suceso dentro del banco. La mujer le pidió al hombre que le cambiara el dinero y este que estaba indignado por la acción que había visto en el banco, accedió a cambiarle el dinero rápidamente, incluso le dio más de lo que hacía el cambio. El hombre quiso hacer la prueba en el banco con las mismas acciones, con el mismo dinero de la mujer y como era de esperarse él si pudo realizar la transacción.

Entonces, ¿Somos culpables de estos estereotipos? Nosotros segmentamos la sociedad y nos convertimos en los responsables de que lo físico sea más relevante que todo lo demás. Creamos un ideal de persona respetable donde quien tenga pantalones largos, un buen T-shirt o camisa y unos zapatos cerrados es alguien honesto, respetable incluso llegamos a pensar que son muy estudiados, desechando automáticamente a los que no cumplen con este ideal, sin darnos cuenta de que muchas veces, estos tienen más corazón que los primeros, más empatía y en algunos casos más educación que muchos estudiados.

Pero, ¿Cómo podemos hacer el cambio, para que de una vez por todas se entienda que todos vamos a terminar en el mismo sitio? Tengas o no tengas dinero tendremos el mismo final en escenarios diferentes. De nada nos sirve menos preciar al prójimo, ultrajar a quien creemos tiene menos que yo, si al final todos terminaremos donde yacen los que ya no respiran, donde todos pierden la memoria, donde no podemos utilizar todo el dinero que teníamos, la imagen y el dinero no serán importantes, ahí los estereotipos no existen, hasta cierto punto ahí todos somos iguales.

Cuando florecen las lilas.

Concentremos nuestras fuerzas en amarnos cada día más, por encima del dinero, la imagen, los trabajos y otros factores que son temporales. Que la avaricia, no se adueñe de nosotros y que podamos ser entes sociales empáticos capaces de respetar, ayudar y guiar a quien mas lo necesite. Recordemos un fragmento del poema ¨Así tan sencillamente de René del Risco¨ el cual nos sitúa en la realidad de la vida y lo rápido que podemos perderla ¨Todo lo que era mío, no tiene nombre no tiene dueño, perdemos todas las puertas, perdemos todas las llaves, ya no valen las apuestas la muerte nos hace iguales¨.

Referencias

Ortiz Monagas, M. (2018). Donde florecen las lilas. En Agonía (Primera edición 2018). Editorial Surco.

MarketPro – PrintQMedia.com. (2022, 5 enero). Poema: «Así tan sencillamente» . . . Miércoles de Poesía. De Ahora. https://deahora.com.do/2022/01/05/25391/