Pero veamos otra manera: la tristeza no existe sola en sí misma. Por eso fue por lo que quizá, con su facultad de “subvertidor de palabras” César Vallejo creó un término tipo mixtura. Ese término es “Tristumbre”, el cual se cataloga como neologismo en la poesía vallejiana: “Mi triste tristumbre se compone de cólera y tristeza / y a su borde arenoso e indoloro, / la sensación me arruga, me arrincona” (pág. 250). El vocablo inédito, “tristumbre”, está compuesto por el radical trist- y el sufijo -umbre que significa ‘acumulación’. Ya podemos apreciar en Vallejo que la tristumbre era un compuesto de cólera y tristeza y esta fórmula es poderosa, frunce y arrincona. Pero no se queda ahí, sino que el poeta también a través del poema la palpa como si tuviera un borde arenoso que no provoca dolor. Pero hay algo más allá, esa tristumbre además estaba triste. También utiliza la palabra en sus manuscritos: Desgracia al que hiere pudiendo. / Tristumbre al que edifica / Una silla al que miente”. 

Nadie sabrá nunca qué bendito espectro palpó la intuición del poeta. Ni nadie sabrá la forma del espectro porque solo habla de su borde. No dice nada del tamaño, si era pequeño o grande. Esa percepción se registra en el mundo adolorido del poeta, el mismo que llegó a exclamar en otros versos, en el poema “Los nueve monstruos”: “I, desgraciadamente, / el dolor crece en el mundo a cada rato, / crece a treinta minutos por segundo, paso a paso, / y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces” (pág. 236). Se describe la velocidad de expansión del dolor en el mundo, tendiendo sus manos con voracidad.

Uno de los poemas más hermosos que yo haya leído sobre el dolor que causa la tristeza lo es “El cisne enfermo” de Alfonsina Storni. Aquí se retrata la más profunda pena de amor desesperado, el dolor hondo y humano, profundo y prolongado. Es un dolor provocado por la tristeza, es el In extremis de la vida, de la muerte, de la felicidad, del amor y de la luz, “Por eso su tristeza es una sinfonía / de flores que se entreabren en las sombras del lloro”. Es la metáfora de un cisne moribundo, que podría ser cualquiera de nosotros. Está enfermo de amor, cuando el amor enferma. Y en medio de ese dolor se produce la magia de que se abran las flores a las sombras del llanto. Es como si estos sentimientos, el amor y la tristeza estén tan unidos que de vez en cuando se funden, se entrecruzan y tienden sus extremos. Ese cisne: “Tiene el pecho cruzado por un loco puñal, / gota a gota su sangre se diluye en el lago / y las aguas azules se encantarán bajo el mago / poder de los rubíes que destila su mal”. ¡Increíble!, es el fenómeno de la trasmutación, la magia de trascender. 

Alfonsina Storni, poeta que le entregó su cuerpo y su alma al mar, atravesada por puñales de penas, soledades y angustias: “Te vas Alfonsina con tu soledad / poemas nuevos fuiste a buscar”, le cantaron, y llenó el mar de sus rubíes que le devolvieron la luz a las estrellas. 

Los sentimientos son capaces de transmutarse, de abrir caminos y desembocar en otros. Por un lado, se puede llegar a la máxima realización del ser, para ese caso tenemos como ruta de destino el amor. Por otro lado el sentimiento se convierte en pasión, en destello que serpentea el odio, la violencia, la cólera…

Actos de tristeza: Biblia y religiosos

En el mundo cristiano se proclama el amor de Dios y se dice: “Dios es Amor”. Parece ser que el amor es el supremo sentimiento, tanto así que existe una analogía con Dios. Entonces, la consumación total del amor se da en Dios. Pero, en esa consumación pueden entrar otros sentimientos, pasiones y emociones. En los textos bíblicos se habla de la ira de Dios. Podría explicarse esto con simbolismos, pero si no lo explicamos así y lo tomamos a letra muerta, encontraremos que hasta en la máxima expresión del amor existen reacciones inexplicables que los dioses no deberían tener. Aunque en todas las culturas los dioses nunca fueron ni serán “blandengues”, sino que en ellos se expresan toda la bondad y la justicia que se pueda imaginar. Si hay justicia, pues habrá castigo para alguien. 

Ahora bien, vamos a los textos bíblicos, al momento de la muerte de Jesús en el calvario. El evangelista Mateo expresa: “Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron (Mt. 27:51)”. “Y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron (Mt. 27:52).” Esa reacción ¿Sería el simbolismo de la enorme tristeza, la extraordinaria congoja de Jehová por la muerte de su hijo? ¿Una reacción que se transformó en ira y se expresó en violencia? Incluso a sabiendas de que todo estaba escrito. ¿Y si no estuviera escrito? ¿Y si eso no lo hubiera sabido la omnisapiencia divina? Entonces, la tristeza y la reacción, con todo el poder y toda la gloria hubieran sido catastróficas.

El sentimiento de tristeza está vinculado estrechamente con el amor, la soledad y la muerte. Las mismas pueden incitar ese estado. Pero ¿Cuál es la verdadera raíz de la tristeza? ¿Por qué junto a ella se desencadenan estados de angustia, desgana, melancolía, desánimo, que nos pueden conducir por los caminos de las pasiones y actuaciones bajas? Incluso, nos puede transportar por aquellos donde habita la violencia que, asociada al odio, provoca desastres personales y sociales. ¿Hacia dónde puede conducirnos un acto de tristeza? Ya los neurólogos, psiquiatras, neurocientistas y psicólogos, tienen muchas respuestas a estas preguntas. Tiene diferentes fuentes de origen y como se expresa en el cerebro de los humanos. No obstante, cualquier definición necesita complemento. Sabemos que no proviene necesariamente de un acto de soledad. En este ensayo los actos de tristezas que mencionamos pueden provenir desde diferentes ángulos de la naturaleza y la condición humana. No debemos separar el sentimiento de soledad del de tristeza, porque como hemos dicho, la una puede ser madre de la otra en muchos casos. 

 

El autor es escritor y educador

Domingo 13 de noviembre de 2022.

Virgilio López Azuán en Acento.com.do