¿Cómo despertar la pasión por la lectura en los estudiantes? Es una pregunta que he escuchado en algunos círculos docentes, literarios y de familias preocupadas. Se formula por el drama del escaso nivel de lectoescritura que exhiben los alumnos de República Dominicana, registrado en evaluaciones nacionales e internacionales.  Algunos docentes avezados  afirman, que no hay manera de que ante un texto leído los estudiantes presenten las competencias necesarias que exige cada ciclo de la enseñanza. En ellos la comprensión lectora está en crisis.

Ante tales afirmaciones el análisis debe enfocarse no solo en las competencias y las respuestas cognitivas de los estudiantes, sino también del docente. Son fundamentales en ambos actores los abordajes pedagógicos, psicológicos, psicosociales, emocionales, entre otros, para implementar estrategias de intervención.

Debe tomarse en cuenta que la pasión por la lectura está asociada al interés por leer que tenga la persona, en este caso el estudiante. Ese interés es el que despertará entusiasmo junto a los niveles de comprensión del texto. Esta última parte puede ser afectada por diferentes aspectos, entre ellos: el nivel de conocimiento previo que se tenga del tema, la capacidad cognitiva, competencias decodificadoras, competencias lingüísticas, dominios de estrategias de comprensión lectora; situaciones psíquicas, físicas o ambientales donde se desarrolla la lectura y el nivel de complejidad del texto.

Parece ser una tarea fácil para docente hacer que el estudiante establezca vínculos entrañables no solo con la lectura sino con la escritura. La base de esta opinión la podemos encontrar en la gran cantidad de teorías, metodologías, técnicas, estrategias y recursos pedagógicos que existen para tales actividades, dentro de la evolución de las ciencias de la educación en el mundo posmoderno. Pero necesariamente no es así.

Hay que consignar que en el país se han desarrollado programas profesionales de formación y capacitación docente en diferentes áreas para mejorar los niveles de lectoescritura en el sistema educativo nacional, pero todavía no se ven los frutos, por lo que a pesar de ese esfuerzo, los alumnos no alcanzan las competencias necesarias. Incluso, con relativos avances en la formación, existe un nódulo casi insalvable en la presente generación de docentes: en su mayoría no crearon los hábitos de lecturas  que hoy quieren transferir a los estudiantes. En mis prácticas docentes con estudiantes y luego profesionales de la educación ese era uno de “los dolores de cabeza” para la consecución de los objetivos educativos de tal o cual asignatura. De plano, las lecturas eran limitadas, sobresalía la escasa comprensión lectora, deficiencias léxicas, ortográficas y morfológicas. Todo esto visto de una forma general. Peor era pensar como el docente respondería ante situaciones de estudiantes con trastornos del lenguaje.

A estudiantes mayores de 15 años de edad se les hace más difícil desarrollar verdaderos hábitos de lectura. En ese sentido, tendrían que pasar por un proceso de transformación y cambios de modelos en cuanto a las actitudes frente a la lectura; desaprender las formas que no han sido efectivas hasta el momento, aquellas que no ofrecen respuestas en estados de pasividad, que sean capaces de convulsionarlos en procura de ampliar sus conocimientos.

En la niñez es la etapa educativa donde mejor se expresan los procesos del desarrollo de las capacidades cerebrales respecto a la actividad lectora y de escritura en el estudiante. En la educación dominicana, en los últimos 40 años se han venido confrontando múltiples debilidades, de políticas; curriculares, metodológicas, evaluativas, socioculturales, entre otras.

La camada de docentes y alumnos actuales, tienden a arrastrar las secuelas de esas debilidades porque el sistema educativo no facilitó el desarrollo cerebral necesario para potenciar sus capacidades. Si en los primeros años de estudios de un niño o niña no se aprovecha esa flexibilidad, esa plasticidad de su cerebro, en los años sucesivos el proceso sería más lento y de mucho trabajo.

Los estudiantes actuales son los más perjudicados. Suelen ser impactados de frente, ante una realidad sujeta a cambios bruscos en los paradigmas del conocimiento y las herramientas que se incorporan para llevar a cabo los procesos pedagógicos.

Las motivaciones para el incentivo de la lectura y la escritura están presentes de alguna manera en las teorías curriculares del sistema, las cuales soportan importantes mejoras. Pero no están en el orden de prioridades en el pensamiento y en la actitud hacia prácticas efectivas de estos contenidos por parte de los docentes.

A medida que se registran cambios tecnológicos, innovaciones y reconceptualizaciones en el campo educativo, las exigencias son mayores para el desarrollo de las capacidades humanas. En los estudios neurolingüísticos o neuropsicológicos se disponen de tecnologías y experiencias (aunque son disciplinas donde se amerita más exploración), que facilitan la obtención de datos  de la comprensión lectora. La ciencia dispone de herramientas tecnológicas para dar seguimiento a la actividad cerebral en plena acción de lectura. Cosa esta que ayuda mucho para elaborar estrategias de motivación y aprendizaje. En varios experimentos realizados se han cualificado y cuantificado respuestas ante la activación bioelectroquímica del cerebro. Se hacen por medio de palabras, oraciones, párrafos, imágenes, tropos y otras formas de comunicación lingüística. (CONTINUARÁ)

Domingo 15 de enero 2023

El autor es escritor y educador.

 

Virgilio López Azuán en Acento.com.do