Para algunos estudiosos, estos razonamientos sobre Dios y el todo han sido superados, porque parten de las teorías de que Dios está fuera del discurso científico. Pueden sacar a Dios del discurso filosófico, histórico, antropológico y otras ciencias, en sentido general; pero siempre será un ente que estará en discusión por la naturaleza y la complejidad del ente mismo. Bueno, ¡dirían es que se parte de algo que ni siquiera es ente!, que es una falacia, la condición de ente cuando se hace una referencia a Dios. Se podrá decir que Dios es un concepto intuitivo, lingüístico, espiritual, cultural. Pero ES, y es lo que importa para ser parte del discurso del todo, independientemente de las concepciones y posturas sobre el tema de Dios. Una pregunta. ¿Si todos los conceptos atribuidos a Dios son falsos? Entonces existirá un vacío ontológico.

Ontología del todo.

Entre el todo y la verdad

El individuo humano, como parte de la inteligencia cósmica (Einstein), está entrampado en teorías relativas y absolutas, en categorías de verdades objetivas y subjetivas (Kierkegaard), y se pregunta por el todo y la verdad.  Su angustia existencial es dar respuesta verdadera al todo, pero resulta que no se sabe si alcanzará a comprenderlo antes conocer la verdad o si comprender la verdad antes de conocer el todo, o darle solución a la verdad y al todo al mismo tiempo, si considera que ambas cosas son parte de un mismo cuerpo. ¿Es la verdad parte del todo o el todo parte de la verdad? Si el todo es parte de algo, entonces el todo deja de serlo; es un subconjunto.  Si la verdad es parte del todo, la verdad se ha desconfigurado.

Buscar una verdad que responda a todas las verdades es la tarea. Si encuentras una verdad que responda a todas las verdades, antes deberías conocer al todo y viceversa. Y aquí está la trampa lógica. Algunos se preguntarán: ¿la verdad y el todo son dos caras de una misma moneda?

O sea, que la búsqueda de la verdad en su valor supremo por vía racional soporta muchos puntos de vistas, dimensiones, ecuaciones, variaciones y relatividades. Todo parece que la verdad trasciende el espacio-tiempo conocido, y que las teorías vigentes solo la auscultan tangencialmente. La verdad es misterio y, después de develado, se vuelve relativa, entra en las diversas explicaciones de ciencia y de fe.

El misterio no soporta a la ciencia, la abomina, porque le quita identidad y lo dota de otra identidad de la cual él no estaba dotado o al menos no estaba revelado. La ciencia no soporta al misterio, su función es develarlo, desentrañarlo, sacarlo de donde reina para someterlo al escrutinio social. El misterio no soporta a la ciencia, ella lo despoja de sus mitos, de sus verdades ocultas y ya no podrá someter a nadie. La ciencia no soporta al misterio, lo desafía, lo desenmascara, lo desmitifica y hasta lo ridiculiza. Tanto la ciencia como el misterio antagonizan, a medida que avanza una, el otro también avanza. O sea, que a medida que la ciencia prospera, más el misterio se ahonda. La verdad nunca será única, eso está ampliamente discutido y, aunque parezca un juego de palabras, la única verdad que existe es que no existe una única verdad.

En la medida que avance la mecánica cuántica, la biotecnología, la información, y otras ciencias, las preguntas se multiplicarán. Surgirán preguntas que superan las búsquedas ontológicas y pondrán al individuo humano ante otras verdades y otras realidades que no cabrían en las estructuras de inteligencias que actualmente se han desarrollado. Las capacidades serán otras y las respuestas serán multiplicadas.

La inteligencia humana trata por todas las vías pensantes y no pensantes de dominar la naturaleza, y de hecho se han tenido muchos aciertos. Sin embargo, las fuerzas de la naturaleza, aunque conocidas en determinados momentos, superan el dominio del individuo humano. En el dominio de la física del agua, el aire, la tierra, el fuego y el viento; la ciencia y la tecnología han sacado mucho partido, mucho más que la magia, al menos visto este juicio desde la fenomenología y la ciencia (Husserl). Si nos movemos al plano espiritual, todavía los misterios insondables del alma humana, que son tan herméticos, están plagados de mitos, supersticiones, verdades y aspiraciones inmensas, que habría que desentrañar, negar o afirmar.

El ideal del todo

El egocentrismo humano ama al todo y odia a la nada. Al todo se le establece un límite en la imaginación y en la realidad, pero alcanzado el límite, el egocentrismo estira ese límite y el todo se coloca más allá de lo aceptado. Entonces viene la ilusión: mientras más cerca se está del todo, más lejos queda. Al llegar al límite del todo inmensamente finito concebido, viene la sensación de la esterilidad, viene la catarsis de la nada y el vacío. Es una sensación provocada por los abismos que existen en la satisfacción humana. El grado más alto de la satisfacción tiene de malo que, a partir de ahí, crea en el individuo una sensación de degeneración. Se vuelve degenerativo.

El ideal del todo es egocéntrico y por ser así tiene su raíz avasallante, dominante, y no conoce de democracia. La democracia es la manipulación del todo, pero no vista desde un concepto peyorativo, sino como la partición del todo, desde la segmentación que busca la equidad, la equidad segmentada y la reducción del egocentrismo. La democracia es un remedio para la reducción del ego, aunque nunca lo será para su eliminación. La omnisapiencia que soporta el todo abruma y conocerlo lo disminuye inmediatamente, lo reduce porque comparte parte de sí. Tiene la capacidad de reproducirse de manera idéntica, y de hacerse infinitamente todo del conjunto de todos, funciona como si fuera un fractal donde nada queda fuera, inmensamente infinito, repetido y mutado  algorítmicamente.

Una mirada espacial al concepto en relación con el individuo humano, lo coloca como si fuera un fotón en un campo universal de luz, y ciertamente así es ante la grandilocuencia de todo inmensamente infinito que la conciencia humana no es capaz de percibir, ni imaginar. En este caso, la imaginación es solo una facultad limitada que todavía no ha podido desarrollar la hipérbole del todo.

El dominio del todo será siempre aspiración humana, para ello intentará desentrañar todos los misterios que estén a su alcance, misterios menores, misterios mayores y otros tan impenetrables que la conciencia humana no ha soñado, que existen.

Lo perfecto, lo eterno también y hasta lo inmutable son ideas del todo. ¿Será lo perfecto, lo eterno y lo inmutable imaginación humana? Si es así, entonces el todo, como hemos referido, está en la imaginación misma. ¿Y de aquello más allá de la imaginación humana? ¿Qué pasa con eso? ¿No existe? Para algunos, solo con el hecho de nombrarlo con el lenguaje, ya existe. Y si no existía, ya ha sido creado e incorporado a la conciencia.

Una cosa es el todo y otra es el dominio del todo. Una cosa es el sujeto todo y otra es el objeto del todo. Pero, ¿quién domina al todo? Nada ni nadie puede quedar fuera, porque entonces el todo no fuera todo, fuera parcial. El todo tiene la capacidad de autodominio. Se domina a sí mismo con sus partes. Entonces así tiene sentido el autocontrol, la perfección, lo eterno, lo inmutable y cualquier otro concepto que se nos ocurra y los que no se nos ocurran también.

El todo es bastante complejo. Puede escapar de las razones lógicas de la ciencia, siendo otras razones quienes lo definen. Tiene la capacidad para transgredir el tiempo y el espacio, la verdad y la mentira, lo real y lo imaginario.

Si se observa, existen razones matemáticas que son indeterminadas, ya sea porque la mente humana no alcanza a comprender o porque son explicadas por otras lógicas no científicas, de las llamadas ocultas o herméticas.

Cuando se define el todo, se piensa que la incertidumbre es nula y no es así; se piensa en que no existe la posibilidad para el error, tampoco es así. No es esencialmente matemático, exactamente exacto. Tampoco, varón y hembra, animal y vegetal, fuego y agua, paraíso e infierno, cuerpo y alma, cuerpo-alma, sí y no, ciencia y arte, magia y hechicería, punto y aparte.

¿Es o no Es?

Domingo 3 de marzo de 2024

Virgilio López Azuán en Acento.com.do